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Full text of "La religión antigua de los Filipinos"

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J$mrie$ x 




» 8 i 7 



ARTES SC1ENT1A VERITAS 



I 

1 



LEED EL ÍNDICE. 



No se ha escrito sobre la materia hasta ahora con 
mas materiales nuevos recogidos en los montes de Fili- 
pinas y en las bibliotecas de Europa y del Archipiélago. 

Además ele las teogonias de los negritos, igórots y 
tinguiane% se traen las precristianas religiones de los' aló- 
canos, kagayanes, pangasinanes, zambales, pampangos, 
tagalogs, bíkoles, bisayás, de Paragua y Mindanaw. Des- 
pués se hace un estudio de la Mitología universal. 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 

DE LOS FILIPINOS, 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 

DE LOS FILIPINOS 



POR 

tjáan&la cíe laá <Jveu<¿á 

Individuo de la Imperial y Real Sociedad 
Geográfica de Vien¿, Delegado de la Aca^ 
démica Indo-China de París, de honor de la 
de Geografía Comercial de Madrid, de la 
Junta de Publicaciones del extinguido Mi- 
nisterio de Ultramar de España; de los 
folk-loristas europeos, etc. 




MANILA. 

Imp. de El Renacimiento, Gunao, 26. Kiapo. 
1909. 



ír'- 



IX ?p 






= ^ 




J/ 



ANITO DE ORO 

procedente de las minas de Súyoh- 
de los igorrotes. 






K 



venia, compatriotas, 

a anudarme en este estadio. 



Hace ya unos veinte años que he publicado en la 
"La España Oriental" del distinguido escritor y militar 
español, Manuel de Scheidnagel, un ligero estudio de la 
Mitología ilocana. Y digo ligero, pues no hice más que 
escribir al correr de mi nerviosa y desaliñada pluma las 
ideas que me habían sugerido las crónicas filipinas, que 
diariamente iba yo á leer en la Biblioteca de la Universi- 
dad de Santo Tomás, agotando la paciencia del entonces 
modesto capista Arsenio Cruz Herrera, quien por mí se 
veía obligado á abrir muy de mañana sus puertas; ideas 
contrastadas y completadas con los cuentos y supersti- 
ciones que me contaban en llocos nuestras criadas, 
cuando era niño. 

Recuerdo que sólo me pagó el Sr Scheidnagel ocho 
pesos filipinos, porque después de haberme contratado 
á razón de dos pesos la galerada, me hizo unas cuentas 
galanas, diciéndome que su galerada medía no recuerdo 
si era una vara. 

(o 



— Creíste engañarme, dije á mi americana de tejida 
ilocano; pero te quedaste burlado, pues valiente tonto el 
que paga ocho pesos por un cuento de aniterías y de 
sirvientes. 

Me había olvidado ya del tal artículo, cuando 
después de unos cuatro meses, recibí con sorpresa 
veinte ejemplares de su versión alemana publicada en 
folleto por el sabio filipinólogo Blumentritt en el Boletín 
de la Imperial y Real Sociedad Geográfica de Viena; 
más un título de Miembro de la misma y un giro de 
treinta y dos duros oro contra la casa alemana de Hein 
zen como indemnización por mi derecho de propiedad. 

Pero ¿es verosímil que Blumentritt que conocía ya 
la Historia y la Etnografía de nuestro Archipiélago más 
que todos los frailes y filipinos juntos, tuviese algo que 
aprender en aquel que ciertamente me parecía como un 
cuento de criadas? Pues, ahí está vivo aun y diga como 
es cierto que precisamente lo que le había interesado, 
no era lo estudiado en las antiguas historias de Filipinas 
que él conocía al dedillo, como vulgarmente se dice, 
sino todos los datos que me habían contado nuestras 
criadas, como que sirvieron de base para su magnífico 
Diccionario Mitológico de Filipinas. Confrontadlo con 
mis anteriores foiletos y os convenceréis. 

Del mismo modo, Naning Ponce, el difunto Juan 
Caro y Mora, y el que suscribe, empeñábamos nuestras 
aficiones literarias en escribir versos y floridas narrado» 
nes de amores en La Oceanía Española; pero el direc** 
tor, nuestro inolvidable maestro D. José Felipe Del-Pan, 
se oponía á ello, diciendo que perdíamos un tiempo pre-* 
cioso que debíamos emplear en escribir artículos de 
Folk~Lore % saber popular; mas claro, en recoger esos 
cuentos de viejas y de criadas. ¡Un cubo de agua fría 
sobre nuestros ensueños de Zorrilla en canuto, ó por lo 

( n ) 



menos, de Pérez Escrich, que con iodos sus floreoSj sa- 
bía tanta gramática como nosotros! 

También aquellas aniterías que el Sr. Dei-Pai^ 
me obligaba á escribir con un castellano detestable 
fueron traducidas al alemán, al inglés y al francés, y 
por ellas recibí inopinadamente títulos de Sociedades 
académicas de Europa. 

Os cuento todo esto, compatriotas y amigos míos* 
para que dejéis esa literatura abominable á que os aficio- 
náis en menoscabo de lo mucho que podríais espigar y 
atesorar en los campos casi vírgenes aún, de la Eto#- 
grafía y Folk-Lore de nuestro país. 

Os voy á dedicar este humilde estudio sobre núes 
tra antigua Religión filipina, no para que estudiéis e&= 
ella, sino para que rectifiquéis los muchos errores de 
que se hace eco; completéis sus muchas lagunas» apor*- 
tando los datos que sepáis sobre las creencias y supers- 
ticiones de nuestros monteses y campesinos; y resolváis 
las muchas dudas que en ella formulo. 

Antes de hacerlo, escribí lo menos cerca de cié© 
tarjetas postales á los compatriotas, consultándoles sobre 
ciertos anitos, nombres ó noticias, y pidiendo datos. 
ídolos, siquiera fotografía ó descripción de elios. Nin- 
guno me ha contestado. Digo, sí, me han contestad© 
hablando de la malhadada política; pero nada de nuestra 
Religión antigua, nada de leyendas, cuentos de viejas, 
monteses ó campesinos, ni supersticiones. 

Vamos á ver si nuestros jóvenes estudiantes de Ma- 
nila y de provincias, subsanarán la falta de los viejos. 
Era yo estudiante de latin cuando escribí el FolhLm^, 

Agradeceré cuantos datos me envíen á mi casa ? es 
Tondo, Padre Rada, 8 1 , si es que no preferís con tes* 
íarme desde las columnas de El RENACIMIENTO, pañi 
que lo aprovechen ios demás. 

(III) 



Pero, eso sí, de cuanto digo de las leyendas, creen- 
cias y supersticiones iiocanas, os garantizo la exactitud, 
porque las recogí personalmente; y aquí rectificaré los 
errores de mis anteriores folletos sobre la materia. 

Por el amor á nuestra Patria, por la cariñosa venera 
ción, que debemos guardar á nuestros antepasados, leed 
benévolamente esta humilde obrilla para llenar los in- 
mensos vacíos que en ella encontréis, pues mi objeto 
al publicarla, es sólo estimularos á escribir estudios con 
más datos originales é inéditos directamente recogidos 
en las leyendas del país. 

Apasionadamente vuestro, 



tJsahelo cíe ios ^yCe^es. 



(V) 



I. 

La antigua Religión filipina está mezclada de 
Brahmanismo, de Budhismo y d.e Islamismo 

Las antiguas crónicas de jesuítas y de frailes his- 
panos demuestran que á la llegada de los primeros 
españoles, las costas de las islas Bisayas y aun Manila, 
estaban ya casi convertidas al Mahometismo, y más 
Earagua y Mindanaw, por los ga^ises y morabitos pro** 
cedentes de Borneo. Así es que donde la Religión fili- 
pina debía conservarse más pura, era en el Norte, en las 
provincias ilokanas. Sabiendo distinguir lo primitivo de 
los injertos sucesivamente hindus, mahometanos y cristia- 
nos, todavía se halla íntegra la primitiva religión filipina, 
no sólo entre los itnegs (tinguianes), sino en las leyen- 
das, consejas y supersticiones de los tagalogs, bisayos, 
bikoles, pampatigos, sambales, pangasinanes y demás 
familias filipinas civilizadas. Esa religión primitiva era la 
misma desde Mindanaw hasta el extremo norte de Lusón. 
Era el Anitismo ó culto de los A ni tos ó almas de los 
antepasados, y hemos descubierto que es el que informa 
el fondo general de los cultos de los animales, montañas, 

(XI) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



ríos, astros y otros seres de la naturaleza. Es el propio 
Espiritismo de los modernos, y el origen del culto de 
los Santos romanistas. 

Eo el disuelto Museo-Biblioteca de Ultramar, la Bi- 
blioteca Nacional de Madrid, la biblioteca filipina de la 
Compañía General de Tabacos de Barcelona y en las de 
la Universidad de Sto. Tomás y Convento de S. Agus- 
tín en Manila hemos encontrado las primeras ediciones 
de las crónicas más antiguas sobre Filipinas, y gracias 
á esto podemos seguir paso á paso cómo las primeras 
noticias que dio el jesuita Pedro Quirino (se escribía an- 
tiguamente "Chiririo;" Roma 1604), se fueron copiando 
y aumentando con cosas de su imaginación sucesiva- 
mente por el jesuíta Colin (año 1663), el agustino Gas- 
par de San Agustín y el franciscano F, de San Antonio. 
También vimos las obras del P. Plasencia, Grijalva, 
Morga (1), González de Mendoza, Aduarte y otros domi- 
nicos y frailes 

En la pág, 125, dice Morga que desde Camarines (2) 
hasta cerca de Manila y de Manila hasta Kagayan, eran 
filipinos, "salvo que por tradición se ¡sabe que los de 
Manila y sus comarcanos, no eran naturales de la isla, 
sino venidos á ella y la población en tiempos atrás, 
sieado ellos r atúrales malayos y de otras islas y provin- 
cias remotas, 15 Añade que pocos años antes que los 
españoles, habían venido mahometanos de Borneo, gazi» 
ses y morabitos, á predicar su secta repartiendo cartillas 
y que los de Manila empezaban ya á ponerse nombres 
de moros. 



(1) Impresa en 1609; pero se había escrito en 1598 más completa que la 
reproducida por Rizal. 

(2) Quería decir desde Albay, pues esta provincia estaba comprendida en la 
de Ca marine* , 

(12) 



ISABELO DE LOS REYES. 



El P. Grijalva en su Crónica de la orden de San 
Agustín desde ijjj á 1392 (México 1624) escribe: Ay 
en esta Ysla (Manila) y en la de Tondo muchos maho- 
metanos á quienes se les auia pegado la secta por la 
contratación que tenían en Burneo. Los quales auiétidpse 
casado en las Yslas y auecindándose en ellas, se la 
hauian pegado, y enseñado, dándoles cartillas, ceremonias 
y forma de guardarla y assi muchos de la Ysla comen- 
zauan á ser Moros retajándose (i) poniéndose nombres 
dé^Moros; y cundía el cáncer tan de priessa que á tar- 
darse mas la llegada de los españoles, todos fueran oy 
láoros, como lo son ya todos los Ysleños que no están 
en el gouierno de las Philipinas. A los quales tienen muy 
industriados, Gaeires y otros Morauitos, que les vienen 
á predicar por el estrecho de Malaca y Mar Rojo/ 1 

De una Relación de la conquista de Luzón fechada 
el 20 de Abril, 1572, que se conserva en el Archivo de 
Indias, y que reproduce el Sr. Retana en su Archivo^ 
se dice: "En estos pueblos mas cercanos de la mar no 
comen puerco alguno, cosa que les enseñaron los moros 
4e Burney. Si se les pregunta, dizen que no conocen 
á Mahoma ni su ley, Pero la verdad es que algunos 
que an estado en Burney, entienden alguna cosa, y 
saben leer algunas palabras del Alcorán; empero éstos 
son muy pocos. Juran por el sol é por la luna; comun- 
mente en todas estas Yslas tienen este juramento y 
esto es lo que he visto entre estos desde el tiempo á 
que estamos en esta tierra; no me paresce que tienen 
ny entre ellos se usa adorar animales ny estrellas ny 
otras |posas que suelen adorar muchos gentiles é ydá- 
latras* 



(1) A los moros, pues, se debe la circuncisión ea Filipi«a#> Los monteses 
de "L«són no la practicas. 



(13) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Por lo trascrito, se ve claramente que la Religión 
filipina en Manila y cercanías, estaba mezclada de bu» 
dismo ó brahmanismo y de mahometismo traídos por 
los malayos de Borneo, y además se patentiza por los 
términos sánscritos y malayos mezclados en el vocabu- 
lario de su teogonia, como Bathala ó Badhala (Señor) 
que no se usa en las provincias del Norte. 

Hasta ahora los maguindanaos tienen dioses hindus 
que ellos llaman Mahesvara (Mahaswara ó Siva), Kala 
(Ka/t\ diosa de la muerte), Sri (Siri), Berma (Birma ó 
Brahma) y Bisnu (Wishnú). 

En Filipinas, pues, antes del Mahometismo, se mezcló 
el Hinduismo en la religión primitiva. Esta era más pura 
cada vez que se alejaba del Sur, de donde procedían 
los inmigrantes malayos, hindus y mahometanos. Por 
esto y por su inmediata vecindad á los itnegs y demás 
monteses, creemos que donde se conserva con mayor 
pureza la religión filipina es en llocos, Kagayan é Isa<= 
bela de Lusón. Conocemos las leyendas de la primera 
comarca, de la que somos naturales, y nos servirán para 
desenredar los muchos errores de los cronistas españoles. 

Los hindus, especialmente los budhistas, hicieron 
muchos prosélitos por Java y toda la Malasia y sólo en 
1478 cayeron en poder de los mahometanos, esto es, 
60 años antes de la invasión holandesa. 

Según las leyendas de Java, los hindus arribaron á 
aquella isla 78 años antes de Cristo. Y según los ana- 
les de Malaca, los primeros malayos salieron del territo- 
rio de Menangkabaw (que se halla en el interior de 
Sumatra entre los ríos Djambi y Palembang) y lueron 
á fundar las ciudades de Malaca, Djohor y Singapoore 
en el siglo XII. 

El Doctor alemán Semper dice que hubo diversas 



(1.4) 



ISABELO DE LOS REYES, 



emigraciones de malayos en los siglos XIII, XIV y XV, 
probablemente en una de esas emigraciones llegaron á 
Filipinas; pero ¿no sería también posible que los fiilipinos 
hayan sido los que poblaron las islas de la Malasia, esto 
es, que las emigraciones partieron por el contrario, de 
nuestro Archipiélago empujados por el fuerte viento 
Norte? Esto preguntaba yo en 1886 (1). Lo cierto es 
que cuando vinieron los primeros españoles, hallaron de 
visita en Borneo al hijo del rey de Manila. Hablando 
nosotros un día de estas supuestas emigraciones malayas 
con el estudioso maestro de ceremonias del Emperador 
del Japón Mr. Fujita, confirmó que las emigraciones de- 
bieron de haber partido del Norte, y no del Sur, y que 
acaso los filipinos sean descendientes de japoneses. 

Recuérdese que en la Oceanía existen restos de una 
1 Civilización casi grandiosa", según el gran Reclus. En 
las islas Marianas., se han descubierto interesantísimas 
ruinas, que los sabihondos escritores españoles que 
teníamos por aquí hace una veintena de años, han 
desconocido. En el British Museum se conserva una gi- 
gantesca estatua prehistórica procedente de la Oceanía 
(isla de Pascuas); y estamos seguros de que si se hicieran 
excavaciones en las cuevas de D. a Jerónima (orillas del 
Pasig), cerro de Pangibalon, (Bisayas), monte Madías de 
Iloilo, el Nasso (Panay) y otros que sirvieron de sepul- 
cros y adoratorios, se encontrarían restos, si no de 
hipogeos y dólmenes, preciosísimos fósiles. En las cue- 
vas de Bulakan, vi unas como estatuas. 



(1) Las Islas Visayas en la é¿4ea de la Conquista, Iloilo, folletín de El 
Be* de Panay % 1886. 



(15) 














Escultura igorot 
¿ES LUMAWIG? 

(16) 



II. 

Las primeras noticias. 

La primera noticia sobre esta Religión, la encontrar 
mos en el relato del lombardo Antonio Pigáfetta, com- 
pañero de Magallanes cuando descubrió nuestro Arehh 
piélago en 1521. Pigafetta cuenta que los naturales de 
Limasaua, una isla entre Surigaw y Butuan, llamaban 
Abba (1) á su Dios; que en Cebú vil ídolos de madera 
huecos por detrás, que tenían piernas y brazos abiertos, 
pies levantados, rostro muy ancho y boca abierta (2% 
dejando ver cuatro dientes largos como los de javalí; 
(Jue en las costas de aquella isla había muchos templos^ 
probablemente casitas donde se ofrecía comida á ios 
diuatas ó almas de los antepasados; que en casos de 
grave enfermedad, sacrificaban un cerdo, lo que él lla- 
maba equivocadamente la * 'consagración del cerdo'\ y 
que temían á un pájaro grande y negro, que, segua ellos* 
se posaba por las noches en el techo de sus casas y por 
sus graznidos los perros ahullaban hasta rayar ia 

(1) Debe ser el Abak de Mi nd a nao, 

(a) Según %\*Vtndidad } los devas tienen desmesurada bocoy ancho pecfcfc- 

(17) * 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



aurora (i). Probablemente será el fabuloso i?auá f que, 
según los bisayás, es un asuang metamorfoseado en ia 
época prehistórica, Este pájaro era puramente fabuloso 
como el kmtnaw ilocano; pero Quirino lo interpretó por 
el cuervo y aun añadió que se consideraba como ej 
dueño de ia tierra; pero no hay recuerdo de que el cuervo 
iaya sido adorado por los iilipinos. 

Según un informe del Gobernador Legaspi enviado 
al Rey de España, en 1570, aun antes de liegar á Ma- 
nila^ los bisayás no tenían ídolo ni simulacro (lo que es 
un error), ni templo, sino una ermita pequeña llamada 
Olangü* El nombre de su dios era Diuata y el de sus 
sacerdotisas, bahaylans, las cuales llevaban en sus sacri- 
ficios {maganitos) una cabellera postiza muy amarilla (sobre 
la cual según otros, ostentaban una presea de oro con 
na idbliile de Anito) y en la mano una caña (2). £í Co 
mleoza, dice (cuando un bisayá caía enfermo), á baylar 
hazle ado muchos efectos y visages muy feos, nrrando al 
¿Idb de quando en quaado, y haziendo que vee visiones 
y que habla con Alas, y buelve á baylar hasta que 
oae est tierra, como amortezida, con una color diabólica, 
y se está assi un gran rato, hasta que buelve en si, y 
sefiere mil disparates, que el demonio la ha dicho, Lo 
qasú creen los circunstantes con grai fee porque los más 
soa cosas que no se pueden averiguar. Si es animal 
¿le cerda el sacrificado, le dan vna lanzada mientras 
bayla r y ios circunstantes recogen la sangre para vntar 
coa ella al enfermo, y la carne se reparte entre todos 



.ff ]| Wlutggío átomo il Mondo fatto et descritto per M* Antonio Pig-aféttn _ 
Colección de j. B. Ramusio, Venecia 1604, fols 389 vto. a! 408. 

£2$ Eta asistida de una joven como ayudante y de aquí probablemeate ei 
norabce de katolonan ó katuloñgan (ayudante), y se llamaría» los sacerdotes y 
sacerdotisas Bagttan^ como ahora entre los itnegs, o Bobmlan. segua Noceda. Dicka 
ayudante se llamaba ampigoló en tagalos. 

(18) 



ISABELO DE LOS REYES. 



por gran regalo, ' teniendo cuidado la sacerdotisa de lie-* 
varse la mejor parte, además de la paga que lleva por 
su trabajo." (i) 

La mencionada Relación del año 1572 dice á su vez: 
* 'El modo que tienen de sacrificios en quánto á lo que 
yo he visto, cada uno dellos tiene en su casa muchos 
ydolos en que adoran: llaman á Dios Bátala, é un ydolo 
el mas principal que ellos tienen lo llaman aosí, y por 
otro nombre Diobata (diuata\ á lo meaos entre los pin- 
tados, llámanle ánsi; los naturales de esta ysla de 
Luzón comunmente le llaman Bátala y aún le tienen 
por Dios de todo lo criad 3, y ansí, después que an ve- 
nido los religiosos á esta tierra que les an com^ngado 
á predicar la fee de Jesucristo y á bautizar, no le an 
sabido dar otro nombre en su lengua dellos á Dios ; 
Nuestro Señor sino es Bátala, Son gente que se con- 
vierten fácilmente á la fee y en poco tiempo los religio- 
sos an bautizado á muchos. 

"Quando algún principal está -malo, convida á sus 
deudos y manda hazer mucha comida y ajuntar pescado 
y carne y vino; juntos todos los convidados y puesta 
aquella mesa y comida en unos platos en el suelo de 

(i) Lo mismo que los demás sacerdotes. </Y qué extraño es que aquellas 
gentes sencillas creyesen que Ánito hablaba por boca de sus sacerdotes, cuando, 
además de los romanos con sus sibilas, los espiritistas con sus médiums, el ma- 
gistrado y gobernador Morga, los misioneros Grijalva, Chirino, Colín, Gaspar de 
San Agustín, y todos los autores frailes y jesuítas de aquellos tiempos, está» 
unánimes en asegurar que en efecto el Anito hablaba por boca de sus sacerdoti- 
sas y que aun se les aparecía con frecuencia? Dicen qu« esos oráculos habían 
predicho tres años antes de la llegada de los españoles y que sus intenciones 
finales serian distintas de sus atractivos aí principio. Véase mi El Diablo- en Fi- 
lipinas < publicado en La Oceania Española en '885, donde se copian humorística- 
mente las muchas patrañas y supersticiones que nos enseñaron los frailes y jesuí- 
tas hispanos. Y la Relación de la Misión de Tuy 1739, Archivo del HblU/iU 
'lupino, tomo If ., etc. £1 P. González de Mendoza asegura que el Anito les 
•daba mucho oro. 



(19) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



la casa, siéntanse en el mismo suelo á comer, y en el 
medio de la fiesta, que ellos llaman manganito en su 
lengua, y por otro nombre bailan (i); tienen el ydolo 
que ellos llaman Bátala y ciertas mugeres viejas que 
ellos tienen por sacerdotizas é yndios viejos, ofrégenle 
de aquello que comen al ydolo y rruéganie en su len- 
gua por la salud del enfermo por quien se hace aquella 
fiesta; no tienen altares ni templos ningunos los natu<- 
rales de estas yslas; acabado el manganito ó borrachera, 
por mejor decir, que suele durar siete ó ocho días, to- 
man los ydolos ó pónenios por los rincones de la casa, 
y ansi los tienen syn ninguna reverencia" (2). 

Según González de Mendoza (Historia de las cosas 
dé China, Madrid 1586) los filipinos conservaban 
ídolos de hombres y de mujeres. "Entre estos, escribe, 
tenían su mayor veneración á un ydolo cuyo nombre 
era Bátala: la qual reverencia la avian tomado por tra- 
dición, y assi no sabían dezir en que abia sido mayor 
que los demás, por donde mereciesse mayor estima. 
Adoraban también el sol y la luna, cuyos eclipses se 
celebraban con comilonas y embriaguez, fiestas que lia- 
maban Magaduras." 

El citado Grijalva decía: "La idolatría antigua, y 
supersticiones dellos, no estaua muy arraigada por que 
naturalmente eran poco religiosos. Aunque es assi que 
adorauan Ídolos, y reuerenciauan deidad suprema, con- 
fessauan inmortalidad de las almas. Pero parecíales, que 
estauan siempre en cuerpos mortales. Y assi tenían por 



(i) Se llamaban manganito ó b*ylan el sacerdote, y no el sacrifici» que seria 
fétnaganito, lo cual significa culto de Anito. 

(2) Inexacto, les colocaban en el sibi ó noediaagua á ellos destinada, ó en unas 
anditas salientes de la casa como en Mindacaw ó hacían unas casas diminutas 
para ellos como en Moroag. 



ISABELO DE LOS REYES. 



cierta la transmigración de vn cuerpo á otro; y en esto 
solo, creyan que premiauan ó castigauan los Dioses en 
tenerlas encarceladas en cuerpos hermosos ó feos, po- 
bres ó ricos, bien ó mal afortunados." (Esto era Brah- 
manismo). 

Morga dice: cEl demonio los engañaua de ordinario 
con mil errores y ceguedades; parecíales en diferentes 
formas horribles y espantosas y de animales fieros, con 
que le temían y temblauan de él y le adorauan las más 
veces haciéndole figuras de dichas formas, que tenían 
en cuevas (i) y casas particulares, donde le ofrecían 
perfumes y olores y comidas y frutas á lo que Uamauan 
Anitos,» 



(i) Es tradición que en los tiempos pasados fué el cerro de Pangibalon (Bí* 
sayas) el más célebre adoratotio de los indios." G, de S. Agustia. 



(21) 



III. 

Un paréntesis. 

Desde el Deuteroñomio, XXXII, 17, registramos la 
egoísta cffeencfa de que solo el propio es el verdadera 
Dios, y el ajeno el Demonio, á pesar de que todos somos 
igualmente hijos dé un sola Padre celestial. Lo cierto* 
es que no existe tal Demonio. La Escritura na dice que 
Dios le haya creado, y entonces ¿quién le creó? No cabe 
pensar que el Señor haya creado un ser tan perverso 
destinado solamente á perder al género humana; y si 
esto no era su destino, entonces el Creadar se habrí 
equivocado. La idea de Satán ó Sytan es exótica, de 
origen árabe; solo habla de él el idumeo Santo Job, I, % 
á quien imitó el profeta/Zacarías, III, I. El cap. XX VIH 
del profeta Ezequiel y el XÍV de Isaías que arbitraria- 
mente se aplican á Luzbel, se refieren de un modo ex- 
preso é indudable á los reyes de Tiro y de Babilonia 
respectivarnente. Podéis comprobarlo en la Biblia. 

Los romanistas ingleses adoran á Satanás ó áythan 
bajo el nombre de San Swithin, y en Poictiers, (Francia) 
le adoran en forma de dragón con el nombre de Sfft ■ 

(23) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Vermtne {Verme significa gusano.) — Las dos Babilonias > 
fág. 466. 

Todos los pueblos representan á los dioses extran- 
jeros como imaginarios genios malos ó demonios, en 
ligaras de animales fieros y espantosos, y por eso no 
Jebe extrañar que los filipinos pintasen así á los dioses 
dfe tribus enemigas que consideraban como anitos dañi^ 
«05, y si tampoco sus propios ídolos no eran perfectos, 
sin duda sería porque no eran aún consumados artistas; 
pero aseguraban, y aun ahora aseguran, que sus Anitos 
mm dechados de hermosura. 

La Biblia, y especialmente, las novenas de los roma- 
Bisas nos traen relatos de semejantes apariciones. 

No HAY TALES APARICIONES. — Estas son fenóme- 
nos de la fantasía ó de la memoria, si no de ilusión 
éptica. Así como recordamos á ciertas personas, así apa- 
lecen por alucinación á nuestra fantasía como las vemos 
<&t sueños. La imagen de una persoaa vista se imprime 
mis ó menos en la memoria, como si fuese ea una 
cinta cinematográfica, y cuando en las vueltas que da la 
inaginación, aparece dicha imagen, la recordamos; pero 
é veces por una perturbación mental, no precisamente 
por la locura, que hace ver visiones á todos los aliena-* 
¿os, sino por una simple perturbación promovida por el 
listerismo ó ios nervios, ó por una profunda tristeza, 
aostalgia, amor ó sencillamente por pensar demasiado 
^a dicha persona, á veces la vemos al parecer por una 
ilusión óptica ó imaginaría. 

El célebre astrónomo francés Camilo Flammarion en 
wa artículo publicado en 1899, en Revue des Revues % 
isvitaba al público á enviarle relatos de apariciones vis- 
tas por personas sanas y veraces, para comprobar sus 
sospechas de que las apariciones pueden serano fenó- 



(24) 



ISABELO DE LOS REYES. 



menos de alucinación, s«no efectos reales de transmisión 
de las vibraciones cerebrales ó de la telepatía, y citó 
uno ó dos casos en que concentrando su pensamiento una 
persona en otra ausente, ésta vio al que pensaba en ella 
en aquel momento Pero estos casos, frecuentes en la 
imaginación de los enamorados, serán meras coinciden- 
cias muy explicables, porque los apasionados no piensan 
mas que el uno en la otra, y vice versa. 

El único caso que conocemos digno de mencionarse, 
es el de una bella joven, hermana del rico vecino de 
Manila Sr. Faustino Lichauco, quie i hallándose en Hong- 
kong, sin duda á fuerza de pensar en su madre, de 
quien per primera vez se separaba, creyó verla ei un 
instante á pesar de estar en Manila. Ella, desconsolada, 
creyó firmemente que su madre había muerto y tuvieron 
que preguntarlo por cablegrama á Manila, y contestaron 
que estaba sana. ~ 

Los demás casos de apariciones que conocemos, 
obedecieron á ardides de tenorios nocturnos y de ladrones, 

Las personas que suelea ayunar y tener la fantasía 
excitada con los cuentos de apariciones que traen las 
novenas de los romanistas, están predispuestas á ver 
visiones por alucinación. Y esto mismo habrá ocurrido 
sin duda á los bag lañes (sacerdotes y sacerdotisas de 
nuestra primitiva teogonia) y á los frayles que testificaron 
la verosimilitud de dichas apariciones. 

A fuerza de oir cuentos de apariciones, suele uno 
coger miedo tal, que toma por una visión una mancha 
de pared, un vestido ó cualquier trapo que vé; el roce 
de su propio traje almidonado como producido por 
una fantasma que le persigue, y los quejidos de los le* 
chones que suelen mamar de sus madres en las plazas 
desiertas y obscuras de los pueblecillos, ú otro sonido 



(25) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



cualquiera se interpreta como ayes de almas en pena» 

Hemos leído casos de personas que han visto su 
propia imagen, entre ellos el gran novelista francés Guy 
dé Maupassant; pero después murió loco. 

El periodista madrileño y médico Vicente Vera en 
una de sus últimas Revistas cienUficas^ nos dá el resu- 
men de Jas recientes investigaciones sobre Ja materia, y 
dice: 

"Es cosa curiosa el que los duendes, espectros ó 
aparecidos se han representado siempre en todos los tiem- 
pos y en todos los países, sin color, es decir blancos. La 
explicación natural es que, en la inmensa mayoría de los 
casos, así los "han visto" las personas que han tenido 
la impresión de su presencia. En ciertos estados de 
calentura ó bajo la influencia de algunos desórdenes 
orgánicos suelen producirse alucinaciones. El enfermo, 
entonces, está sujeto á sensaciones subjetivas que co 
corresponden á impresiones de la realidad. Unas veces 
perciben sonidos ó ruidos indefinidos, otras ven cosas 
de formas vagas y siempre sin color. 

"Muchos individuos en los hospitales, mientras han 
estado bajo la ifluencia de la fiebre, han experimentado 
la sensación de ver espectros, visiones, aparecidos. In- 
terrogados después acerca de ello por los médicos, es 
general el manifestar que las visiones se han prese liado 
con el aspecto de estatuas de piedras envueltas en sá~ 
bañas. Los casos en que se recuerda algún color en el 
aparecido, son rarísimos. Parece, pues, como si la sen- 
sación visual que experimenta el alucinado correspondiera 
á una impresión imperfecta en el órgano de la visión, 
Este sentido en efecto, da dos órdenes de sensaciones: 
la de la intensidad de la luz y de los colores. En el 
caso de los espectros «que creen ver» los alucinados, 

( 26 ) 



ISABELO DE LOS REYES. 



la sensación corresponde sólo al primer orden *%s decir t 
que la modificación cerebral experimentada es imperfecta. 
Hay, sin embargo, ciertas enfermedades del encéfalo, de 
la médula y del nervio óptico, en las que se produce 
la sensación subjetiva de los colores. 

"También puede obtenerse este mismo efecto admi- 
nistrando determinadas sustancias al individuo suscep- 
tible de padecer alucinaciones. Con el haschish ó 
cáñamo indio se puede producir la visión violada; azul 
con el alcohol; roja con la atropina, la duboisina, la es- 
copolamina, la quinina y el uso excesivo del tabaco; y 
sensaciones amarillas se pueden consegir con los ácidos 
pícrico y salicílico, con la digitalina y la fenaceíina, con 
la aplicación externa del ácido crómico y del iodoformo 
y con inhalaciones de óxido de carbono. También da 
sensaciones amarillas la mordedura de la víbora. El 
mescal mexicano, bebida espirituosa obtenida por fer» 
mentación y destilación subsiguiente del jugo de j|¡irias 
plantas del género cactus, produce visiones de varios 
colores simultáneos, " 



27) 



IV. 
¿Badhala ó Meykapal? 

"Otros — -continúa Morga — adorauan el sol y la luna 
haciendo fiestas y borracheras en la conjunción. Y algu- 
nos adorauan un ave que hay en los montes pintada de 
amarillo (i) que llaman Bátala y comunmente adorauan 
y reverenciauan á los caimanes, y cuando veían algunos, 
les adorauan de .rodillas para aplacarles. No había tem- 
plos y cada uno tenía y hacía en su casa sus anitos sin 
ceremonia cierta ni sacerdotes, sino viejas y viejos Ca- 
talonas, que son grandes hechicheros y brujos, hacían 
oraciones y ceremonias por sus enfermos. Creían en otra 
vida con premio á los valientes, pero no sabían cómo y 
donde esto fuesse (2). Enterrauan sus muertos en sus 
propias casaá teniendo sus cuerpos y huesos mucho 

(1) De azul, dice Quirino, que debe ser lo exteto, ó sea el salaksak de los 
ilokanos, un pájaro de mal agüero, azul -oscura del tamaío del martinez, algo 
más grande que el ¿ugo. El pájaro amarillo kiaiv (ilok.) Iciliaivan (tag*), oropén-^ 
dola, no es objeto de superstición. 

(a) Kos« lo<quisieron decir ó no pudo él averiguarlo. Los filipinos señalaban 
como su Paraiso "Kalualhatian" (tag.) ciertos montes sagrados; pero no tenían pa- 
labra equivalente á infierno., excepto iot cebuanos que tienen f x sitiad, que tampoco 
será infierno exactamente, 

(29) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



tiempo y venerando sus calaveras como si estuviesen 
vivos y presentes/' 

Según el jesuita Quirino, los filipinos no usaron sus 
letras para conservar su religión, sino solo para car- 
tearse (i). Así no se halló nada escrito sobre la materia 
y todo lo que se ha podido saber, es fundado en la tradh 
ción de padres ó hijos, conservada en el uso y en unos 
cantares que tienen de memoria y repiten en sus nave- 
gaciones al compás del remo y en sus regocijos, fiestas, 
mortuorios y aun en sus faenas, cuando concurren mu* 
chos. En estos cantares cuentan las fabulosas genealogías 
y varios hechos de sus dioses. 

"Entre sus dioses — escribe — había uno principal y 
superior á todos á quien los Tagalogs llaman Bathala 
Meicapal, que quiere decir el dios fabricador ó hacedor 
y los Bisayas Laon que denota antigüedad, Tocante á 
la creación del mundo, principio del linaje humano, el 
diluvio, gloria, pena y otras cosas invisibles, contaban 
mil disparates y aun variando mucho en decirlos, unos 
de una manera y otros de otra. Una de sus fábulas es 
que el primer hombre y la primera mujer, salieron de 
un cañuto de una caña que reventó en su mata: y tras 

(i) Sin embargo, los antiguos tagalogs llamaban alamat la tradición de los 
ancianos y no creemos que hayaa dejado de escribir sobre sus creencias religiosas; 
pero que los inquisidores habían hecho desaparecer esas tradiciones escritas. Hasta 
a* ora conservan poemas sobe 'a vida de Lam-ang y otros prehistóricos ó fabu- 
losos personajes. 

Esos alamat debieran estar escritos al principio, como indica su nombre, que 
significa lectura ó leyenda. Los maguindanaos tienen un libro-oráculo lla- 
mado kitab-pakutikan, como el llamado Oráculo de Napoleón con figuras de! 
zodiaco representando á las divinidades hindus Mahesvara (Mahaswara), Kala 
(KalO, Sri (Siri), Berma (Brahma ó Birma), Wishnu. y otros dos quizás Budha 
y Christna ó Surya; y en este oráculo averiguan el éxito de 4in viaje ó empresa, 
«1 tiempo, los ladrones, y cuanto desean saber. Pues bien, en tiruray este orá- 
culo se llama tamban Alamat, según el jesuita Guillermo Beoaasár, Dwaonari* 
tirttray español 89a. 

(30) 



ISABELO DE LOS REYES. 



eso anduvieron ciertos pleitos sobre el casarse los dos 
por la dificultad del primer grado de consanguinidad que 
entre ellos es inviolable, y solo permitido aquella primera 
vez por la necesidad de la propagación de los ombres." 

El jesuíta Colin (que en la portada de su Lavor 
Evangélica Madrid 1663) confiesa haber tomado sus no* 
ticias de Quirino, y en efecto, la copia literalmente casi 
en toda esta parte, sin embargo, amplia esta cosmo- 
gonía, por poner algo de su cosecha, pero según nos 
parece, falsificándola, y lo sensible es que lo copiaron 
literalmente y aún aumentado á su vez Gaspar de Saa 
Agustin, Francisco de San Antonio, Moya, Marsden, 
(History of Svmatra) y Lubbock y otros. 

El P. Colin, probablemente con el fia de inventar 
una cosmogonía filipina para probar la verosimilitud del 
Génesis, y creyendo equivocadamente que el pájaro azul 
(al que en su calidad de agorero llamaban también 
Badkala), era el Badhala Meikapal, Dios creador de 
los filipinos, falseó la sencilla y verosímil cosmogonía de 
Quirino, diciendo: El mundo comenzó con solo cielo 
y agua y entre ellos un milano (la paloma Espíritu 
santo de los romanistas) revoloteaba buscando donde 
posarse y no hallándolo, revolvió el agua. Esta se irritó 
levantando olas (1). El cielo, para apaciguarlo, lo 
cargó de islas» en las cuales se posó el milano. Mas 
hé aqui las olas arrojan á sus pies un trozo de caña de 
dos cañutos. Lo abre á picotadas y de un extremo sale 
un hombre, y del otro una mujer (2). Surgieron difi- 
cultades por el impedimento de la sanguinidad de pri- 

(1) "Ei viento soplaba (según otros, la paloma revoloteaba) sobre la lúa de 
las aguas' 1 , Gen, la. 

( >) Es invento la adición de que estos hombres se llamasen Si-lalaki y S¿~ 
habar (tag.) ó SikalaJc 6 Sikabay (bis.) Ver obra del jesuíta Delgada. 



(31) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



mer grado, pero por consejo d£ peces y aves (i), 
las dispensó uno de sus dioses, el temblor (2), (el P. 
San Agustín añade que se llama linog; en tiruray es 
limog efectivamente) y los casó, y tuvieron muchos 
hijos. Cansado el padre de alimentarlos sin provecho, 
cogió un palo y fingió castigarlos por sus tranvesuras 
para que fuesen á ganarse la vida por si mismos. Los 
hijos huyeron y se fueron á esconder, unos en los gabi- 
netes de la casa y éstos fueron mas tarde los principa- 
les; otros fuera de ella, y resultaron los libres; los de 
aquí en la cocina, y son los criados, y los de allá, en 
partes lejanas, y son los extranjeros. Y Moya (3) in- 
venta á su vez diciendo, que los que penetraron en el 
seno de la tierra hasta la región del fuego, son los 
negritos. 

"Los tagalos, dice Quirino, adoraban un pájaro azul 
del grandor de un tordo y le llamaban Baihala, que 
era entre ellos nombre de divinidad" (4). 



(1) ¿Pero si 00 existían aún, excepto e milano? 

(3) El P. Quirino no habló del temblor ni creem s que [éste se considerase 
como Dios, pues según las consejas tagalas y las masdayas de Mindanaw, el 
temblor no es más que efecto de los movimientos de un animal eiorrae' /'según 
unos, caimán; s«gun otros, un cerdo llamado* Bay bulan J que f ara rascarse, roza 
su «u«rpo conira el tronc* de la tierra. Además, en Bbayas, el Dios de los ca- 
samientos era Labao dumgug, peña de forma humana: en Mindanaw w, Todlay: 
y en otras tribus, otras ninfas parecidas; pero nunca e! temblor. 

{3) Las Islas Filipinas en 1882, 

(4) Según Colin, este pájaro es el iigmanukin pero el tigmamanok de los 
tagalogs, magmanok en pampango, y mammanok en ilocano, no es azul, sino 
parecido á una gallina joven, y de ella toma su nombre, que significa "como 
gallo". Esta ave frecuenta las orillas de las lagunas y rios. Su nombre científico 
es Irtna Cyanogosira: según el Dr. A. B. Meyer en la versión alemana de mi 
Mitología ilocana por Blumentritt, No hay recuerdo de que haya sido objeto 
de adoración, siauiera de superstición. Pero por sus maneras »udas cerno de 
esfinge, podría baberse tomado como una encarnación de algua difunto enterrado 
en parajes retirados.' El pájaro que los pampangos llaman Baihala es azul.' Los 
bisayás llaman Bal-ahala á Dios. 

(32) 



ISABELO DE LOS REYES 



y 9 * Bátala, según el Diccionario pampango del P. Beiv 
gaño, 1860, es "ave en quien los pampa^gos tienen sus* 
agüeros. 11 

En las tradiciones actuales de los, filipinos no hay 
memoria de que hayan adorado como dios las aves, sino 
sólo como agoreras. Según las señas míe da Quirino, 
el bátala es el mismo salaksak de los hocanos, ave de 
mal agüero. 

La palabra Bathara en sánscrito (idioma sagrado 
de los indus) significa 'Señor." Los battaks de Sumatra, 
los buguis y macasares llaman á su dios Bathara (señor) >■ 
Gurú (maestro) sobrenombre de Si va, la tercera persona 
del trimurti brahmanico. 

Un hebreo, al oir la palabra Bathala, nos dijo que 
es lo mismo que Bethel, casa de Dios ó de El, dios de 
los semitas, por otro nombre Alá, de modo que Bathala, 
viene á ser casa ó encarnación de Alá. Génesis XCI^ 
8; XIII, 3, 4- 

Al dios de los cristianos llamaban también Batata, 
según la Relación de 1572. Creemos que el verdadero 
nombre del Dios Creador entre los tagalogs era Mey- 
kapal, como ahora, y no Batkila, y aun hasta hace 
seis años no se usaba el último nombre, hasta que lo 
popularizaron otra vez los filipinos cuando supieron por 
esas Crónicas lijeramente escritas, que el Dios filipino 
se llamaba Bathala (1). 

Es más, los tagalogs no recordaban siquiera la pa- 
labra Bathala ó Bátala, y si la palabra Badhala, que 
sin duda es la verdadera, advirtiendo que los españoles 
siempre pronuncian como / la d en final de sílaba. En 
el antiguo Diccionario tagalog del P. Noceda (año 1754) 



(i) Meykapal'es lo mismo que 'Meygawá; el que hizo ó creó. 

(33) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



se escribe Badhala. Los tagalogs actuales llaman Bad- 
k&Ia á los cometas ú otros astros que predicen algún 
suceso; y de aquí el que se haya llamado Badhala á las 
uves agoreras. 

Los dayaks de Borneo llaman á su d os Mahatara 
{de maha y grande, y Bathará) gran señor, quizás el 
Gurú corresponde al Gugurang de los bikoles. 

Opinamos que el nombre de Bathala ó Badhala 
solo se usaba entre los filipinos qua tuvieron relaciones 
toa malayos hindus ó mahometanos, ó sea desde Manila 
al Sun En el Norte de Luzón no se conoce este nombre 

Y significa Señor, comí el tratamiento de Pangmoon 
á Apa que la generalidad de los filipinos de Norte á 
Sur daban á sus Anitos, al mismo tiempo que significaba 
Abuelo. Bathala, pues, era un título genérico de los 
mitos, extensivo á las aves agoreras, cometas y demís 
seres fabulosos que ellos temían. Y asi había Badhala 
Mejkapal, Señor Creador; Badhala Katutubo, Anito 
«©anacido (i); los bisayas antiguos llamaban genérica- 
aieste Bathala á las imágenes de sus D matas (2) y los 
bikoles hablaban también de un "Bathala que era un 
anito que hacía venturoso al que acompañaba y evitaba 
que le aconteciesen desastres" (3). Será el mismo Ka*- 
§utoho, 

"Reconocían — continúa Quirino — espíritus invisible? 
f otra vida y demonios enemigos de los hombres, 
quienes temblaban en extremo. 

"Su idolatría es adorar y tener por dioses á sus 
antepasados, particularmente á hombres que fueron se- 



|i) Según el P. Noceda, los tagalos decían que el Badhala Creador, ai ua- 
en aiño, le entregaba al cuidado de otro dios, al Badhala Kaiutuho. 
{i'l Los malayos llaman berhala á sus ídolos. 
(3) Diccionario bicol del P Lisboa. 



(34) 



ISABELO DE LOS REYES. 



ñalados ó en valentías "ó en virtudes y saber, como se 
ve hoy entre los monteses". Cualquiera que podía salir 
con ello, atribuía divinidad á su padre viejo, cuando 
moría. Y los mismos viejos morían con este envane- 
cimiento representando en su enfermedad y muerte, en 
todas sus acciones, una gravedad y término á su parecer 
divino (i). Se sepultaban en lugares señalados. En 
memoria de ellos tenían idolillos pequeñuelos de piedra, 
palo, hueso, marfil ó diente de caimán (2), á los que 
ofrecían sacrificios en sus necesidades. 

"Adoraban animales, aves, el sol, la luna, y al 
arco del cielo atribuían su manera de divinidad (3). Al 



(*] No vemos por qué habrá de ser envanecimiento el guardar en las pos- 
trimerías de la vida una edificante santidad, digna de la divinización á que ellos 
aspiraban de buena fé. El que aparece desvanecido aquí es el miope romanista 
que solo halla dignos de! cielo á sus correligionarios, siendo todos los hombrea 
igualmente hijos de Dios. 

(«3 Según Colin, se llamaban likha ó larauan, que significa imagen. Lokka 
debe ser contracción de Lumikha, creador. 

[3] Pero no dice lo que Colin añade que por el arco-iris subían á la biena- 
venturanza los muertos de cuchillo, comidos de caimán ó víctimas del rayo, los 
cuales se consideraban como dioses. ¿Cómo subían al cielo por medio del arco- 
iris, sí su Paraíso era un monte venerado por su especial situación y aspecto? F\ 
arco-iris como puente entre el cielo y la tierra lo imitó del Chinevad de los 
persas; pero no era filipino . Las consejas que se conservan nos dicen otra cosa, y 
es que el rayo se lleva de uiia succión los sesos de su víctima, y por cons'guiente, 
su alma, y por eso creerían que el rayo es un alma de antepasado. Los igorrotes 
dicen que es la de Kabunian, su dios supremo. Y el alma del devorado por un 
caimán <¡'á donde iría si no encarna en éste, por lo que le llamaran nano, esto 
es, un abuelo reencarnado en el anfibio? Los muertos de cuchillo como héroes, 
claro es que se considerarían también como auitos; pero la adición de que suben 
al cie'o por el arco-iris, no la podemos aceptar. Y además, si el arco-iris, por 
su especial aspecto se consideraba como divinidad, como podía ser un mero puente 
entre el eielo y la tierra? Los bis. ant, hablaban de Uataugao, dios que apare, 
ció en forma de arco-iris, le invocan cuando van á la guerra* Hasta ahora lo s 
ilocanos y demás filipinos temen señalar con el -dedo al arco-iris, lo que es para 
ellos un sacrilegio y falta de respeto, temiendo que se le* acortase; y le rairaa 
- con religiosa veneración. 

El í reo-iris debe ser el cinturon ó taparrabo del "rey de la Creación" de 



(35) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



caimán profesaban grandísima veneración: le llamaban 
nono (abuelo) y ie tiraban algo de lo que llevaba en 
sus embarcaciones, y le rogaba i rendidamente que no 
les hiciese daño. Al cuervo adoraban llamándole Mei 
lupa, dueño del suelo (i), No había árbol viejo al que 
no atribuyesen su divinidad y era sacrilegio pensar en 
cortarlo. 

"Adoraban en piedras, peñas, escollos y puntas de 
mar ó de río, poniendo a-go sobre ellos al pasar. En 
el río de Manila hubo una peña que muchos años fué 
ídolo hasta que lo despedazó un agustino, poniendo en 
su lugar una cruz y la capilla de San Nicolás de To* 
lentino, En Panay había otra punta llamada Nasso junto 
á Potol se veían en ella muchos platos de ofrendas. 

"Si veían una culebra, lagartija ú oían estornudar» 
se volvían, 

"No tenían templos ni lugares comunes de adoración 
(2), Sólo que en Taytay muchas casas tenían otra mas 



que hablan los íagalogs. (Folk-lcre Bulakeño, de Mariano Ponce.) Eso indica 
que estaba desnudo como los monteses. Debe ser el mismo Angngaló de los ilocanos, 
■ .,, De ser cierto lo que dice Colín del arco- iris, sena importado. Para los ma- 
layos, polinesios y germanos el arco-iris es la escalera del cielo. 

Los tagalogs le llaman Bahaghari, taparrabo de rey, los bicoles añaden que 
este cinturon fué tejido por Danani, gran tejedera fabulosa; según Colín Balañgao, 
y según los ilocanos, Bullalayao. El P. Noceda hace distinción: Arco celeste ó 
terrestre es Balañgao; Arco-iris es Bahag-suhay, y Arco del cielo es Bahag\ 
fían': pero Buhag no significa arco, sino taparrabo, y Mari, Rey. 

(x.l Pero ahora tienen al c ervo como ave asquerosa, cuya carne no quieren 
comer por comer carne y escremento humanos. ¿Le habrán llamado dueño del 
suelo porque los desvergonzados son los que suelen adueñarse del campo? Es- 
verdad que temían una fabulosa ave grande y negra, pero no el cuervo. 

(*"! Sin embargo, cita el P. San Antonio los nombres de simba (adoració n 
y Simbahan, lugar de culto. Según él. había una enramada llamada Sibi, que 
se dividía en tres naves y alargando el cuarto; lo adornaban con hojas, flores y 
lamparillas, y en medio había otra pieza con muchos adornos: era el Simbahan 
ú oratorio. Se levantaba para celebrar la fiesta que llamaban Pandot, que duraba 
cuatro días 3 y acabada la fiesta, ya no era ¿templo y se quedaba como casa común. 

(36) 



ISABELO DE LOS REYES. 



pequeña como torrecilla de caña labrada con alguna 
curiosidad, á la cual pasaban por una portezuela también 
de caña, dedicada al Anito, aunque en ella no se sacri" 
ficaba ni servía de mas que serle dedicada. También 
en algunos lugarejos de pintados (Bisayas) hallé á la 
entrada del pueblo una casilla pequeña con solo el techo 
y entresuelo que servía de sacrificadero. En Mindanao 
vi muchas casas con anditas y en ellas ídolos y un tiesto 
con brasas y un poco de mal sahumerio. 

"Cada uno ofrecía en su casa por sus necesidades. 
Los sacerdotes se llaman en tagalo Catolonan (1) y en 
Bisayas, Babayldn. El demonio les hablaba en sus sa- 
crificios é ídolos, finjiéndose ser el difunto á quien 
adoraban. 

"El Católo* an, bailando al son de atabal ó campana, 
y haciendo varias ceremonias, hería á la víctima que 
por lo regular era un cerdo ó gallina, y después decía 
el oráculo que se deseaba saber. Se llevaba la víctima 
ó la mejor parte de ella, y además le pagaban algodón, 
oro ó gallina. Se conseguía el oficio, cuando el Anito 
directamente les escogía por oráculos, y también se en- 
señaba el oficio por amistad ó parentesco. £t 

Hasta aquí el P. Quirino. 



Hasta ahora, los tagalogs ltarnaa sibi uta mediaagua, que siempre tienen sus 
casas, y en la cual guardan ahora almohadas, petatea y otros utensilios, que se 
deben arrinconar para no estorbar, y sin duda, aquí guardarían también sus pe- 
nates antiguos 

Los bisayas antiguos llamaban Bau graso, un armazón ó cama de madera 
^destinada á los diuatas. 

(1] 'arias veces escribe Catolonan y no Catalonan. Catolonan será Catu- 
luñgan, que significa ayudante ó ministre, pues una joyón ayudaba á !a baylaa 
(sacerdotisa) en los sacrificios. 



(37) 



V 
Anitisrno. 

El verdadero fondo de la Religión filipina, como el de 
la de todos los malayos (i), es el culto de las almas de los 
antepasados, que llamaban Anitos y de Ani (peri-espírito, 
sombra ó alma semi-espiritual) y de haniu (sánscrito^ 
muerto, esto es, alma de muerto. Según el P. Adiarte 
(2), ''había anito bueno y anito malo", Y como ya 
hemos dicho, Ibuena era el alma de un abuelo, y mala 
la de un enemigo. Desde Mindanaw hasta el extremo 
Norte de Luzón se llamaban t anitos las almas deificadas; 
pero coa la llegada de los hindus, empezaron á llamarles 
diuatas en las islas Visayás y Mindanaw; en Manila j 
cercarías, badhalas. En Camarines, intermedio entre 
los bisayás y los luzónicos, llamaban indistintamente 
ani tes ó diuatas á las almas de los antepasados. 

Y según el P. Colin, á sus ídolos particulares here 
dados de sus antepasados, los tagalogs llamaban anite* 

(x) En Molucas llaman al alma ai-nitu ó nito y dos sacerdotes te evoca» 
con palabras misteriosas tocando un pequeño tambor y encienden cirios; en Bor- 
neo, Sumatra y Java, antu, como nuestros maguindanaes; en Samoa, aitu; en Ce- 
ram, Rotti y Bulu, nitu; en Formosa, lito. También los brahmanes rinden cuito á 
sos parientes difuntos y los invocan diariamente. 

I*} Histeria' de la Provincia del Santo Rosario t Zaragoza 1693* 

(39) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



y los bisayás dmatas (i). Había anitos de montes, cam- 
pos, sementeras (2), á quienes pedían licencia para andar 
por el ] os (3), y á quienes encomendaban sus sembrados 
y pedían la fertilidad de sus campos, Había anito del 
mar, protector de sus pesquerías y r-avegaciones. Anito 
de casa, á quien encomendaban la criatura al nacer (4). 
Entre esos anitos, sus próximos antepasados eran invo- 
cados en primer lugar en sus trabajos, dificultades y 
peligros. 

Suponían que las almas de los ahogados perma- 
necían en el fondo del agua, por !o cual amarraban á 
una caña sus armas y vestidos, dejándolos flotar en el 
río sin volverlos á recojer. 

El vulgo conserva la creencia de que el mar es 
sagrado y todo el que muera en él, irá al lugar de 
la felicidad. 

Sin duda, estas almas de ahogados serían las que 
después convirtieron en anitos de las aguas: buenos, si 
eran de abuelos, y dañinos, si eran de enemigos. 



( j Gaspar de San Agustín dice: Parece que Diuata se compone de Dia que 
entre ellos significa deidad, y el verbo j'uat, contra, esto es, contrario á Dios, el 
demonio. Es absurdo que ellos llamasen contrario á Dios precisamente á Dios. La pa, 
labra diuata, con que los bisayas designaban á sus anitos ó almas de sus antepasados, 
debe proceder de los devas ó devatas de los hindus, dioses protectores. Lo cual 
es otra prueba de que la religión de los del Sar estaba más mezclada de hin- 
duismo que los del Norte de Luzón, donde se conserva hasta hoy el nombre y el 
culto de Anito. 

(i.} Probablemente, las almas de los que enterraban en les bosques ó campos^ 
Las víctimas de rayo, caimán ó cuchíüo, se enterraban por lo regular al pié de 
algún gran árbol con su especie de túmulo y á ellos se pedía licencia para pe- 
netrar en las arbolecías. Por ese túmulo, suponen que en ios montoncitos de tierra 
que pueblan hormigas, vive un alma de abuelo, nuno sa pnnso, el abuelo del 
montoncito. 

(3.I Según el franciscano San Antonio, esta Ucencia se llamaba Pasingtéibi 
sa nono. 

(4) Los anitos katittubo 6 badhala katutubo, anitos connaturales, como ángeles 
custodios, á quienes el Badhala Supremo encomendaba las criaturas, 



(40) 



VI. 
Paraíso. 

Tanto para los filipinos antiguos, como para los 
monteses contemporáneos, creían que los justos, los que 
vivieron sin agraviar, y los valientes iban á un Paraiso 
que por lo regular era un monte sagrado de las cer*- 
canias y por consiguiente variaban según los lugares. 
Unos llamaban Mákang\ los tagalogs, Kalualhatian (lugar 
de delicias), los bisayás Ologan, señalando como tal al 
monte Madías de Iloilo; los bíkoles, el Kamburagan ó 
Kamutauayan\ los kianganes, el bosque Kadungayan; 
las tribus de Abra señalaban á los montes de aspecto 
venerable en sus cercanías los bagobos el Pangulili % y 
los tirurays llaman bongo el lugar de descanso. 

Según la Biblia, el Paraiso era en efecto, un monte, 
Exequiel, XXVIII, 14; Isaías XIV, 13; y Jesús aseguró 
"nicgurto subió al cielo, sino al que descendió del cielo/* 
Evangelio de San Juan III, 13. Todo lo cual parece 
confirmar que Dios en su infinita misericordia, no querrá 
alejar á los difuntos de sus parientes vivos, sino que les 
pone cerca de ellos para protegerles contra las adversi- 

(41) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



dades. No habría gloria verdadera para una buena madre 
alejada de sus hijos; mientras no habrá mayor felicidad 
para ella que la que experimentaría permitiéndole el 
Creador estar siempre cerca de ellos para amarlos y de- 
fenderlos de peligros y contratiempos, Y lo que decimos 
de una madre, se extiende á cualquiera respecto á su na- 
tural deseo de seguir viviendo con sus parientes y amigos. 
Biumentritt dice que los de Cebú, Bohol y Ban- 
tayan situaban su Paraiso en un monte de Borneo, y 
supone por esto que ellos procedieron de allí, pues los 
malayos suelen señalar como su Paraíso el punto de 
procedencia (i). Según Quirino, en algunas islas ere-* 

(j) Según el citado sutor, el Paraiso de muchas naciones malayas es un bosque 
sito en los territorios de donde habían emigrado. Otros isleños suponen que es 
una isla vecina. 

Los alfuros de la isla Minahasa (Célebes) suponen que las almas de los po- 
bres vagan por los bosques y montañas, mientras los de los ricos van al Paraiso 
Kasenduksn. 

Los olo-ngadjus de Borneo creen que las almas van á Leiuu-liau, país de las 
almas, á continuar la misma vida sembrando, cosechando etc. incluso los malos. 
pues creen que la miseria de esta vida es suficiente castigo, excepto los ladrones, 
los suicidas y los hijos adulterinos: los ladrones cargan siempre con los que han 
robado, los suicidas siguen sufriendo los dolores de su suicid'o, y los hijos adul- 
terinos vagan al aire libre sin casas. 

El Paraiso de los idaen de Borneo es el monte Kina-balu; para los sibuyaos 
de idaen es el Sabayan con siete departamentos; los de la isla Nías, su Paraiso 
es el Banua — (tierra) -ni ha (hombre) tsu (abajo); es como otro mundo con su« 
r&ncherías, sementeras, rios, bosques etc 

Los Orang-benuwa, salvajes malayos de Borneo, especie de igorrotes (su nom- 
bre significo, hombres de tierra, aborígenes) creen que en la mar está Pulan 
ifuwah (isla de las frutas), á donde van los que mueren de muerte natural, y los 
de violenta , van a Tamahmerah (país rojo), un lugar triste. 

Los baduwis de Java creen que las almas de los buenos van á Lemahbodas 
(país blanco), su paraiso, y los malos se queman en los cráteres de los volca- 
nes, como también creen nuestros bagobos de Mindanaw, sus vecinos. Los demás 
javaneses sitúan su Paraiso en ciertos lugares de la costa meridional de Java. 

Los sudaneses creen que las almas van á la colina Gunung-Dangka 

Los de las islas Watubela (S. E. de Ceram) tienen unos tibores que llamar» 
bigun, donde creen que residen las almas de sus difuntos, como en las ánforas 
cinerarias de los romanos que vimos en Gerona (Espafia). 



(42) 



ISABELO DE LOS REYES. 



ían que no se podía salvar ninguna mujer que no 
tuviese marido porque éste acudía en la otra vida á 
á darle la mano en cierto paso de un rio muy ¡telígro§o r 
que tenía por único puente un madero angosto, el cual 
se ha de pasar para ir al lugar de descanso que llama- 
ban Kalualhatian. 

Según Aduarte, los filipinos creían que muerto ef 
cuerpo, iba el alma á un rio ó laguna, donde había 
barca con un tripulante anciano, y para pagar el pasaje, 
ataban dinero (i) al brazo del cadáver y para que se 
permitiese á las mujeres parar, pintaban de negro sus 
manos, y el alma iba á pasar á unos campos muy fio-* 
ridos y amemos donde pasaba una vida muy placentera, 
comiendo, bebiendo y holgándose hasta que viniese otra 
vez á este mundo. 

¿Según Blumerítritt, los higuecinas ó igueines (vis. ant.) 
creían que el anito Maguayau lleva las almas en su balañgay 
(embarcación) á otra vida. ¿Es el mismo Pandakesital 

Sobre esto, sólo hemos oido en llocos que en medio 
del mar hay una isla de culebras, á donde éstas cuando 
llegan á ser muy viejas, se trasladan desde la isla de 
Luzón y allí se convierten en piedras. Pero nada más. 
Lo que dice Aduarte quizás sea un error. Los filipinos 
solían enterrar á sus muertos con sus armas, instrumen- 
tos y utensilios, y á los navegantes, les ponían en ataú- 
des en forma de embarcación, para utilizarla, pues creían 
que la otra vida era muy parecida á la presente. Y 
esto habrán tomado los europeos como la barca de 
Carón. 



(i) Pero <Jsi los filipinos no -tenían dinero? -A no ser una laminilla de oro 
que ponían y aún ponen ahora en llocos Norte en la boca de los cadáveres, pero» 
decían que era para evitar la pronta corrupción. <No será esto un plagio del 
barquero Carón de los griegos y corrupción de lo que había dicho el P. Quirinoí 



(43) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Según el P, Vülaverde en su Informe publicado en 
el Correo Sin*»Annatnita de 1879, los monteses del Kian« 
gan señalan las estrellas y planetas, especialmente el sol 
como moradas de deidades. No pudimos comprobar si 
es cierto ó no; pero esos mismos monteses señalan como 
Paraiso el monte de Kadungayan, lo que parece contra- 
decir lo afirmado por Villaverde. 

Opinamos que para los monteses, las estrellas no 
pasan de ser unas lámparas colgadas en la bóveda ce- 
leste, Ni siquiera aproximadamente se figuran su ven 
dadera magnitud. 

Los bulalakaunos de la Paragua señalan como mo- 
rada de los dioses ó genios invisibles el ísfiacio í y tam- 
bién los ilocanos y fagalogs le señalan como la morada 
de los katataw-tan^ del ave fabulosa, etc. 

Langit) significa cielo, ese espacfb azul que vemos 
sobre nuestras cabezas; pero no era el Paraiso de los 
filipinos antiguos. 



(44) 



VII. 
No es filipina la idea del infierno. 

Según fray San Agustín, los bisayás llamaban el 
lugar de penas Solad, y según fray San Antonio, Ka^ 
sanaan. El anito Pandakesita lleva las almas al Sulad 
y por medio de los sacrificios de los babaylans, suben 
al Paraíso, de modo que es mas bien Purgatorio. Según 
Blumentritt, Pandakesita, si no es vocablo castellanizado, 
debe estar compuesto de Pandak (enano, debe ser ei 
mismo anito enano Kukü de los mandayas) y de Sitan, 
que así llaman los mahometanos á Satán. Por lo tanto, 
la idea del infierno no es filipina, sino importada. Ex- 
cepto los bagobos de Mindanaw que señalan al volcan 
Apo (i) como infierno (Kilot), y los tagbanua de Para- 
gua que consideran como tal el Basaud, los filipinos no 
tienen vocablo correspondiente á infierno. El Sulad de 
los bisayás debe ser verdadero infierno. Creemos, pues, 
que los filipinos como los malayos de Borneo, nuestros 

(i) No sabemos si los bícoles consideraron como lugar de penas el volcan 
Mayon; el P. Castaño dice que ellos hablaban de un lugar de fuego llamado 
Gagamban, morada ¿el Asuang; m«s en el Diccionario bícol no hemos encon- 
trado Gagamban si otra palabra correspondiente á infierno. 

(45) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



vecinos y hermanos, no conocían infierno y considera** 
ban á Dios incapaz de ensañarse con un muerto y que 
las continuas miserias y disgustos de esta vida son su- 
ficientes castigos á nuestras debilidades. Esto mismo 
es lo que consta en la Biblia. Ver nuestro Evangelio 
Filipino, págs. 56 — 58. 

La idea de los cráteres de ios volcanes como infier- 
nos, ha venido de Borneo, donde aún ahora se profesa. 



(46) 



VÍIL 
Sacerdotes y Sacerdotisas. 

Según San Antonio, los filipinos tenían una especie 
de obispo llamado en tagalog "Sonat, á quien reveren- 
ciaban todos como quien perdonaba pecados y ordenaba 
en sacerdotes y sacerdotisas y esperaban salvarse por 
su medio y podía condenarlos á todos. No andaba 
este oficio si no entre los mas principales y honrados, 
por ser de gran estima entre ellos." 

El Sr. Retana padeció un error al suponer que 
sonat era un circuncidador, como también se han equi- 
vocado los Pr. Martínez de Zúñiga y Noceda al ase- 
gurar que se llama sonat el circuncidar ó cortar ó abrir 
algo á hombres, doncellas y niñas. La circuncisión 
masculina con fines higiénicos se llama tuli ó turi ó pag- 
tutult, y el cortar algo á la hembra, mujer ó animali 
para que no sienta lujuria, se dice bating, en tagalog. 
Los tagalogs antiguos hablaban de un mamamating 
tawo, hechicero ó curandero, y parece ser el circunci- 
dador de mujeres. Según Morga llamaban sagras á la 
circuncisión. E$ta práctica era mahometana no filipina. 

(47) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Los sacerdotes filipinos, según sus merecimientos, 
estaban consagrados al culto de ciertos anitos, y eran 
de varias categorías, siendo el Prelado el que hacía los 
sacrificios al Creador ó á los grandes Anitos. En Zam- 
bales se llamaba Bayoh el principal entre los sacerdotes. 

Este Bayok era el encargado del culto de Malyari, 
dios supremo de los Zambales, de significación parecida 
á Maykapal) el que tiene poder, dueño ó creador de 
todo. Era su oráculo ó profeta, y el que ponía nombre 
á los principales. 

Los bisayás, parece que tenían sus obispos; en la 
secta que se levantó en 1673 hasta tuvieron Papas, 
como en las recientes del Papa Isioy otros. En la época 
de la Conquista española, el babailán de Bohol era "muy 
principal", era su oráculo en sus necesidades; ostentaba 
valiosa vestidura adornada con chapas de oro; era rico 
y poseía las minas de aquella isla. 

Por lo que dicen los cronistas españoles, se vé que 
la primera jerarquía sacerdotal se reservaba á personas 
escogidas y de más merecimientos. No eran unos entes 
ridículos que se vestían de mujer; pero usarían vestidu- 
ras talares que á los profanos parecerían faldas femeninas, 
como parecerían á los extraños los sacerdotes romanos 
vestidos de alba y casulla, Tengamos en cuenta que 
los primeros españoles encontraron ya divididos á los 
filipinos como están ahora, en tribus monteses de negritos 
é igorrotes, y en las costas había grandes pueblos casi ya 
tan civilizados como lo están ahora. No eran tribus in- 
civilizadas, sino pueblos ya como lo están constituid 
dos ahora. Hasta el extremo de Luzón, por ejemplo, 
Lawag (llocos Norte) era ya un pueblo de cuarenta mil 
almas, y así de los otros, aunque no tan poblados. En 
Manila había murallas y hasta cañones. Los filipinos 



(48) 



ISABELÜ DE LOS REYES. 



tenían reyes que sostenían relaciones diplomí ticas coa 
los países vecinos; poseían grandes buques en los cuales 
llegaban hasta Borneo y otras islas malayas; usaban 
vestidos hasta de seda; tenían escritura propia, comían 
en platos de porcelana procedentes de China, y otras 
pruebas de su adelantada civilización. 

Los sacerdotes filipinos, como lo son ahora los bag- 
lanes de los itnegs, eran los mas respetables en los 
pueblos por su ejemplar conducta; no eran como ciertos 
sacerdotes y fariseos que so pretexto de largas oraciones, 
se limitaban á vaciar los bolsillos, sino semejantes á los 
apóstoles constituidos por nuestro Señor Jesucristo, mo- 
ralizaban á los pueblos con sus predicaciones, conser- 
vando la pureza de las costumbres, y ponían límites á 
los excesos de sus bromas en sus fiestas. Según un 
cronista 'fraile,- si la bulla traspasaba los límites de la 
prudencia, el bayok arrojaba sobre sus cabezas un poco 
de polvo, salvado ó arena y como por ensalmo se res- 
tablecía el orden. 

Sacerdotes y sacerdotisas, mas que ea sus ceremo- 
nias, ponían su mayor dudado y esmero en curar á los 
enfermos con masaje, aceite (i) y plantas medicinales, 
cuya admirable eficacia sólo ellos conocían Y aquí po- 
dríamos enumerar casos fallados por la Audiencia espa- 
ñola de Manila en que enfermos desauciados por doctores 
hispanos, fueron fácilmente curadds por esos sacerdotes 
médicos. 



(i) '¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame á los ancianos de la Iglesia 
y oren por él sobándole con aceite en el nombre del Señor," Epístola de Santiago, 
V, 14. 

(49) 4 




Escultura de igorots 

La mano derecha está rota: debía prolongarse hasta 

unirse con el brazo izquierdo, 

¿ES KABÍGAT? 

'(¡o) 



IX 
Ceremonias. 

Además de las mencionadas, había las siguientes: 
Bautizo. Cuando los itnegs dan nombre á sus * ni- 
ños, los llevan á un bosque acompañados de* un Baglan 
y de muchos amigos. Cuando llegan á la sombra del 
árbol escogido, se acerca el ministro de Anito con un 
machete (bolo) y teniendo cerca al neófito, dice solem- 
nemente: Tu te llamas... (el primer nombre escogido), 
descargando un golpe sobre el tronco. Si el árbol suda, 
el niño ya tiene nombre; pero si no, dará nuevos golpes 
y pronunciando otras denominaciones hasta que el árbol 
sude, Este bautizo que aún se conserva entre los mon- 
teses de Abra, debe de ser el genuínamente filipino. Los 
campesinos de llocos conservan un bautizo parecido 
descargando el machetazo en el dorso de un plato de 
madera y lo llaman buniag ti sirok ti latok. Con esta 
ceremonia cambian de nombre á los enfermos gf&ves, 
Los mejicanos llaman Tlatok á su dios de la enfermedad. 
Entre los antiguos zambales, el neófito* llevaba suelto 
el cabello, del que colgaban algunas piececillas de oro 

(SO 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



y se colocaba sobre una piedra alta rodeándole parien- 
tes y amigos. Después de algunas ceremonias, el hayok 
echaba la sangre del cerdo sacrificado en la cabeza de 
aquel (i) y cortándole las puntas de la melena, arrojaba 
las laminillas de oro (2) que ae arrebataban los presentes 
con una algazara de gritos, música y cantos. 

Los samales-laut de Basilan también tienen una es- 
pecie de bautizo que llaman Gunting. 

Purificación por el cautiverio, Otra ceremonia imi- 
tada ó parecida al bautizo. Un principal que había caído 
cautivo, no podía regresar á su pueblo sin haberse antes 
purificado. Se bañaba en algún río, arroyo ó mar, y des- 
pués el babaylan, ataviado de sus ornamentos especiales 5 
después de cumplir- algunos ritos, partía un coco echando 
el caldo y una yema de huevo ea la cabeza del cautivo. 
Luego, éste volvía á bañarse y ya era recibido por su 
familia y amigos con alegría, que se traducía en un 
banquete. Suponemos que esta purificación obedecía 
á que los filipinos y los japoneses consideran como co- 
barde al que caiga vivo en poder del enemigo. 

Bodas. Los regocijos (banquete, baile y música) 
empezaban desde la mañana, y al anochecer, la sacer- 
dotisa, bailando al son de la música, sacrificaba un cerdo. 
Luego presentaba un plato lleno de arroz crudo, encima 
unía las manos de los novios y con un ensordecedor 
alarido celebraba el matrimonio. 

Asado ya el cerdo, preparaban la comida. Como 
sus mesas eran bajas (dulang\ los comensales se senta- 
ban en el suelo y los novios juntos sobre las faldas de 
sus madrinas. Los novios comían en un mismo plato 

(t) Debe ser imitado de los cristianos 

(3) Imitado S&mbien de las monedas y dulces que arrojan los europeos en sus 
bautizos. 



(52) 



ISABELO DE LOS REYES, 



y en un solo vaso. Sus madrinas les asistían y les 
enseñaban los deberes y la higiene de los casados. Los 
concurrentes celebraban con risotadas las frases signifi- 
cativas de las madrinas. La sacerdotisa ensalzaba el 
matrimonio y acababa por pedir para los ^desposados 
un escote ibtgay kaya) á los concurrentes^que reunía en 
un plato. Los invitados se retiraban llevándose unos 
granos del arroz que sirvió en la ceremonia del casa- 
miento. • 

Si se trataba de esclavos, ia ceremonia se reducía 
á beber los novios en un mismo tabo, y dar un grito. 



53) 



X, 

¿Cuáles san las creencias religiosas de los 
negritos? 

Visto lo histórico, vamos á insertar ahora nuestros 
apuntes por regiones, de Norte á Sur, y veréis que á 
medida que nos acercamos al Sur, punto de procedencia 
de los hindus y mahometanos, se vá por ellos adulte- 
rando cada vez más la Religión filipina. 

La teogonia de nuestros itas ó agtas (negritos) que 
parecen ser los aborígenes de todo el mundo, (quizás e| 
tan buscado intermedio entre el hombre y les antr©- 
poides), pertenece ai mas primitivo animismo. Léase bmm 
animismo y no fetiquismo (i). Ésto ya es una pruebm 
de que el fetichismo puede ser no anterior al animismo. 
Sentimos no habernos proporcionado noticias directas de 
los negritos; pero es unánime entre los misioneros espa- 
ñoles el dicho de que ellos apenas si tienen religión^ 



(*) Solo el P. Castaño dice haber visto entre los agtas de Camariaes mnm 
estatuitas de madera ó grabadas en «Ha, de formas humanas; pero cree <j«e l*n 
imitaron de los ídolos de los romanistas. Advierto que este franciscano es »a$r 
novelero, como lo veremos, 



(55) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



basando sus afirmaciones en meras conjeturas. Parece 
Indudable que rinden culto á los muertos. Cercan sus 
sepulturas avisando á los vecinos para que inconsciente- 
mente no los profanen bajo pena de muerte (i); y las 
abandonan, 

Los agtas de Kagayan creen que las almas van al 
bosque donde tienen su Paraíso. Y "siempre que matan 
alguna res, según el P. Villaverde, cortan un pedacito 
de ella antes de vender ó comerla y tirándola al espacio, 
dicen en alta voz: "Esto es también para tí ££ . Análoga 
práctica se s'gue en llocos; y entre los tagalogs que 
llaman pasinaya (primicias). 

Los agtas de Camarines Norte entiefran el cadáver 
debajo de su casa y después se mudan de ranchería. 
Por eso permanecen poco tiempo en cada sitio y viven 
como nómadas. A los de superior categoría, se les 
pone en ataúdes y son enterrados en el tronco de los 
árboles; se abstienen de hacer muchas cosas útiles por 
evitar Imaginarios males; las mujeres son las que cons- 
truyen sus casas, por creer que á los hombres sobrevendría 
algún infortunio, si lo hicieran. 

Al P. Castaño le dijeron los negritos de Camarines: 
*'que creían que allí en el cielo moraba un Señor grande, 
que era quien truena y manda sobre la tierra las cosas 
que causan miedo. Que después de muertos andaban 
vagando errantes por las vegas á los bosques, apare- 
ciéndose con frecuencia de noche, hasta que por ñn des- 
aparecían de esta tierra para ir á morar en otro lugar 
eternamente." Noticia del hicol, 1895, Archivo del señor 
Retana, tomo I. 

Según Ang Suga de Cebú, llaman Mahana á Dios; 
pero dudamos que sea cierto, pues ni Mr. A. B. Meyer 

{1% Lo mismo hacían los antiguos filipinos de las eostas. 



(56) 



ISABELO DE LOS REYES. 



que tanto estudió á nuestros negritos ni los siete auto- 
res extranjeros que le proveyeron de datos, encontraron 
vocablo de negrito correspondiente á Dios. ¿Mahana 
viene del visaya paggama (crear)? ¿ó es el Maaama» 
segunda persona del trimurti bagobo? 

Los negritos dumagats, costa NE. de Luzón, hablan- 
de Baiendiky demonio de piernas delgadas, color blan-* 
quecino y cabeza de caballo. De modo que mientras 
el demonio de los blancos es negro, según ellos es blanco- 

Según el doctor ingles Mundt-Lauff, los cegritos de 
Filipinas como los de Molucas adoran el sol con el 
nombre de Bof y mantienen en su honor una hoguera 
de noche, considerando como un gran pecado el escupir 
en el fuego. No lo hemos podido comprobar si es cierto 
ó no. 

Los negritos de Angat conocen los talismanes y 
tienen un llamado manibig, planta amatoria. 

Unos mestizos negritos de los montes de Sibul (Bu- 
lakán) me han dicho que á Dios llaman Maykadapat, tér- 
mino pampango que significa creador, equivalente á May- 
kapal y y que cuando piden su protección en los casos 
de peligro, le dicen: Oh hubo Maykadapat pantungoan 
(Oh abuelo Maykadapat, sálvanos). 

Entierran sus muertos con sus trajes, armas é instru- I 
mentos, para no verlos como recuerdos dolorosos, y des- j 
pues abandonan el lugar. Se prohibe acercarse á sus se- \ 
pulturas para no pisarlas. 

Dicen que en los bosques se oyen como personas 
invisibles que parecen derribar árboles, hacen rodar pie- 
dras grandes, arrastran ó acarrean cañas (bambús), etc. j 
Son las almas de algunos muertos. No conocen infierno 
ó lugar donde se quemen las almas. 

Al sol llaman sinag\ la luna, guimatá\ estrella, bituin\ 



(57) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



trueno, tukoddol\ relámpago, tókelat\ lluvia, dussok; alma, 
multó ó tumánod (tag.); padre, tigama\ madre, tigna. 

Me han dicho estos negritos que el alma de los 
muertos se llama anito y que no se atreven á verlo de 
horror. 

Sería extraordinariamente agradecido y acogido todo 
estudio que nuestros compatriotas de Zambales, Marée- 
les, llocos, etc. escriban directamente sobre las creen- 
cias y supersticiones de nuestros negritos y demás monteses. 

Los datos que hemos recogido de las obras ex* 
tranjeras, muy poca confianza nos inspiran. Ya hemos 
dicho que el P, Castaño es muy novelero, y los demás 
no lo serán menos. 



(58) 



. m XI. 

Teogonia de los igórots. 

También se basa en el culto de lo» muertos. El 
Anito supremo de las distintas tribus de igorots de- 
Luzón (apayaos, guinaangs, ifugaos y otras denomina 
ciones) es Kabunían^ sin duda el mismo Buni que según 
el Diccionario ilocano del P. Carro, (1849), es el dios 
de los infieles (monteses), y al decir de otro autor, Buni 
es el dios supremo de los monteses del Kiangan. 

Kabunían es capaz de aniquilar á todo lo criado, 
incluso á la misma naturaleza, y cuando truena, creen 
que se halla irritado y para apaciguarlo, le sacrifican un 
cerdo. Es su dios de guerra y de paz. Ahora bien, 
Kabunían no fué mas que un guerrero célebre, cuya 
sepultura aún se señala en el monte que lleva «u nom» 
bre en las cercanías del rio Bakun que se une al Am> 
burayan de Ilokos. Sinibaldo de Mas escribía en 1843: 
"A la tarde visité el cementerio de Bacun, el cual está 
á la bajada del pueblo sobre el río; encontré unos 
veinticuatro sepulcros de tabla de pino al aire, repre 

(59) 



^LA RELIGIÓN ANTIGUA 



sentando un carabao, otros un puerco (i), grotescamente 
esculpido; á estos cementerios llaman Luddut. En una 
altura vi incrustado en la pared, y formando capilla, el 
sepulcrcf de un antiguo principal de Bacun. No sé como 
podrían colocarse allí, á menos de colgarse los traba- 
jadores. - " 

"Subimos á la cordillera opuesta, y seguimos poco 
después con mucho riesgo hasta las, nueve, que empe- 
zamos á subir el alto monte llamado Cabunían que 
deriva de su dios: monte de piedra viva, el más peli- 
groso que he visto; teníamos que hacer hoyos en' la 
piedra para poner, y sostener los pies y empujarn* los 
unos á los otros: á la una de la tarde conseguimos lle- 
gar á la alta cumbre, en la cual hay un sepulcro que 
dicen los igorrotes ser el de su dios." Informe sobre las 
Islas Filipinas, 

Otros autores dicen que el Dios Supremo de los 
igorrotes se llama Apo; pero este vocablo significa 
stñor y abuelo, y es el tratamiento de Kabunían y de 
otros Santos. 

Kabunían % si es el mismo Apo, parece que tuvo por 
esposa á Bangan. Tuvo dos hijjos Lumáoig ó Lurnawid 
y Kabigat, y dos hijas Daunguen y Bugan, que casa- 
dos respectivamente entre sí, engendraron el género 
humano (2). 



(1) Como se vé, el culto de los animales está íntimamente relacionado con 
el de los nvuertos. 

(2) También Cain debió de casarse con alguna hermana suya; pero otro* 
autores sostienen que debió de haberse casado con mujer de otra raza,^ supot 
niendo que hubo otros hombres anteriores á Adam, en raión á que: lo Solo 
en el cap. V, vers. 4 dice el Génesis que Adam engendré hijas, esto es, 
cuando ya Cain había tenido hijas, que se historian en el capítu.o anterior, 
á no ser que haya procreado con su madre, lo que es inadmisible, porque 
vivía aún Adam. Y 8.0 Porque cuando Dios puso señal * Cala pata que *o 

(«fe) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Según otros, Bugan, es hija del dios Apo y esposa 
de Mananahahuty el señor del sol (?), anito principal de 
los kianganes. En este caso, Mananahzhut es el mismo 
Kabigat, anito de los igorots de Iiamunt y de los alta- 
bañes (centro de Luzón). Pero Apo, adem4s de Bugan, 
tiene otro hijo, Ubban % que quizás sea el mismo Iban t 
de que se hablará. 

Entre las innumerables tribus de monteses de Luzón, 
varían los nombres de sus dioses por la sencilla razón 
de que ellos deificaron á sus propios hombres célebres 
y antepasados. Probablemente ocurrió entre ellos lo que 
en la India, Egipto y otras partes, casando ó entroncando 
un dios da una tribu con los dioses de otra ranchería. 
Así Mananahahut, anito supremo de los kianganes, 
aparece como yerno de Apo\ como el santo principal de 
los igorots de Lepanto, Lumaoig y aparece como hijo del 
Apo Kabunían. 

Los guínaangs de Abra dicen que al lado de éste, 
hay un anito bueno Alan (Adán?) y otro malo, Apat* 

Y como son muchos los difuntos, de aquí que son 
tamb'en varios los anitos, que, según las rancherías, se 
llaman Misz, Dasiasoias, Balitok (oro), Línianiakaw, Ban- 
heis % Dalít) Sipat, Sadibubu, Salanga y otros. Indudable- 
mente, fueron politeístas ó conservan restos del primitivo 
politeísmo; pero la idea predominante de Kabunían 
absorve y hace suyo exclusivo el nombre de Dios; es 
el que se cree dotado de más poder. Le consideran 



le matasen, eso indica que había otros hombres que podían no conocerle, y 
además se dice que edificó una ciudad, lo que revela ya Ja existencia de mu. 
ckos hombres en su destierro, donde debía vivir aislado de la familia de Adam. 
Estos nombres y episodios del Génesis "eran solo mitos ó cuentos simbólicos, EL 
matrimonio entre hermanos se usó mucho en el Egipto y otras partes. Abraham, 
Brahma y otros se «asaron con sus hermanas. 



(61) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



como único Dios y cuando hablan de él, dicen: "Nuestro 
Dios", y nó "nuestros Anitos". (i) Aluden á un solo 
Anito, como los bagobos, tírurays y súbanos de Min 
danaw hablan de un solo Diwata; confirmándose lo que 
dicen los írailes cronistas que los filipinos eran ya mo- 
noteístas á la llegada de los españoles. 

Coinciden todos en que ese Anito supremo es el 
creador y que fué ua antepasado de extraordinario po- 
der y proezas, Los gaddanes llaman á su anito supremo 
Amanolay, criador del hombre y es r oso de Dalittgay. 

Los monteses del rio Agno invocan en sus enfer- 
medades á Kaspek y á Magsip, hijos del sol. Y quién 
es este anito Sol? ¿Es Mananahahut, señor del sol, ó 
es que Agno vino de Agni % dios del fuego de los hindus? 

Otras diosas de distintos igorots son Litnoan, Li*~ 
bongan y Libugon de los ifugaos; Tibagon, Bovang (tiene 
ídolo de baliti). 

Pati, anito de la lluvia de los ifugaos, quizás sea el 
mismo Si-PaL Pati en sánscrito significa señor; los hin- 
dus llaman á Wishnu Sri Pati. También los tagalogs 
adoraron en Lakan (señor) — Pati como protector de sus 
campos. 

Los ifugaos tienen además á Súnian t que recuerda 
á los sangiang, anitos tutelares de los dayaks de Borneo. 

Las almas de las tribus enemigas forzosamente se- 
rían los anitos maléficos; pero para los suyos serían 
buenos, y vi ce-versa, como ocurría en la India, Egipto, 
Persia y en todas partes. Así Nagbuyagan que es un 
anito poderoso para los igorots é ifugaos, es un de- 

(t) Así hablan los itnegs contemporáneas, y así hablaban los antiguos fili- 
pinos, según el franciscano San Antonio 738), el agustino Martínez de Zúñiga 
(1800); el autor de la Relación de Tuy (1739,] y el jesuíta Baranera en su Com 
pendió de Historia de Füipinas s y de su hermano Mateo Gisbert, Dtccienari» 
tiruray- español, 

(62) 



ISABELO DE LOS REYES. 



monio destructor para los itnegs. Es capaz de destruir 
á los hombres y demás anitos, excepto Kabunian, Debe 
ser otro guerrero célebre. 

Los igorots del Kíangan hablan de genios oíalos 
que llaman Karangat. 

Los katalanganes t|enen por anitos á Sialó y á 
Tchiekonan^ y por diosas, sus esposas Bmalinga y Be^ 
benangatii respectivamente: las cuales recuerdan á Ba^ 
ngan. 

Los igorots y guinaanes tienen por agorero el pa- 
jarito Suiit, y el kíring 6 kiling, pajarito de cuello en« 
cárnado y de gorgeo argentino, anuncia próximo huracán. 

Los igorots de Kagubatan (Lepanto) creen que 
las almas están encarnadas en las anguilas de la fuente 
de una cueva, lo* mismo que los de Célebes meridional 
y las de Amboina. Les echan de comer, diciendo; 
cAnguila [dalit), anguila, toma tu alimento, mejora mi 
cuerpo, no me des enfermedad.» 

Los mandayas hablan de una anguila fabulosa, el 
* Kasilig, que rodea el mundo, y cuando el cangrejo Ka- 
gang le muerde la cola, entonces la sacude produciendo 
el terremoto. 



Noticias propias. — Impreso lo anterior, llegué á 
Benguet, y entre igorots de aquellas deliciosas montañas 
y algunos procedentes de Bontok, leí los párrafos ante* 
dores, y aún finjiéndome igorot como ellos, á duras 
penas conseguí las siguientes noticias, pues después de 
soltar una, trataban de desfigurarla ó contradecirla. 

Creen en un sólo Dios, llamado Kabunían y abrigando 
aproximadamente la misma idea que los cristianos tienen 
de Dios, como creador, poderosísimo y superior á todo. 



(63 } 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Ellos unánimemente me aseguraron: — Ese mismo que 
vosotros los cristianos llamáis Dios, es el mismo Kabu- 
nían, pues en todo el mundo no existe más que un solo 
Dios para todas las naciones. La diversidad de nom- 
bres obedece únicamente á la diferencia de idiomas y 
de tradiciones; pero en el fondo nuestra religión es la 
misma que la cristiana. 

En esto, indudablemente ven mejor que esos mio- 
pes cristianos exclusivistas. 

Es inexacto - añadieron— que adoremos en muchos 
dioses. Sólo Kabunían es Dios; los demás que vene- 
ramos, fueron hombres sabios, poderosos; son como 
vuestros santos. Tampoco adoramos en árboles, ni en 
el sol ni en la luna. 

Otro me ha dicho: Dios es uo poderoso que no es 
hombre, es uno para todos. 

— Si no es hombre, ¿qué es entonces? 

— Un Ser superior á todos. 

Otro, estrechado, me contestó: — Fué hombre, va- 
mos; pero hombre muy extraordinario, como que es el 
que hizo todo cuanto vemos, sabio, poderoso, el que 
existió antes que todas las cosas y el que lo dirije 
todo. (Son fatalistas). 

Convienen en que Kabunían no es hombre, y sólo 
por no saber definir á un Ser racional que no sea hom. 
bre, asienten á que fué hombre. 

Sin embargo de esta idea moderna de ellos, hay 
restos de su antropomorfismo, pues dicen que Kabunían 
aparece en forma de igorot y desaparece; sembró en un 
terreno de Bontok que ahora tienen por sagrado, un 
puñado de arroz que rindió cosecha suficiente para man- 
tener á toda una familia ó casa, y también unos tubera 
culos que ellos llaman aba, 

(6 4 ) 



I SÁBELO DE LOS* REYES. 



A Kabunían, algunos le dan el título de Apo en su 
significación ilocana de Señor; pero la palabra Señor no 
existe entre los igórots. Y esto mismo jue aseguraron 
los monteses de Sibul, es decir, todos los hombres son 
iguales 

- Apo, en igorot significa sólo abuelo, y también es 
impropio, porque Kabunían no fué ningún antepasado, 
"Así me dijo un igorot ilustrado. 

¿Conocéis á un dios gigante como él Angngaló de 
los ilocanos? pregunté. 
— No; me contestaron. 

—-Pero Kabuttían, para poder hacer el cielo, debió 
, de ser un hombre muy alto. 
'01 > í— Sí,' muy largo, me contestó uno. Según otro, por 
ÉSsfe? dios, pudo hacerlo. 

f ,f *"' Un dia se volcó el mund >, esto es, lo de arriba vino 
abajo, y vice versa, pareciendo toda laJíum anidad, excepto 
dos hermanos, los cuales casados entre sí, renovaron el 
género humano. Pero un igorot educado por los cris- 
tianos, interrumpió: — Eso es el diluvio de los cristianos 
que oyeron nuestros abuelos; mas, no es nuestro, como 
tampoco Iban y Adán, lds primeros hombres, según 
esas tradiciones. 

Uno de Bontok me asev eró: Kabunían tuvo dos 
hijos, varón {Batanga) y hembra Bángan (i). Se casa- 
ron y engendraron dos gemelos, uno para cada pecho; 
niño y niña. Estos fueron los padres de tos que van 
con* taparrabos, jes decir, los igoro*s.. 

Cuando crecieron éstos, los primeros hombres pro- 
crearon otros dos gemelos, niño (Arrt) y niña {Aranf) % y 
los enviaron á llocos encargándoles que fabricasen fusil 



(0 . Los de Bcnguet dicen que Batañga es hembra, probablemente la, misma 
Báñgan. 

(65) 5 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



f lasoeeda. Los ilocanos, por lo tanto, fueron los inven- 
tases del fusil y moneda, según ellos 

Así fueron procreando de dos en dos, y fueron ios 
f&dres de las diversas naciones de la tierra. 

Los nombres de ios primeros hombres, así como las 
creencias, varían según los dialectos y rancherías. Los 
de Bantok dicen que fué el primer hombre Batanga, que 
«s el mismo Lmnaoig. Así se llama porque subió á lo 
uto, Pero los de Benguet lo pronuncian Dumagüíd. 
Suponen que es distinto de Batanga, Entre los primeros 
i^Mibres, citan los de Bontok á Alt ó Ari que significa 
ley; y á Inaldawan, por otro nombre, Aguew, el sol, 
áaieüo de las culebras y anguilas. Las mujeres eran 
Mingan, Bugan; pero no conocen á Daunguen, que 
éebe ser Dúgay. 

Otan también á Aran ó Adán y á fóan, y que 
*íet>en ser Adán y J5W; pero es de notar que la primera 
saiijer, según los ilocanos, se llamaba Aran. No conocen 
i Áftgngaló ni tradición semejante á la cosmogonía ilo 
3a?ia¿ pero algunos mencionan á ¿4// ó Ari (rey), que 
-idbe de ser el gigantesco Rey de la creación de los 
tagaíogs. 

Los igorots no están ciertos de los sexos: tan pronto 
ücen que tal personaje es varón, como otras veces, 
ietuBra, ni saben fijar quiénes formaron cada pareja. 

Según los de Bontok, los muertos van á los montes: 
mtmdo los igorots mueren, se dirijeñ al país de los 
ifacatios* lugar de calor; y cuando los ilocanos fallecen, 
wm á la región fría de los igorots. 

Mas s un igorot educado de Benguet contradice las 
sitíelas dadas por los de Bontok, asegurando: 

Los primeros hombres no fueron hijos de Kabunían 
m síki dioses; sino hombres extraordinarios, sabios, mé- 



(66) 



ISABELO DE LOS REYES. 



dicos, poderosos, y por eso en nuestros kañaw (r) (cere- 
monias ú oraciones por enfermedades), les invocamos, 
porque así se nos encargó, para que seamos curados. 
Las mujeres fueron sacerdotisas como Bángan, Búgan¡ 
Dügay y Kodíwan^ gran médica de heridas, capaz de 
resucitar á un muerto por heridas. 

Kabunían hizo á los primeros hombres: á los igorots, 
de tierra, y á los chinos, de excremento de karabaw. 
Es antiquísimo y general en el país el dicho de que las 
razas antipáticas fueron formadas de excremento. Los 
negros fueron hechos de noche y los blancos de dia. 
Y los distribuyó en la tierra. 

Antes el cielo era bajo; y cuando crecieron grandes 
árboles, Kabunían lo levantó. Entonces la luna era más 
brillante que el sol. Kabunían requisó los víveres que 
cada uno llevaba y halló en el sol carne y huesos de 
animales; mas la luna traía carne y huesos de hombres 
por lo cual Kabunían la castigó disminuyendo su claridad, 
tapando sus ojos coü lodo, Pero los de Bontok dicen 
que envidioso el sol de la luna, la cegó con barro: de 
aquí la obscuridad <te la noche. 

Para los igorots, pues, la luna es" un demonio 
ó un ser maléfico. Cuando hay un muerto, se ponen á 
ver en la luna un hombre que creen aparecer montado 
en ella. Y cuando nuestro satélite aparece en el hori- 
zonte como gran disco de fuego, le suponen muy malas 
intenciones y entonces le insultan con palabras deshones- 
tas, como si fuese varón. Así como una igorrota supone 
que el sol es hembra, 

Dúgay, invitada por Dumagüíd, intentó subir al cielo 
para ver á Kabunían; pero murió abrasada por el sol; de 
aquí descubrieron que éste es fuego. 

(i) Fíjense lo* tagalistAS que los ígoroU tie«*a w, g« } *k y f % 

(67) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



En Benguet, el sol es sekict, la luna bulan y el 
cielo akú. 

No gritan en los eclipses ni creen que el sol ó la. 
luna son devorados por algún dragón, y sólo invocan á 
Kabunían para que devuelva su claridad, como le invocan 
medrosos en los temblores. Sólo entre el vulgo corre 
el dicho de que un animal fabuloso mueve á la tierra 
en los terremotos. 

El arco iris no es ningún puente del cielo, sino señal 
de que hay lluvia n Vá á buscar peces en el río, cuando 
aparece," dicen Y quizás esto sea una metáfora para 
dar á entender que abundan peces cuando las lluvias 
remueven los ríos. 

Entierros: Sepultan sentados á sus muertos con todos 
sus utensilios, debajo de sus casas, excepto á los ricos que 
se meten en alguna roca. Si sueñan que el difunto ha 
estado con ellos, vuelven á enterrarle con nuevas comi- 
lonas. Tardan mucho ea inhumar sus cadáveres hasta 
después de haber sacrificado cierto número de ani- 
males. 

Según los de Benguet, las almas de los muertos van 
al Pülag y región desconocida de la tierra donde se reú- 
nen. Cuando llega un muerto, muchos salen á recibirle. 
El que se suicida ahorcándose, no es admitido en el 
Púlagt porque lleva mala respiración, como tampoco los 
malos. Quizás sea por esto que andan por los bosques 
haciendo daño. No tienen idea del infierno. 

En cambio, murió un hombre animoso, fué á Pulag, 
pero allí no quiso quedarse á pesar de las muchas per*- 
suaciones de los difuntos; riñó con ellos y consiguió 
volverse á la tierra. De él supieron la existencia de este 
lugar, y además, porque muchos asisten en sueños á la. 
conducción de los recien muertos á dicha región miste- 



(68) 



ISABELO DE LOS REYES. 



riosa, y sueñan ir aUá con los parientes del fallecido, con 
los animales sacrificados, sus muebles y ropas. 

Anitos, según ellos, son las almas de ciertos difuntos 
que hacen enfermar y otros daños á los vivos. Son sus 
demonios; no dioses, sino seres malos á quienes hacen 
sacrificios sólo porque dejen de hacer daño, 

Esto es importante, pues cualquiera dudaría de 
que los itnegs no piensen lo mismo que losj igorots; 
pero aunque vecinos, son enemigos mortales unos y 
otros. Por lo tanto, no es de extrañar que Anito (singu- 
lar) sea Dios entre los itnegs, mientras entre los igorots, 
anitos (plural) son diablos. 

Anito es vocablo extraño para los igorots, y signi- 
fica almas de hombres enemigos ó extranjeros; pero los 
igorots también veneran como sus ángeles custodios á 
las almas de sus abuelos que llaman attengs. 

Ángel es fantasma, alma de difunto. 

Bautizo. Al nacer una criatura, inmediatamente uno 
se pone agua en la boca y rocía- con ella al recien nacido 
diciendo: — Imita al agua que todo lo limpia. Los padres 
del niño son los que después le ponen nombre, cam- 
biándolo siempre que se enferme gravemente. 

Juramento. Un sospechoso ladrón ú otro que tiene 
necesidad de jurar, dice: ^'Kabunían es el poderoso, y si 
es cierto lo que se me imputa, muera yo ahora; y si no, 
que yo no me muera. " 

Y si hay dos sospechosos, uno pincha con un alfiler 
la cabeza de ambos, cuidando de introducir una misma 
medida. Y se reputa ladrón el que eche sangre. Lo 
cual se explica quizás porque al verdadero culpable se 
le agolpa la sangre á la cabeza por miedo natural. Si 
ambos echan sangre, ó ambos ró, no se sabe el ladrón. 

El sacerdote ó sacerdotisa se llama mambúnong. Son 

(69) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



viejos inspirados por los santos sabios, y prueba de ello 
es que todos son de mucha edad. 

Los igorots carecen de ídolos. Las esculturas que 
venden, no son tales, sino solo figuras de hombres y 
mujeres que venden como objetos de curiosidad ó ador* 
nos de casa. Llaman anitos los idolillos de oro como 
el de nuestro fotograbado, hechos por plateros iiocanos, 

Alrededor de sus casas, al aire, se vé una mesa ador- 
cada, de caña, de un metro y medio de alto, un metro de 
largo por ochenta centímetros de ancho. Es su altar, 
se llama banghílay; allí se parte el cerdo y se ponen 
los platos que se ofrecen á los santos y á los abuelos 
difuntos. A Kabunían no se ofrece comida. No la ne- 
cesita de los hombres. 

En Loó hay otro sitio como sagrado, pues dicen 
que allí apareció un santo ó algún difunto que pedía 
sacrificios ú ofrendas y se los ofrecen hasta ahora. 

Lumaoig, Lumawíd ó Dumagüíd fué un hombre cé- 
lebre y se casó con una santa de la tierra, Dügay de 
qu ; en tuvo un hijo, Timlügan. Después anunció que iba 
al cielo con su hijo. La gente se opuso alborotando y le 
suplicó que siquiera dejase á su hijo. Entonces partió 
en dos mitades á este. Se llevó una al cielo y allí la 
convirtió en Baduang, hombre que se hizo famoso. Des- 
pués de dos días, volvió Lumaoig á la tierra á ver qué> 
habían hecho los hombres de la otra mitad y la encon- 
tró podrida. Entonces la llevó al cielo y la convirtió 
en Kirú¿, relámpago, cerdo de fuego; y antes de tronar, 
suelen ver un cerdo que se encarama al árbol, que luego 
aparece abrasado por el rayo. 

En Benguet, el santo ó doctor mas célebre, que in- 
vocan los mambúnovg^ es Masíken; sigue en impor- 
tancia á su consuegro Kabígat, cuyo nombre significa 

(70) 



ISABELO DE LOS REYES. 



claridad, pues es natural de la región de donde nace <et 
sol, sin ser el sol. 

Había una vieja llamada Dügay muy enferma feacfei 
ya muchos años y encargó á su hijo Timlúgan fuese a 
consultar su mal con el famoso médico Kabígat. — Mar- 
cha — le dijo — hacia dónde nace el sol y cuando veas una. 
casa, pregunta allí donde mora él. Así lo hizo y le 
informaron que siguiera hacia el sol y al ver una casst 
eon un árbol baliti en el techo (este árbol solo crece en 
la cumbre de las rocas), que parase delante de ella y apa- 
recería Kabígat. En efecto, una vez llegado, aparéele 
un Jaombre hermosísimo, era Kabígat, quien enterado de 
su objeto, le siguió para ir á curar á la enferma. 

En el camino sintió hambre y sed; mas Kabígat 
le dijo que no se preocupase por ello, y en efecto, ai 
llegar ellos al monte Apunan (no salen dónde se líala 
este monte fabuloso), dio una lanzada á una roca y de ésta 
brotó agua cristalina con abundantes pescaditos paídjwg^ 
que les sirvieron de comida. Ya ellos en casa, Kabfgaá 
hizo el kañaw llamado saóúsab, sacrificando un cerdo y 
una gallina é inmediatamente quedó sana la enferma» 

Dügay es la patrona de la siembra y antes de recolec- 
tarla, le dedican unas ofrendas por medio del tnanzbémmg» 

Ceremonia^. Los santos autores 6 maestros de los 
mambünong, no entran en el cuerpo de éstos cuando les 
hacen revelaciones, sino en forma de hombres, solo ri- 
sibles á ellos, les enseñan al oido lo que les preguntan* 

En casos de enfermedad, el mambúnong pone vino 
tafey en un tabo (cascarón de coco) é invoca sobre A 
al anto doctor ó consultor. Lo tapa herméticamente 
y lo coloca en urv rincón. Al cabo de un cuarto de 
hora, lo destapa y lee en él si es curable ó no, hasta la 
medicina adecuada. 



(71) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Aglúyon. Suspenden con una cuerdecíta una nuez 
de buyo {bunga en tagalog) é invocan á los consuegros 
(que es lo que significa kaísing), Masíken y Kabígat, 
qu'enes les habían encargado averigüen por este proce- 
dimiento cuánto deseen saber. Formulan muchas pre*~ 
guntas, y al moverse la nuez, entienden que contesta 
afirmativamente. Así averiguan si la enfermedad es ó 
no curable y la clase de animal que se debe sacrificar. 

Las fiestas de los igorots son: 

Sahéng, fiesta de casamiento sin baile. Se sacrifica un 
cerdo y después otros tres. Desde niños, los padres hacen 
contratos matrimoniales y á los doce ó trece años los 
unen celebrando esa fiesta. 

Kapé, fiesta para inaugurar una casa recien cons- 
truida; se mata un cerdo. 

Pichit (la ch se pronuncia como en castellano) ó 
Ságat, según los dialectos de cada ranchería, es una 
gran fiesta, mayor que la de los filipinos civilizados, 
dicen ellos. La dan los ricos invitando á todos los pa- 
rientes y amigos, pobres y ricos, .de los pueblos vecinos. 
Se maían muchos cerdos repartiéndose uno para cada 
barrio, y aún dos, si el barrio es grande. Se distribu- 
yen cerdos, vaca y karabaw entre los pueblos vecinos, 
y dinero para animales, cuya carne se ha de distribuir 
entre los habitantes de cada pueblo. Se solemniza con 
declamaciones en verso {dattok), asistiendo á las cere- 
monias no sólo el niambunong, sino hasta ios ancianos. 

Dos días son los más celebrados del Pichit\ y llegan á 
trece aquellos en que se mata cerdo. I. er día: Oración 
sacrificándose diez cerdos. 2.° día se mata una vaca ó 
un karabaw comiéndose cruda la carne con papáit. 
Con carne obsequian á los que contribuyen con re- 
galos (so/pán). 



(72 ) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Día 3. se sacrifica un cerdo que consumen los con- 
currentes ricos, y también se mata un cerdo para los 
vecinos de la ranchería los días 5. , 8.°, 11, 13, 15, ió, 
18 y 21. 

Y no se hace nada en los días 4, 6, 7, 9, 10 y 12 
(este día es de guardar entre ellos). 

El día 13, se sacrifica un cerdo con oraciones, una 
vaca y un caballo, cuyas carnes se reparten entre los 
del pueblo como fin de fiesta para los no muy ricos. 
Para éstos termina el Pichit dicho día. Entonces se 
reciben muchos tibores ó pequeñas tinajas llena del vino 
que llaman tafey, vino hecho con arroz fermentado. 

Baibat, fiestecita para curar enfermedades. Se da 
cuando lo manda el mambunong que hace el büyon ó 
ceremonia de averiguar la causa de la enfermedad. Se 
mata un cerdo y hay baile en dos días. 

El Segpang ó Cha?aétk i según las rancherías, es como 
el Baíbat. Se sacrifican cerdos y hay baile. 

Amdag ú Osz/ t fiestecita que se hace para que no 
se enfermen cuando sueñan que han sido heridos ó cosa 
parecida. Cuando se olvidan de hacerlo y se enferman, 
entonces hacen el Aspol. ceremonia que sirve para ave- 
riguar lo que apareció en sueños: rezan sobre un tibor 
de taféy y mirándolo, creen leer en él el oráculo que 
desean saber. Matan un lechon ó un gallo. No se baila 
y se prohibe Ja entrada en casa durante dos días, ex^ 
cepto los que han concurrido á la fiesta, Esta prohibi- 
ción se llama Pidiew. Él que festeja no puede alejarse 
durante dos días y se acurruca con su familia en su 
casa. 

Palís^ fiesta para curar á un envenenado. Sacrifican 
un perro, plato delicado para ellos, ai estilo baglan, esto 
es, bailando con tamborcitos en la puerta de la casa del 

(73) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 

enfermo y accionando con machete y lanza. Dice el 
mambünong que estas armas hieren al envenenador. 

Instrumentos de música; Son cinco, el guimbal, tam*~ 
bor grande con agujerito en una punta; el sulíbaw, otro 
tambor mas pequeño; la gansa parece una palangana de 
metal; el pinsak, gansa pequeña; y el palas, otra pieza 
de hierro. 

Los tambores se calientan en una hoguera, para que 
se estiren sus cueros y se afinan así con la gansa y el 
pinsak. Después empiezan á tocar y bailar en frente de 
la casa de la fiesta. No tienen mas sonata que una. 

Sus cantos me recuerdan los de los japoneses. 

Baila una mujer llamada manárong ó manachong^ 
rodeada de cuatro hombres: el manáyatv que encabeza 
el baile, lleva dos mantas en los hombros; sigue el nta- 
ngalsa que toca la gansa; luego el maminsak y el ma*- 
triadas, que lleva el palas. 

Frente á los bailarines se colocan los que tocan el 
guimbal y el sulibaw llamados respectivamente mangim- 
bal y manodibaiv. 

Después de unas vueltas, interviene el mambünong 
y detiene por el hombro al manayaw, que repre- 
senta el alma del difunto festejado, y todos se paran. 
Entonces el mambünong grita; Llamo vuestra atención, 
consuegros: ahora que se han celebrado vuestras con- 
memoraciones, volved á vuestras casas hasta terminar 
los diez años. 

U otra oración. 

Mieotras está hablando el mambünong, los concu- 
rrentes cantan coa un sólo acento: 

Oway, oivay, y después gritan todos ios concurrentes 
hasta donde llegan sus pulmones. 

Bendiciones y oraciones: Se llaman ipaltik* 

(74 ) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Una: Atención, hermano: ojalá seas rico y yo tam- 
bién, vivamos todos, tengas canas y yo también. 

Antes de tomar el vino faféy^ rezan para que no les 
cause dolor de vientre, y dicen: 

Vosotros, abuelos ancianos, almas viejas que tenéis 
el taféy, haced prosperar nuestros trabajos para que 
tengamos con que comprar karabaos, cerdos y otros 
animales. 

Otra: Oh tu KaBunían, que has dado el arroz que 
hemos hecho lübud (arroz molido que sirve de levadura 
para fermentar el vino) y el taféy, haznos afortunados, 
como también nuestros trabajos, para que seamos ricos. 

Otra: Atención, bailarín (ai festejado que suele ser 
con su esposa el que rompe el baile); que seáis ricos f 
que vivan todas tus vacas, karabaos, cerdos y otras 
propiedades que posees, para que haya otra fiesta. 

Llama la atención el que no incluyan en !a bendi- 
ción á los parientes del festejado. 

. La persona ó los individuos de la familia que cos- 
tean estas fiestas, se distinguen por llevar en la cara 
una mancha de sangre del primer animal sacrificado. 

Los igorots de §agada (parte de Bontok) me han 
proporcionado distintas leyendss: 

El Diluvio, Al principio la "madre" tierra era 
plana; pero un dia Kabunían cerró el agujero donde se 
escapan las aguas y se colmó del elemento líquido la 
tierra pereciendo todos los hombres, excepto dos: un 
hombre y una mujer, que se salvaron respectivamente 
en las cumbres de los montes Pagad (al Norte) y Kala- 
wítan (Sur). La mujer encendió fuego frotando unas 
cañas, y al ver el hombre el humo, montó en un guim-* 
bal (tambor, en forma de cubo de un metro y medio de 
largo por treinta centímetros de ancho) y se dirigió á la 

(75) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



otra cumbre. Ayudó á la mujer á producir fuego y allí 
estuvieron un mes sentados contemplando el agua que 
todo lo anegaba, pues Kabunían había bajado y encarga- 
doles que no se juntasen hasta que lo avisara. 

Al cabo de un mes, se retiraron las aguas y enton- 
ces se vio por primera vez que había montes, abismos, 
ríos, mar y otros desniveles de la tierra. Entonces Ka- 
bunían bajó á decirles que se casaran para renovar el gé- 
nero humano, y les dio arroz y otras semillas, para que 
sembrándolas, tuviesen alimento. 

Estos primeros hombres se llamaban Adán é Iban; 
tuvieron ocho hijos que casados entre sí, engendraron 
el género humano. 

— Ah, esos son Adán y Eva, y los patriarcas ante- 
diluvianos, les interrumpí. 

Ellos contestaron: Seréis vosotros los que habéis 
imitado nuestras leyendas. 

Y me contaron la siguiente, que es parecida á las 
apariciones de Buda. 

Un día Kabunían se presentó en Bontok en forma 
de un hombre feo y lleno de llagas y se casó con una 
virtuosa mujer {Bángaril). Los, hermanos de ella se bur- 
laban por la fealdad de su esposo; pero ella les contes- 
taba que como era su esposo, le amaba á pesar de todo 

En un día de kañaw^ fueron todos al monte con 
lanzas, rodelas y salakots (capacetes) y como sintiesen 
sed y ya corría el rumor de que el tal hombre era Ka- 
bunían, su cuñado menor en son de burla le dijo: 

— Ya que haces correr la bola de que eres Kabu- 
nían, ¿por qué no haces brotar una fuente y bebamos? 

Kabunían dio una lanzada á una roca y brotó agua. 
Luego dijo: 

— Ahora, beban todos y tu serás el último (al cuñado). 

(76) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Bebió la gente y al final se acercó el cuñado á 
matar su sed, y estando bebiendo, Kabunían le dio una 
palmada y él quedó pegado á la fuente. 

Hasta ahora se señala en Bontok una roca en forma 
de hoaibre saliendo el agua por su recto. 

Kabunían sembró un plantío de abas (tubérculos), y 
estas abas, si se cortan de raiz, á la mañana siguiente 
vuelven á aparecer como si no se hubiesen cortado. 

Tuvo tres hijos de su esposa y un día la dijo: Los 
de arriba (cielo) no consienten que siga casado con una 
mujer de la tierra, así es que, rae volveré arriba y nos 
repartiremos los hijos. Así lo hicieron, dividiendo en 
dos mitades al tercero. Y Kabunían se llevó al cielo su 
parte que era Lumaoig. 

La muger de Kabunían contemplaba llorando la otra 
mitad que la correspondió y hé aquí se convirtió en una 
niña viva. Parece ser que esta pareja es la que engendró 
al género humano, quizás Kabígat y Búgan. 

Según los de Benguet, Kabígat fué el primer hom- 
bre que existió en el mundo, el más sabio y más pode- 
roso; pero no Dios. Como hemos visto, hasía la muger 
de Dumagüíd fué á consultarle. No conocen el nombre 
de la muger de Kabígat. 

Ignoran lo que significa la palabra igorót ó igodót t 
y dicen que es ilocana, con cuya denominación les dis- 
tinguen los ilocanos dando á entender que no son cris- 
tianos, 



U77 ) 



w 




Escultura icokot 
¿ES BANGAN? 

(/8) 



~ : 4 



XII. 

Religión de los itnegs (tinguianes). 



Estos que son semicivilizados, los intermedios entre 
los igórots incultos y los filipinos civilizados; y que vaa 
vestidos mientras el igórot solo lleva uq taparrabo, ase- 
guran ser monoteístas, como lo eran los filipinos civili- 
zados á la llegada de los primeros españoles. 

Es preciso investigar más á fondo las creencias, le- 
yendas y supersticiones de los itnegs, pues me parece 
indudable que entre ellos se conserva aún la antigua re« 
ligión de los filipinos civilizados, 

Los itnegs adoran en Anito, dios, creador de todo, 
omnipotente, sabio, bueno y justo que castiga á los 
malos. Sus imágenes consisten en toscos ídolos da piedra, 
como queda dicho. Cuando uno muere, dicen: Inafnmet 
ta Anito (lo llevó Anito), y creen que va á los montes 
y allí pasa el tiempo cantando, Su paraiso, pues, es una 
montaña como los antiguos filipinos, hindus, persas, he- 
breos y griegos (i). 

(i) Es curiosa la contestación que loa monteses de Tuy dieron i loa fraile* 
misionero*. «Callad, Padres, — lee dijo uno — que ae aabei» lo que ttablais f rWU 

179) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Tienen tres clases de casitas dedicadas al Anito, 
siendo extraño que no se halle en ellas ídolos. Es- 
tos se encuentran en lugares despoblados á la intemperie 
ó á la sombra de algún árbol de aspecto venerable por 
su fronda. Cada vivienda tiene alrededor una diminuta 
casita de caña de un metro de alto y de fachada, por 
medio metro de fondo, techada de kógon de un solo 
piso y pieza, (esto es, hay un piso principal ó entresuelo), 
sin paredes. En estas casitas, las viejas ofrecen comida 
á Anito en caso de enfermedad murmurando oraciones. 

La balawa y el kal~langán tienen las mismas formas 
y construcción que las casitas altares descritas, pero de 
mayores dimensiones: la primera la construyen los pu» 
dientes cuando se lo manda Anito; es de cuatro ó cinco 
metros de alto y de ancho por tres de fondo; y Ja úl- 
tima, de los pobres, es de tres metros de alto y de an*» 
cho por dos de fondo. Estas dos construcciones no. sirven 
para altares ó comedores de Anito como las casitas ofren- 
datorias; por lo regular los vecinos celebran tertulias en 
ellas, y sólo las pueden utilizar para depósitos, no para 
viviendas. Se construyen en el plazo preciso de nueve 
días, cuyas noches se festejan con cantos/bailes y* be- 
bidas, y en el último se celebra coií gran banquete y 
desusada animación, la fiesta que llaman sayang o lay-cg,/ 
la cual casi nada tiene de religiosa. Tara be~Ber el b'ási 
(vino extraído de la cañardtilce)" en estas fiestas que son V 
las mas celebradas, sé''sifven*dei r j^7^^ 



engañados Nuestro 'Anito nos dice quando nos havemos de morir,, y nos da 
remedios para curar nuestras enfermedades; pero vuestro Dios no 03 dice quando 
os habéis de morir, y assi, vosotros siempre estáis con ay!; no .'sabéis si iréis al 
cielo ó al infierno, que decís; pero nosotros sabemos ciertamente que hemos de 
ijf,á dtmde están nuestros antepasados*» Y se rfué' burlándose de'cWanto os frailes 
le decían para convencerle.— Relación &e.Ja nüsión de Tny, año 1739. 



ISABELO DE LOS REYES 



pone dé ocho ó siete cañutos enfilados, cuyos extremos 
están cortados escalonadamente de suerte que el líquido 
se deslize como en una escalera. Cuando reparan estas 
casitas, se dan otras fiestas, sin las cuales no se pueden 
tocar ni sacar de ellas el mas pequeño trozo de caña ó 
cogon. Así, las dejan á la destructora mano del tiempo, 
si el dueño carece de recursos para las fiestas. 

Los sacerdotes de Anito, hombres y mujeres, se lla- 
man baglan, que debió ser su verdadero nombre, y no 
bábailan ó katolonan. 

Los sacerdotes consagran las piedras destinadas á 
ser ídolos y ponen los nombres á los recien nacidos 
dando un machetazo al tronco de un árbol, y cuando se 
desea averiguar la suerte de un enfermo, el baglan des- 
carga un golpe con el aliwd (hacha muy afilada) sobre 
la parte del corazón de un lechón y enseguida acerca la 
mano á la herida, á ver sí el corazón se asomó á ella., 
en cuyo caso el enfermo se aliviará, y en caso contrario, 
queda desauciado, lo cual recuerda á los arúspices ro*~ 
manos que leían también en las eatrañas de las víctimas 
lo ue deseaban saber. 

Xamanismo. — -Cuando se acude al oráculo de alguna 
sacerdotisa, ésta prepara un gallo de los que nacen 
destinados al sacrificio, que son los de plumas blancas 
con patas de escamas amarillas, los cuales como se con- 
sideran de la propiedad de Anito, no los venden, regalan 
ni comen. 

La Pitonisa itneg comienza sus ritos hablando sola, 
rogando á Anito la revele lo que se desea saber; mien- 
tras perora, se pasea por la casa subiendo de tono cada 
vez más, y continuando así, coge el gallo ó gallina de 
Anito y sale á la azotea ó parte de la casa descubierta 
y hace algunas señas con el gallo en la mano, como si 

(81) 6 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



llamara á Anito; al fin degüella la víctima y corre á 
juntar con la sangre al enfermo. Vuelve á la azotea siem- 
pre parlando, y al soplar el viento, en cuyas alas creen 
los itnegs que llega Anito, vuela la baglan al lecho del 
enfermo, alrededor del cual se desmaya tiritando, ¡Ya 
Anito se internó en ella! Uno de la casa se acerca á 
preguntaila si la enfermedad es curable ó no, y estando 
fuera de sí 5 contesta Anito por su boca, Hechas las 
preguntas, la Sibila va recobrando los sentidos, Y des*- 
pues se adereza y comen el gallo (i), 



(i), EL ESPIRITISMO ES PRESTIDIG1TACION.— :Quc extraño es que los 
pobres monteses filipinos abriguen estas antiguas creencias, si hasta los modernos 
espiritistas en apariencias de cientíiicos, siguen idénticas prácticas? El médium, 
al evocar al Espíritu, se pone duro y cuando habla, hace creer que quien lo hace 
es el Espíritu, y también sopla viento desde el cuarto obscuro. Del mismo modo, 
él Dios del Génesis (III, 8) se paseaba en el Edén silbando ea alas del viento, y 
la Biblia habla de visionarios y de posesos parecidos. Los cronistas españoles de 
los siglos XVI, XVII y XVIII, casi todos frailes que odiaban y perseguían á muerte 
con su bárbaro Tribunal de la Inquisición, á toda religión que no era la suya, y 
ias supersticiones; aseguran unánimes que los baglans estaban en comunicación con 
seres invisibles y que hacían predicciones acertadas. Esto no prueba más que i a 
fuerza de las creencias antiguas, por erróneas que sean, pues arraigan en las con- 
ciencias como de segunda naturaleza. 

Dice Grasserie: "Cuando la creencia religiosa desaparece casi de un país; 
cuando la religión cristiana (de católicos y protestantes) está casi excomulgada de 
las sociedades civiles, sorprende la piedad que queda hacia ios muertos y que se 
recrudece cuando se duda de la inmortalidad del alma, lo que es contradictorio. 
-Casi todos ¿os espíritus contemporáneos admiten la reencarnación* En los siglos 
de incredulidad, la religión de los muertos ha sobrevivido á la religión propiamente 
dicha." 

Después de haber asistido á varias sesiones espiritas en Barcelona, no creo 
en su cientificismo, porque todo lo oculto inspira desconfianza, y desde luego 
no pue3e ser científico lo que no se quiere ó no se puede demostrar. 

Si hubiese algo verídico en los fenómenos producidos por los espiritistas, ya 
estaría conocido y sancionado por la ciencia; pero lo cierto es que ellos no pue- 
den obrar sino á media luz, rodeados de personas amigas suyas y en sus propia s 
casas. 

Los Tribunales ingleses acaban de resolver á favor del prestidigitador Mashenyn 
que apostó mil dollars contra el espiritista Corney, prometiendo producir y produjo 
por medio de la prestidigitación las apariciones y otros fenómenos que los espiri- 
tistas atribuían á Ioí espíritus. 

(82) 



ISABELÜ DE LOS REYES. 



En llocos y en las demás provincias filipinas se 
-conservan aún restos de semejantes prácticas sibi« 
Hticas. 

Allá, días después de ocurrir, ó sin ocurrir, 
una defunción, alguna mujer se siente atacada de ma- 
lestar ó escalofrío, la cubren con un manto negro (lam- 
'¿wtt¿f'en.tagalog\ y la preguntan creyendo que el alma 
del recien muerto, se metió en ella, y es la que contesta 
con jsu propia voz. 

t)ice Fray Gaspar de San Agustín (1698): « Parece 
<rue estos sacrificios se introduxeron entre los Bisayas 
pocos años antes de la venida de Magallanes y que se 
originaron de los Gentiles del Oriente, aunque no se 

En la polémica que estos difts se entabló en las Columnas del periódico fran- 
cés Le-Matin t el sabio Gustavo Le Bon ofreció un premio de quinientos francos al 
espiritista que levantase un objeto sin tocarlo, lo que es el a b c del Espiritismo, 
según Morselli; pero que se fotografiase con una instantánea, pues cuando fotogra- 
fiaron objetos que un fakir de la India hacía aparecer y desaparecer de la vista 
del publico, se descubrió que los objetos aparentemente desaparecidos por una 
ilusión óptica, quedaban en sus sitios, como lo demostró la fotografía L03 es- 
piritistas se excusaron con que los espíritus no quieren obrar sino con una semi- 
obscuridad. Y también en esto les cogió Le Bon en un renuncio, pues ello 
publican en sus revistas pretendidas fotografías hechas á la luz vivísima y deslum- 
brante del magnesio. 

En Barcelona, para convencer al público, los espiritistas de allá han publicado 
unas fotografías de espíritus que se han aparecido á ciertos médiums filipinos, á 
quienes vi tomar el pelo á los crédulos. Ál principal de ellos vendí unos libros 
que tratan de estas fotografías para que retinase un poco sus bromas* Pero los 
espiritistas de allá creen á :piá juntillas las fotografías hechas en Manila. Y vice- 
versa, los espiritistas de Filipinas creerán en las pretendidas apariciones que 
descáben los dos periódicos espiritistas de Cataluña. Y ruede la bola, que á largas 
distancias, largas patrañas también. 

El médium Sr. Jacinto Fornaguera, Director de La Razón Espiritista de 
Barcelona, á quien pregunté; por qué *aun los hombres de ciencia no han san- 
cionado el Espiritismo, me contestó: «Ellos creen en el Espiritismo; pero no lo 
confiesan públicamente por -miedo al ridiculo.* Cuando estos dias el director de 
Observatorio Fabra Sr. Comas Sola desenmascaró científicamente á los espiritistas 
-de Barcelona en la Revista La Actualidad, éstos no encontraron periódico que 
«quisiese continuar* publicando su defensa por miedo á ese ridículo, como lo con" 
fiesa Fornaguera en su folleto El Espiritismo ante la ciencia. 



(83) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



sabe de qual determinado Reyno, ó si de la China, 
donde son muy frecuentes y se llaman Tiao Kei,* 

Se refiere á los sacrificios semejantes á los de los 
itnegs que practicaban los bisayás, según refería Legazpi 
en su memorial al Rey de España antes aun de arribar 
á Manila. 

Es lo que llama Xamanismo Sir John Lubbok y que 
es general en Siberia, Filipinas y otras partes del Asia 
oriental. 

Creemos que muchas veces se trata de personas his- 
téricas, por lo regular mujeres, y como los síntomas del 
histerismo son extraños é incomprensibles, muy molestos 
y sin embargo parecen nada al exterior, empiezan por 
atribuirlo á algún anito ó alma de difunto que se mete 
en el guerpo de la enferma para hacer algún encargo á 
los vivos. Cuando la enferma siente ataques ó convul- 
siones castañeteando, entonces en llocos la cubren con 
ua manto negro y empiezan á preguntar al espíritu 
qué es lo que desea. La enferma, fuera de sí (i), 
contesta cualquier cosa; pero entre los presentes no 
falta quien se presta á interpretar la respuesta relacio- 
nándola con alguna cuestión de familia pendiente, muchas 
veces de buena fé, y otras, proponiendo solución favo"* 
rabie á los intereses que desea proteger. Y la enferma 
acaba por secundar los fines del intérprete. 

Según Graah (Voy age to Greenland) y Crantz (His-* 
iory of Greenland) % el anyekok de los esquimales (2) es 

(1) No mas ni menos que los espiritistas. En Barcelona vi que el mé- 
dium, antes de hablar, finje estar atacado de convulsiones, se pone duro ó histérico 
y queda como dormido. En tal estado de somnolencia é inconsciencia aparenta 
hablar y hasta enjareta un discurso fogoso de mas de una hora, A su lado hay 
otro espiritista que hace las preguntas. 

(2) Una observación curiosa: los esquimales que vi en el Buen Retiro 
de Madrid, se parecían á los igorots de Bontok de ojos pequeños, mucho mas 
que los chinos, á quienes se atribuye, quizás infundadamente, el origen de aquellos. 



(84) 



ISABELO DE LOS REYES. 



muy parecido al xaraan, y el espíritu (tomgak á quien 
%ma, l'ega como un ruido de aleteo. También el anito 
invocado por los baglans filipinos llega en alas del viento. 
Cualquiera supondría que astutamente aprovechan el 
primer soplo del viento que sobrevenga; pero ellos ase- 
guran que cuando el anito viene en alas de un viento 
fuerte, sólo sopla donde está el baglan en convul- 
siones, permaneciendo inmóviles las hojas de los árboles 
próximos. 

Según Williams, en las islas Fidji ocurre lo mismo 
y el poseso exclama: ¡Koi au, koi auí (Soy yo, soy yo!)» 
como, según el Éxodo, Dios exclamaba al aparecer á 
Moisés: Yo soy. Y cuando el espíritu le abandona, el 
iluminado cae con violencia al suelo, como el baglan 
filipino. 

Estos adivinos y en general el xamanismo, se rela- 
cionan también con los sueños. Dice Burton en Abeo 
Kuta, que los indígenas de Yoruba (África occidental) 
' creen que los sueños son revelaciones de los muertos; 
ó de los dioses buenos, según ios de Madagascar (The 
Adveniures of Robert Biury). Ya contaba el antiguo He- 
rodoto que cuando los nasamones deseaban adivinar, 
iban á las tumbas de los antepasados; después de orar, 
se echaban á dormir, y utilizaban su sueño para lo que 
deseaban adivinar (Melpomene, 172.) 

El xamanismo es una de las manifestaciones de la 
Anitería ó culto de los espíritus de los antepasados. 

No directamente, sino por algunos autores extran- 
jeros, estamos informados de que los itnegs hablan de 
DiodioaS) especie de dios Pan que debe ser corrupción 
de Dasiasoias y de Iuavanguan que recorre el espacio 
á caballo matando á los niños abandonados. Y nosotros 
pensamos que si anda á caballo, no será por los espac 



(85) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



cios. Entre los monteses de Abra hay un periodo 
supersticioso del año llamado kañaw (i), en que tienen 
necesidad de degollar á algún hombre, y salen á ace- 
char por lis rancherías vecinas y degüellan al descuidado, 
que por lo regular es un muchacho ó persona mayor. 
Ahora mismo, cuando en Filipinas se trata de meter 
miedo á los niños, se les amenaza con que viene un 
bandido, cuyas fechorías se temen Creemos, pues, que 
ese Iuananguan, como Nagbuyagan, eran al principio 
unos igorots de esos que acechan á matar á los des- 
cuidados. 

De aquí habrán provenido todos los seres fabulosos 
que matan á los niños abandonados. 

El labeg es ave de mal agüero entre los iínegs. 

Estos tienen amuletos y talismanes. 



(i) Aquí veréis que entre los ilocanos y los monteses existe el sonido de ñ? 
que do se puede suplir exactamente con ny, porque estas letras tienen distinto 
sonido, y los tirurays de Mindanaw tienen f. Por eso, propongo que en la re- 
forma ortográfica se acepten todas las letras necesarias y útiles. Si me objetáis 
que no, porque los antiguos filipinos no las tenían, os contestaré que entonce? 
dejemos el pantalón y volvamos al taparrabos. 

(86) 



XIII. 

Religión de los ilocanos. 

Siguen los ilocos vecinos de los itnegs, de los- 
igórots^y de los negritos; son entre los filipinos civiliza- 
dos, los que deben conservar menos adulterada la an- 
tigua Religión filipina por hallarse más al Norte (i) y 
aunque allí llegaban también los mahometanos del Sur 
(Mindanaw, Joló ó Paragua), por lo regular, era solo para 
saquear sus playas. He alcanzado la época en que esos 
moros malayos hacían piraterías en llocos y aún recuerdo 
el terror y el odio que inspiraban á nuestros abuelos. 

(i) La Religión filipina se Conserva más pura en llocos, porque allí no de- 
bieron haber llegado á mezclarse los aluviones de extranjeros; pero en su termino- 
logía religiosa parece que se conservan v:ces tagalas, indicando su procedencia. 

El nombre de Angngaló no es ilocano, quizás sea itneg. Mas los ilocanos 
llaman á veces á los tagalogs Angalog. Y si Angngaló es lo mismo que 
Angalog, aunque parece aventurado afirmarlo, entonces sería el Tagalog por 
antonomasia, el Padre de tídos los filipinos. 

Recuérdese que la denominación castellanizada de ilocano ó Hoco viene tam- 
bién de ilog, según los cronistas frailes, de manera que ilocano viene á significar- 
lo mismo que tagalog ó taga-üog y el que vive á orillas de un río, y en efecto,, 
■iodos los pueblos ilocanos se asientan sobre riberas de río. 

El nombre de Litan*) (flotante] es mas bien tagalog que ilocano; pero al 
menos los de Manila ya no lo recuerdan, sino á Siúkuy, que es el mismo, pero 
de distinto nombre. 

• {i' 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Los ilocanos creían en la existencia de un Creador, 
como lo prueba el que tienen el vocablo Ñamar suá, con 
que designan á Dios y significa creador, pero en reali- 
dad no fué mas que un gigantesco constructor, pues según 
la conseja, no sacó ser alguno de la nada, sino que todo lo 
hizo con las primeras materias ya existentes (i). Corres- 
ponde al Maykapal (quien hizo), Dios supremo de los 
tagalogs. 

El estudio de este gran Arquitecto constituye un 
verdadero descubrimiento y fijará el primitivo concepto 
que los filipinos tenían de Dios que hasta ahora se ha 
venido creyendo equivocadamente que era el pájaro 
tigmanukín, cuando ni siquiera se llamaba así, sino tig- 
mamanok. 

Averigüemos si ese Supremo Hacedor era un hom- 
bre divinizado (Anito), un ser espiritual, astro ó pájaro. 

Fué una errónea interpretación mía de lo que en el 
Diccionario ilocano había dicho el P. Carro, la afirmación 
de que Boni fué el Dios de los ilocanos, pues el men*- 
cíonado autor no se refería a los ilocanos, sino "á los 
infieles", y los que tenían este nombre cuando él escri- 
bió, eran los igorots, pues los primeros eran cristianos 
desde el siglo XVI. Buni ó Kabuoían, en efecto, es el 
dios de los igorots del Kiangan. 



{'') Seg ti Voltaire, los pueblos antiguos no creyeron en la creación de la 
primera materia, «En sánscrito no hay palabra que signifique creación ni apa- 
rece tal idea en el Rig-Veda, en el Zend-Avesta ni en Homero,» dice Lubbock, 
y añade: «Para las razas un poco mas adelantadas que los salvajes, la creación 
no es ta?, sino es solo el levantamiento de la tierra, ya existente en el fondo 
de la tierra.» Según los polinesios de Nueva Zelanda, el cielo y la tierra exis- 
tían desde el principio; pero la última estaba cubierta de agua hasta que la 
sacó con un anzuelo Maui ó Tangaloa, nombre que es parecido á Angngaló. 
Cosa perecida cuentan los indígenas de Tonga, Samoa y Hervey. Los últimos 
señalan un agujero de dos pies en una roca, donde se clavó dicho anzuelo, y 
esto recuerda el agujero de Aran, 

■ ( 88 ) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Cosmogonía.— Los ilocos coetáneos dicen que al prin- 
cipio existía un hombre llamado Angngaló, tan alto que 
de pié sobre la tierra, tocaba su cabeza en la bóveda 
celeste y con un paso iba de Vígan á Manila, distancia 
de sesenta y una leguas, pero que creían mucho mayor. 
Como los primitivos filipinos hacían sus casitas de bam- 
bú, elevando ya formada la techumbre, dicen que Ang- 
ngaló alzó y colocó la techumbre celeste (i), así como 
sus lámparas: el sol, la luna y las estrellas. Cavó el 
suelo que antes era piano y las tierras que extrajo, son 
hoy . los montes, siendo las colinas las porciones que se 
escapaban de los intersticios de sus dedos mal unidos (2). 
Hecho un abismo, alivió su vejiga y formó los mares y 
ríos. Sus aguas no eran saladas, pero las del mar se 
salaron á consecuencia de que en ocasión de que él 
trasladaba á sus tres hijas á Manila para vender sal, por 
un accidente cayeron en él con sus cargas. 

No nos cabe duda alguna de que Agngaló debe ser 
el Rey de la Creación que sólo vagamente recuerdan ya 



(1) Cuenta el célebre misionero John Williams, Empresas de Misisnes, Lon- 
dres 1847, que los de Tahiti ó isleños del mar del Sur, conservaban una antigua 
leyenda, según la cual los cielos estaban al principio tan cerca de la tierra 
que los hombres andaban arrastrándose. Estaban unidos los cielos y la tierra con 
cuerdas que desataron con sus alas millares de moscas de dragón y un hombre 
levantó la bóveda celeste á la altura de la planta teve ó sean unos cuatro pies; 
en ella la apoyó para descansar; por un segundo exfuerzo la alzó á la altura del 
árbol kauarikt, hasta la cumbre de los montes,- y por último la levantó á donde 
ahora se vé y adorarop á este honv re como el Elevador de los cielos. 11 

Tylor, en su Civtlisation primitíve, nos da otro Génesis polinesio. El cielo 
(Rangi) y la T erra (Pepe), muy enamorados^ estaban unidos en estrecho abrazo; 
así procrearon todos los seres, pero estos no tardaban en morir ahogados por 
sus abrazos, hasta que brotaron las plantas y habiéndose convertido en corpulentos 
árboles, consiguieron separar así á los pegajosos amantes. Entonces surgió la 
creación actual. E 1 Cielo, añorando las dulces caricias de la Tierra, llora ea 
rocíos y en benéficas lluvias que la fecundan; y su fiel y enamorada esposa, le 
envía sus tiernos suspiros en los efluvios de sus jardines, campiñas y bosques. 

(a) No hay gran diferencia entre Angngaló y el Dios alfarero del Génesis II, 7. 

(89) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



los tagalogs y del que habla el insigne escri^r tagalog 
Mariano Pon ce en su Folk-Love Bulakeño, y el mismo 
que se ceñiría como un taparrabo ó faja el arco-iris, por 
lo que éste se llama bahag-hari, taparrabo de rey» dando 
á entender que andaba desnudo como ios igórots ó los 
negritos; y la que tejió tan inmensa paja sería su mujer 
Aran, la Dauani de los bikols. El trueno vendría á ser 
su voz, como lo creen los salvajes de otros países. 

El gigante de los tagalogs: En Síbul (Bulakán) he 
recogido la siguiente leyenda: En un principio el cielo 
estaba muy bajo y por el calor no se podía vivir eo la 
tierra. Entonces vino un gigante tan alto que se en- 
corvaba debajo de la bóveda celeste y alzó á ésta. Y como 
aún era insoportable el calor de los ojos del sol, con 
un buho (caña-boj o) atravesó uno de sus ojos. Desde 
entonces el sol es tuerto y su calor soportable. Las 
huellas de este gigante se conservan cerca de Sibul, en 
San Ma^eo y en el río de Norzagaray. En este último 
punto se halla hasta las huellas de su perro. 

A este gigante llaman Cristóbal confundiéndolo con 
el gigante legendario del Catolicismo; pero su verdadero 
nombre debió de ser Meykapal, esto es, el que formó 
el mundo. 

Angñgaió y Aran al principio serían unos simples 
antepasados legendarios, como el Sukú y Mingan de los 
pampangos; pero después parece que de ellos se formaron 
mitos que tienen significación. 

En uno de los montes qi e hay más allá de la bocana 
del rio Abra, ala derecha, viniendo de llocos Sur, vi 
una hendidura de tierra de unos cien metros de largo 
que de lejos parece una huella de pié humano. Cuentan 
que es de Angñgaió y que hay otra en el monte Bul- 
lagaw, que debió de ser el Paraíso de los de aquella co- 



(90) 



ISABELO DE LOS REYES. 



marca. Los ancianos tagalogs me han referido que hay 
semejantes huellas en los montes de Mariveles y de San 
Mateo y que atribuyen al Rey de la creación/lo cual con- 
firma que éste y Angñgaló eran una misma persona. 

Uno de los grandes subterráneos de Abra se señala 
como la matriz de Aran, y de aquí deduzco que en la 
interpretación mítica, Aran es la Tierra y que Angñgaló 
es el Supremo Hacedor de inconmensurable poder, ésto 
es, Dios (i). Los igórots llaman madre á la Tierra. 

En el fondo del mito de Angñgaló y Aran no vemos 
más que el antiguo mito de que los seres nacieron de la 
cópula entre el Cielo y la Tierra. Los egipcios decian que 
Khum ó Shem, su Hércules (el Hará Kala de la India) 
que venció á los gigantes, fecundó á la diosa Sati ó á 
Anuké, símbolos de la materia. Los griegos cantaban 
que el Cielo (Urano) fecundó á la Tierra (Ghe ó Gea) y 
engendraron á los centimanos, los cíclopes, titanes y titá- 
nidos. Según los fenicios, Kolp (el cielo ó espacio lumi- 

UJ Estamos conformes con Lubbock en que entre las razas salvajes no hay 
mitos con significación, por no saber ellos formarlos; pero los antiguos filipinos 
(y los ilocos contemporáneos que conservan esta mitología), eran civilizados, y 
ellos bien sabían y lo saben que es una fábula; pero no sería una fábula sin oculta 
significación cuando la guardan con el cariño con que se conserva una joya he- 
redada de los progenitores. 

En Madagascar no hay ninguna fábula sobre dioses y diosas, de creer á Sibree 
(Madagascar and its Peopie) '. Y así ocurrirá entre los pueblos salvajes, cuya inte^ 
Hgencia no está aún cultivada para inventar estas ficciones; pero desde el momento" 
en que ya saben inventarse historias fabulosas de dioses, parece lógico suponer 
que llevan un objeto al crearlas y bajo esas formas literarias ocultarán una idea 
ó enseñanza. No olvidemos que todas las religiones antiguas de pueblos que ya 
sabían especular, gustaban de rodearse de misterios, creyendo que el secreto hacía 
más venerables, augustas y eficaces sus enseñanzas; al mismo tiempo que así podían 
refinar el grosero antropomorfismo primitivo, dando á las muy humanas historias de 
sus dioses significaciones abstractas. 

L-s -filipinos debían de tener sus mitos y misterios, como aún ahora los san- 
tones que de cuando en ciando aparecen, llevan sus libritos llenos de palabras 
y signos cabalísticos, que ellos explican -á los suyos. 

(90 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



noso) fecundó á la Tierra (Achera)ó al limo primordial 
(Bahu). Uoos malayos, hermanos de los filipinos, creen 
haber sido engendrados por el Cielo y la Tierra. Así 
creen algunas tribus de alfuros de Ceram, y añaden 
qué los temblores se producen con los esfuerzos de la 
tierra para restablecer su anterior estado, y lo mismo otros 
malayos. Los javaneses llaman padre (Bopo) al cielo {Koso) 
y madre {I bu) á la Tierra (Pratiswi). Brahma, el creador 
de los hindus, fué también gigante en el momento de la 
creación. 

Angñgaló debe ser el Atlas filipino de que ojeron 
hablar vagamente los PP. Buceta y Bravo, Diccionario 
Geográfico Histórico de Filipinas \ 1850; y suplieron la falta 
de noticias exactas sobre el mismo con las inventadas 
por Colín al ampliar las de Quirino. No hemos podido 
comprobar esta nueva cosmogonía ni entre los filipinos 
ni en otros autores más antiguos que ellos, y eso que 
creo haber descubierto las fuentes de sus datos. Atri* 
buían á los filipinos la leyenda de que "sostenida la tie 
rra por un gigante, hizo éste un movimiento obligado por 
la fatiga, y la tierra se sumergió en los mares, dejando 
sólo islas diseminadas á los hombres. Este es el Atlas, 
que en la mitología, sostenía el mundo sobre sus aguas, 
y cuya hinchazón cambió la primitiva forma de la tierra " 

Objeción mía: Los filipiros antiguos, por sus e'sca- 
sos medios de comunicación y las insuperables dificulta- 
des que se ofrecían á la misma., ignoraban que nuestro 
Archipiélago se componía de pequeñas islas, y se creían 
que la tierra era un continente que se podía recorrer 
hasta donde empieza y se levanta la cúpula del cielo. Para 
llegar allí, decían nuestros abuelos, se necesita andar 
siempre desde que uno nace hasta que sea viejo. 

En una nota de Las dos Babilonias, leemos que Ivan 







ISABELO DE LOS REYES. 



y Kallery atribuyen al Japón una mitología semejante al 
Atlas. 

No hemos leido esa mitología y no podemos decir 
si se acerca más á nuestro Angñgaló, ó ellos copiaron á 
Buceta y Bravo (i). 

En China, cerca de Fochow, más arriba de los puer- 
tos de Mingan, también existe una tradicional huella que 
llaman Bota del Mandarín. 

En Ceilan, en la cima del Pico de Adam, hay otra 
huella de gigante que se atribuye á Adam. Unos pue- 
blos, como los eslavos y alemanes, cuentan que Adam y 
Eva fueron gigantes; pero los hindus atribuyen á Budha 
dicha huella y dicen que se imprimió con la fuerza con 
que saltó al cielo (2). Los ilocanos la atribuyen al es w 
tado fangoso de la tierra al principio, lo cual es menos 
inverosímil. 

Antropogonía\ — ¿Y de dónde habrán salido Ang- 
ñgaló y Aran?. Me parece exacta la leyenda que nos 

(1) Los leni-lenape, según Mul'er, dicen que al principio Mánitu nadaba en 
las aguas (como el Espíritu de Dios del Génesis I, 2) y de un grano de arena - 
hizo la tierra; y de un árbol formó un hombre y una mujer. 

Los mingos y los attawas creen que fué una rata quien hizo la tierra de un 
grano de arena 

En Hill Tracts o/ Chittagong, de Lewin, encontramos un creador alfarero 
como el del Génesis. Según él, los kumis de Chittagong, Dios hizo con arcilla 
el mundo, los árboles, los reptiles y últimamente un hombre y una mujer; pero 
todas las noches, acabado el trabajo, 'una serpiente devoraba las figuras de barro, 
mientras dormía el dios, hasta que éste acertó á crear un perro qne ahuyentó á 
la serpiente. ¿No sería posible que el cap III del Génesis haya provenido del 
perfeccionamiento de esta tosca cosmogonía? 

L© admirable es que los chipewyans, según Dunn, en su Oregon, pensaban 
como los modernos geólogos que al principio el mundo era un globo de agua, 
del que el Gran Espíritu hizo salir la tierra. 

(2) Biumentritt me escribe que huellas de dioses, demonios y gigantes se 
encuentran en todo el mundo: en las cercanías de Leitmeiitz (Austria), donde él 
reside, hay en cierta piedra unas como huellas de mano que el vulgo atribuye al; 
diablo, por lo cual se llaman Teufelsptatze (de 7V*/>/-diablo, y Ptatze-ra.-i.no grande 
de un gigante ó pata de león ó tigre). 



(93; 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



trasmitió Quirino (i), de que los primeros hombres 
salieron de una caña en su mata (2\ Hasta ahora 
cuando uno dice en broma que no nació de mujer, le 
contestan los ilocanos: — "Entonces has nacido de una 
caña". — En los cañaverales de Filipinas suelen crecer 
dentro de los cañutos "en su mata" pez llamado bulan- 
bulan en ilocano, buan^buan en tagalog y en castellano 
significa pez de la luna ó lunar, y les parece esto 
como un fenómeno de la naturaleza, porque no ven 
agujero suficiente donde se haya colado dicho pez. De 
análoga manera habrán supuesto que los primeros hom- 
bres debieron de haber nacido de una caña (3). 

Recuérdese que cuando Angngaló formó el cíelo 

os montes y -los mares, ya existía la tierra plana, y 

por consiguiente pudieron existir cañas y otras plantas 

antes que los primeros hombres y animales. En las 

cosmogonías suelen aparecer antes las plantas que los 

(1) Pero no como la ampliaron Colín y otros- 

(s'j Si los brahmanes son los que nos trajeron esta leyenda, entonces halla- 
réis su origen en una leyenda suya, según la cual, el huevo del mundo flotaba 
sobre el mar de leche, y al cabo de un año, á la voz divina vatchf, revienta 
en dos mitades: el cielo y la tierra, en medio la atmósfera, y se vio á Brahma 
en figura de niño como un señor hijo ( Pati-anak.) meciéndose sobre las olas re- 
costado en una flor de loto (haeno en tagalog, según el gran botánico filipino 
Dr. León M.a Guerrero). De repente se convirtió en gigante y exclamó: ¿Quién 
conservará lo que yo he creado? De su propia, boca salió un espíritu azulado que 
contestó: «Yo*. Y éste como Angngaló ordenó lo creado. 

(3} «Bluraentritt me escribe: «Los malayos dicen también haber salido de 
una caña. Los de las islas de Mentawei (O. de Sumatra), Us de la parte SE, 
de Borneo (Pasir), los de Holontalo y los alfuros de la Minahassa (Célebes sep- 
tentrional), los de la isla Kabroeang ó Abotean [grupo Talaur) entre Célebes y 
Filipinas cuentan que el primer hombre fué Hoera Boelauro (Hura Bulao). Este 
cortó en el monte un bejuco ó rotaDg, y en este bejuco halló á un hombre y 
una mujer de quienes dichos isleños creen descender. .Según la conseja, los 
reyes de los alfuros de la isla de Ceram traen su origen de los árboles «Waringí* 
(especie de balitij y otros de un cocotero. Algunas tribus de Araboyna creen 
descender de trozos de caña, otras de caimanes ó as güilas.» Serán como los 
igorots de Lepanto que veneran á las anguilas, 

^94) 



ISABELO DE LOS REYES. 



animales, porque sin aquellas éstos no comerían. 

Resulta de esto que la creación de los primeros 
seres fué expontanea. Así, en efecto, creen los salvajes: 
que al principio todo surgió de la tierra expontáneamente 
como ahora las plantas brotan de ella (i). 

Las tres hijas de Angflgaió, cuyos nombres igno- 
ramos (2), se parecen á las santas de los igorots 
Bángan, Dúgay y Búgan, madres del género humano, ó 
á las tres hijas del encantado Sukú de los pampangos, 
que quizás sea el mismo. 

Parece que representan las diosas ó inventoras de 
la Sal, del Arroz y del Oro. Los ilocanos dan el tra- 
tamiento divino de Apo (Señor) á estas cosas indispensa- 
bles y hay una Diosa que se llama Balitok (oro). El 
arroz (3) que es su pan simbolizaría la conr'da, la sal 
toda vianda, y como los antiguos filipinos carecían de 
dinero, el oro representaría las riquezas. 

Los bagobos de Mindanaw hablan de un gigante 
Tagamaling y de Damakolen que formó los montes. El 
nombre de Angngaló recuerda al anito Mángalo de los 
bisayás y á Mangalok de los bulalakaunos de la Paragua. 
Si entre ellos, esos eran anitos malos, habrá sido por 
los odios de raza ó' de religión entre las distintas regio- 
nes del Archipiélago. En cambio, para los agutainos, 
Manalok que debe ser el mismo Mangalok, es el más 
respetado de los diuatas. 

Creemos que el Dios Supremo de los ilocanos, y 



(1) Los cafres bachafines creen que las cosas se hacían por sí mismas, cre- 
ciendo los árboles y hierbas por su voluntad (Burchel). 

(2) Agradeceré muelo que los que tengan mas noticias de Angngaló, y del 
Rey de la Creación las envíen al Renacimiento para su publicación; y otros datos 
que crean interesantes para completar ó rectificar mis humildes opiniones é informes. 

(3) En Benguet, Dúgay es la patrona de la cosecha del arroz, y antes de 
recolectarlo, le dedican ofrendas por medi« del mambúnong, 

(95) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



probablemente de todos lcfe demás filipinos civilizados, 
fué Angngaló, porque toaos los creadores fueron los 
dioses supremos de los denfás pueblos filipinos; y su prin- 
cipal atributo era el de Creador {Nmnarsuá ó Lumaláng) % 
6 Hacedor (Maykapal) 

En el Sistema religiosa de los amazulús del Rev, 
Callaway, en su antfopogonía, hallamos á Unkulonkulo % 
el Adam de ellos ó padre de sus tribus. Es algo pare» 
cido á Angngaló por su nombre, por haber nacido de 
uo cañaveral y por no ser objeto de adoración. Y según 
el Rev. Merolla, los del África occidental cuentan que 
los que hicieron el mundo, fueron nuestros antepasados 
suponiendo ellos imposible que la tierra y el cielo fue- 
sen obras de un Ser invisible é incorpóreo. Esto mismo 
creen los basutos, según Casalis {The Basutos) 

Angngaló, pues, como Kabunían y otros dioses su- 
premos de nuestras diversas tribus monteses, debió de ser 
algún antepasado divinizado, por su sabiduría ó ingenio, 
(así afirma un igorot ilustrado), en los tiempos remotos, 
en que aun los filipinos de las costas no llevaban ves- 
tidos. 

Ahora ya no recuerdan los ilocanos que Angngaló 
haya sido adorado (i), y aún dicen que trabajó el cielo 
y la tierra por orden de Dios; más esto debió de ser uoa 
mixtificación del Cristianismo que hace ya cerca de cua- 
tro siglos, abrazaron de tal modo que hasta les horroriza 
ahora como una gran herejía ó una % tontería ridicula cuanto 
se refiere á su- antigua Religión, habiendo conseguido 
los sacerdotes romanos hacerles creer que sus antiguos 
dioses eran los demonios, lo qué es un incalificable en- 
gaño, pues si dentro del* dogma romanista hay anitos ó 
santos protectores, siempre será más lógico invocar las 

(i) Pero sí, entre los tagalogs, e¡ Rey de la Creación. 

(96) 



ISABELO DE LOS REYES. 



almas de los antepasados que las de los extraños que no 
sabemos si fueron verdaderos santos, pues, según la his- 
toria de los mismos, los principales de ellos fueron los 
frailes, que como los que vimos aquí todos con nuestros 
propios ojos, hicieron matar á muchos cristianos inocen- 
tes acusándoles de masones ó filibusteros, no siéndolo. Y 
otros, ni siquiera han existido como los tres reyes ma- 
gos Gaspar, Melchor y Baltasar, pues esta interpolación 
búdica es falsa. S. Mateo no dice que fuesen reyes ni que 
se llamasen así, ni estos nombres figuran en las crono- 
logías reales de Persia, Asiría ni de Damasco. 

Según Morga, los antiguos filipinos veneraban las 
calaveras como si fueran vivos y los tuvieran presentes. 
Y comenta nuestro Dr. Rizal: "Encontramos mucho más 
piadoso venerar los restos de los padres á quienes lo 
deben casi todo y llaman segundos dioses de la tierra, que 
no venerar y reverenciar la memoria, huesos, pelos etc. 
de ciertos santos, muchos de los cuales fueron extraños 
maniáticos y de santidad tan dudosa, que se les puede 
aplicar lo que decía San Agustin: "que son adorados 
donde no están, y donde están, quemados " 

Todos somos igualmente hijos de Dos, y si nuestro 
Padre común dio Santos á los europeos, justo era que 
diese los suyos á los antiguos filipinos, porque sería ab- 
surdo que los haya creado á todos para el infierno. 

En el nuevo Catecismo publicado por el Papa Pió X 
se dice que los paganos que guardan una vida santa, s| 
mueren, también van al cielo, aunque no estén bautizados, 
porque, asevera con razón, que si bien no son cristianos. 
en lo ritual ó externo, lo son en lo fundamental, que es 
el culto de Dios por medio de un corazón virtuoso y 
caritativo, añadimos nosotros. 

Desde Angngaló para abajo, el culto de los ilocanos 



(97) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



era el Animismo ó Anitismo. Creían que muerto el hom- 
bre, sobrevivía su sombra, medio espiritual, medio visible; 
esa misma sintetización de la materia organizada y del 
espíritu que, según los principios de la filosofía espiritista, 
sirve para constituir el ser animal y el ser humano por 
medio de un lazo fluídico, plástico, que se denomina 
Peri~espíritu, Meta-espíritu ó cuerpo aéreo (i). 

Es como una emanación gaseosa que se forma con 
los vapores que transpiran por los poros del cuerpo. 

En la otra vida sigue casi lo mismo que antes; más 
ya es semi-espiritual; se sustenta con nuestros alimentos, 
pero sólo con su substancia. Así dejan los platos ofreci- 
dos visiblemente intactos, pero ya sosos y no aprovecha- 
bles (2). 

Los espíritus ó sombras viven comunmente en los 
bosques, despoblados, en las malezas ó huertas de los 
poblados y en las casas vacías. Cuando los vivos pasan 
por esos sitios, suelen perder su espíritu, pues se en- 
tretiene ccn ellos y se queda. Entonces el perdidoso 
cae como enajenado sin sombra ni razón, de modo que 
ese espíritu es la misma razón; se diferencia del alma, 
xomo la entendemos ahora, en que ésta es incorpórea, 
.y aquel tiene cuerpo aéreo visible como la sombra, y 
:j& veces es palpable. 

Los espíritus de los muertos pueden entrar en el 
cuerpo de los vivos para hacer encargos ó para moles- 
tarles, y esto creen también los malayos. 

Todos los que mueren, desde los fetos hasta los más 
viejos, dejan un espíritu que les sobrevive. 

(i) El Espiritismo es Filosofía, de González Soriano; Libro de los Espíri- 
tus, de Alian Kardec. etc, 

(2) También los monteses de la India, los chinos y hasta los civilizados eu- 
ropeos e» tiempos pasados ofrecieron comidas á sus muertos, y aun ahora vi á 
ios gitanos de España poner platos en sus tumbas. 

(98) 



ÍSABELO DE LOS REYES. 



Los espíritus de los fetos, envidiosos de nuestra 
vida, de que ellos no han podido disfrutar, á veces ex- 
travían á los caminantes y molestan, excepto á sus pa- 
rientes y amigos (i). En tagalog se llaman Patiának, 
Pa% en sánscrito, significa Señor, y Anak, hijo. Patianak, 
es pues, Señor hijo, ó anito (alma) de hijo. 

En llocos Sur se llaman kihaan ó kaibaan, y en 
llocos Norte, sangkahaguí. 

La imaginación del hombre primitivo era tan jugue- 
tona y fantaseadora, como la de los niños, y lo que él 
no sabía, lo suplió, y aún amplió con las quimeras que él 
se imaginaba. Los cantos nocturnos del grillo y simila- 
res, y las luces de las luciérnagas, los atribuyó á esos 
espíritus; como se anidan en los árboles y malezas, 
supuso que éstos eran las moradas de dichos espíritus 3 
creyendo que los cantos de los ortópteros son los ras^ 
gueos de la diminuta guitarra del Kibaao, y las luciér- 
nagas son sus lamparillas. Se llaman en bíkol aninipot, de 
la misma raíz ara, alma. El aullido de algún perro ó el 
mayar de un gato perdido fué tomado como el lloro 
del Patíanak, y de la mera suposición pasaron inmedia- 
tamente á afirmar que han visto al Patianak en forma 
de niño recien nacido. 

Una joven aldeana de unos quince años que en 1876 
se hizo famosa en Vigan porque creía el vulgo que tenía 
dentro del cuerpo muchos kaibans> nos dijo que una 
tarde vio sorprendida en un cerco niños diminutos 
que no pasaban de un palmo, y ella alborozada, los 

[1 En la Biblia nada se dice de Jas almas de los fetos y de los niños no 
bautizados, ni del limbo de éstos, que es pura invención de los romanistas, siendo 
Dios incapaz de castigar á inocentes criaturas. Pero parece indudable que la idea 
de los querubes, que pintan como niños incompletos, debe de haber nacido de la 
creencia de que las almas de los fetos y de los niños se convierten en angelitos 
como lo vemos en los cuadros antiguos de los romanistas. 

(99) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



recogió en su delantal; entonces desaparecieron metién- 
dose en su cuerpo, y la hicieron su amiga y oráculo. 

Ella se sentó al aire libre á media vara de distan- 
cia de nosotros unos cuantos espectadores. Una tía suya 
empezó á llamar á los espíritus por sus nombres iguales 
á los de los cristianos como Ciriaco etc. y sin despegar 
los labios la niña, contestó como un leve silbido que 
parecía salir de ella, sin duda, de su nariz; más, es* 
taba completamente inmóvil y sin hacer fuertes respira- 
ciones. Así el silbido fué contestando un rato. Nadie 
podía comprenderlo; pero la intérprete se despachaba 
á su gusto, diciendo que estaban durmiendo los demás 
espíritus hasta que el despierto se fué también á dormir. 

Por lo visto, nuestras aldeanas son tan maliciosas 
como las demás del mundo; aquellas parecían inocentes 
é incapaces de tener descaro para burlarse de personas 
respetadas en el pueblo. 

Según esto, los kibaans duermen, quedan escaldados* 
si les echamos agua hirviente, y aún mueren. 

No son demonios ni malos; sencillamente son como 
nosotros, buenos con los buenos, y malos con los malos. 
A j sus amigos les regalan mucho oro, un capote que les 
hace invisibles, un tazón de cascara de coco que dá ina- 
gotablemente arroz, un pucherito de barro que ofrece 
manjares de todas clases, y talismanes que satisfacen 
cuanto necesiten y deseen. 

A los que derramen agua caliente, sin avisárselo,. 
les tiran unos polvos que les producen enfermedades 
cutáneas molestas. 

Cuando aparecen á los hombres, abren su boca, de 
la cual sale una luz deslumbrante, que sin duda será 
algún fuego fatuo que han visto. Son de dos sexos y 
procrean con los hombres y mujeres, como los demonios 



(IOO) 



ISABELO DE LO 3 REYES. 



íncubos y súccobos de los romanistas, de quienes quizás 
se imitó este detalle. 

Cuando muere un Kibaan casado con una mujer 
humana, si ésta honra su viudez, los kibaans sobrevi- 
vientes le entregan los bienes dejados por el difunto. 

Los demás pueblos filipinos hablan también de anitos 
enanos (kukú ó pandak) y deben ser Ns cismas almas de 
ios fetos y los de los niños muertes. Hay kibaans que 
tienen la estatura de niño de un £*ño« 

El Lítaw, genio .***«*t%a dd ^gua, parece sl. 
de un muchacha ¿bogado. Recordemos que las aim¿tc 
de ios ahos^ 08 ' según los antiguos, quedaban en el agua, 

Designan otra diosa de río, que, según la leyenda, 
fué una niña que atraida por la limpidez de un arroyo, 
bajó á recoger una aguja perdida y fué presa y en- 
cantada por Lítaw. Fsta diosa se llama ahora Sirena; 
su leyenda fué adulterada con detalles fantásticos toma- 
dos ó parecidos á los cuentos de hadas ó de las Mil y 
una noches; pero antiguamente sería la Sinaya 6 Aman- 
sinaya, diosa del agua de los antiguos tagalogs, la cual 
no sería mas que el alma de una niña ahogada y con- 
vertida en anito del elemento líquido. 

Los ilocanos hablan de un gigante negro que anida en 
las casas deshabitadas, se llama Pugot (negro). Es fácil 
adivinar que debe de ser el alma de un negrito, de los 
que entierran en sus casas, que luego son abandonadas. 

Tienen anitos de árboles, á quienes piden permiso 
para penetrar en los bosques ó cortar árboles. Se llaman 
mangmangkik y serían las almas de los que se sepulta- 
ban allí. 

Los katataw~an son unos seres fabulosos que cruzan 
el espacio en buques aéreos. Seguramente, son ésos las 
almas de los pescadores ó marinos que se inhumaban 



(IOI) 



LA KEUGION ANTIGUA 



en sus* propias embarcaciones para que pudieran seguir 
el mismo género de vida que habían tenido antes. Debe 
venir de la raiz taaw, mar, esto es, anito de mar. Katao 
en bisayá és, en efecto, un monstruo marino en figura 
humana* de medio cuerpo arriba y repite lo que oye. 

En Bangi (llocos Norte) en el sitio de Lákay~lákay 
(viejos), al doblar en dirección á Aparri, hay dos rocas 
que á diez brazas son tan parecidas á una anciana y á 
un a*-"-' .on salakot, que me hacen sospechar que 

.. Jl .._ una antiquísima ''civilización grandiosa" como 
aiirma Reclus de la Oceanía en general, Al pasar los 
navegantes, les ofrecen algo de su carga. De la contra-* 
rio, creen que el viento ó la marea no les dejarían pasar. 

Los ilocanos suponen que el alma de los malos en- 
carna á veces en animales. Hace cuarenta años referían 
que el alma de un tal Lorenzo Manangkong encarnó en 
un perro tísico que recorría las calles de Vígan, para 
expiar sus pecados como usurero. 

Los ilocanos están segurísimos de que sus padres, 
madres é hijos difuntos siguen amándoles é interesán- 
dose por ellos; aún suelen visitarles, especialmente el 
tercero y noveno día de su defunción, para lo cual tienen 
siempre abiertas las ventanas de las casa mortuoria y ex- 
polvorean las entradas con cenizas ó arena para que se 
conozcan sus huellas. A los abuelos, por la mayor ve- 
neración que les inspiraban, les consideraban como semi- 
dioses ó verdaderos Atutos. Si ese antepasado había sido 
célebre por su sabiduría, por sus hazañas ó por sus éxitos, 
con el tiempo y la leyenda se agigantaría más su figura 
hasta convertirse en verdadero Dios, y si sus devotos 
habían llegado á saber Astronomía, le convertirían en 
un Dios astronómico, y progresando más, en puramente 
espiritual 

(102) 



ISABELO DE LOS REYES. 



¿Tuvieron demonios los ilocanos en el sentido de ten- 
tadores? No (i). Tenían Aoitos buenos y protectores que 
eran las almas de los antepasados; y lasde los que fue- 
ron malos en vida, ó fueron enemigos personales ó de 
tribu, seguían siendo malas ó enemigas, haciendo daño; 
venían á ser sus demonios, que llamaban dákes (malo) ó 
sairo (perverso), como el asura, sánscrito, que significa 
lo mismo. 

Uno de esos Anitos malos es el alma de una vieja 
itneg, que en tiempo de viruelas aparece ofreciendo maiz 
á los niños, y si lo toman, contraen dicha enfermedad, 
Esto se habrá originado de la fama de envenenadores 
q.ie tienen los itnegs. 

Hay otra vieja que insp'ra á los maibangoángon (vi- 
sionarios). 

Lo curioso es que ios ilocanos, como los monteses 
del Norte, no conocen el Asuang ni cosa parecida 
Habían de bruja y de duende, pero conservando sus nom 
bres castellanos, que revelan su procedencia. Los frailes 
y jesuítas nos trajero \ sus supersticiones. Si llegáis á 
España, os sorprenderíais de que casi todas nuestras fá- 

(i) Y hacían bien en no atribuir al imaginario demonio sus propios malos 
pensamientos, pasiones y vicios. No hay tales demonios, sino imperfecciones ó 
groserías de la materia, que debemos pulimentar Y hay muchas cosas naturales 
que llamamos pecados, pero no lo s n No diremos como el filósofo, según el 
cual, las pecados capitales son estímulos congénitos para el progreso; pero es 
induduble que todo lo natural que no esto adulterado realmente por el mal, no 
puede ser pecado, sino instinto establecido por el mismo Dios. 

El hombre, como toda obra de Dios, está dotado de perfeccionabilHad; es come 
un brillante en bruto apto para ser pulimentado. El Creador puso esa perfectibi- 
lidad en sus manos y libre albedrío. El hecho de que aún no es perfecto, no 
quiere decir que no esté dotado de' todas las disposiciones para llegar á ello. 

Todo consiste en ir perfeccionándonos según el desenvolvimiento natural de 
nuestra perfectibilidad constante, corrigiendo las indignidades de la materia, sus 
malas inclinaciones ó atavismos; en dignificarnos para que seamos dignos de nuestro 
Padre celestial, el prototipo de la perfección, y merecer así sus misericordias y 
favores, 

(103) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



bulas y supersticiones tienen idénticas allá, incluso la de 
mata* á palos á los supuestos embrujados, creyendo que 
éstosino reciben los golpes, sino el brujo. El Asuang 
debe^deser una superstición importada. La zoantropía ó 
la manía de creerse convertido en brujo ó en animal, es 
taba *en boga en Europa en la época en que los espa- 
ñoles^ llegaron por primera vez á Filipinas. 

Eos brujos parecen exóticos entre los del Norte de 
Luzón, pues sus noticias sobre ellos son incompletas y 
parecidas en parte á las consejas españolas, y en parte 
ú las. malayas. Según los ilocanos, la lechuza es como el 
perra que acompaña á la bruja (no brujo). Esta recorre 
el espacio con medio cuerpo de la cintura arriba anun- 
ciándose con su atiplada y pavorosa cantinela. Hace 
daño á quien encuentre. 

El salaksaky pájaro azul del tamaño del tordo, aunque 
mas pequeño, es parecido al ave bátala de los pampan- 
gos, que es el mismo tigmamanok, de los. tagalogs según 
otros. Es ave agorera para los ilocanos. 

Hablan de Kúmaw, ave fabulosa de grandes propor*- 
ciones que coje á los niños abandonados, y probable*- 
menté, al principio no era más que algún montes que 
robaba á los niños incautos, como el Iwananguan de los 
itnegs. Y como los tagalogs, nos cuentan del ave Adama, 
cuyo excremento convierte á los hombres en piedra; pero 
parece ser exótica. 

Mencionan una luz prodigiosa que sale de la boca 
■de los gallos extraordinarios que arrojan un poderoso 
amuleto. La llaman mutiá como los tagalogs. Creerían 
que ése mutiá es el alma del gallo, pues según las razas 
primitivas, todos los seres y hasta los objetos, como 
tienen sombra, están dotados de alma. El principio de 
«sa creencia sería algún fuego fatuo que ellos habrán 



(104) 



ISABELO DE LOS RYEES. 



visto aparecer casualmente cerca de la boca de un 
gallo. 

Al Sol y á la Luna dan asimismo el título divino 
de Apo (Señor), y narran que las manchas de la última 
son un árbol y un hombre dormido á su sombra; es 
San José cuando abandonó descorazonado á María, así 
dicen ahora; pero antiguamente sería otro hombre, pro- 
bablemente el hombre que los igorots creen ver montado 
en la luna, cuando un hombre fallece; ó tal vez la 
vieja que, según los iroqueses, está allí eternamente hi- 
lando, tal vez la tejedora Dawani de los bíkols, ó 
Aran (i). Esto concordaría con lo afirmado por Villa- 
verde de que los astros son las moradas de las deidades 
de los monteses de Luzón. 

Según los ilocanos actuales, el rayo empieza siendo 
un cerdo ó gallo blancos que después se convierten en 
fuego, y el trueno es su gruñido. Esto, evidentemente, 
es una corrupción de una creencia antigua. El cerdo y 
la gallina blancos son los escogidos para los sacrificios 
de Anito. Los igorots vecinos dicen que cuando truena, 
Kirul pide un cerdo ó gallina (2). Por lo tanto, la creen- 
cia antigua sería que cuando truena, el Anito se come 
algún cerdo ó gallina blancos. 

Los ilocanos tuvieron, además de los visionarios ci- 
tados, adivinos, mammadles, que los tagalogs llaman 
mangkuhula, pitho ó pithi. 

Los mannílaW) buscan con luces los objetos robados 
ó desaparecidos. 

0) Los sajones hablan también de un «hombre de la luna» que llaman 
Mane ó Maní, probablemente el Meni, de Isaías LXV, n; Deus Lunus, 

(a) Impreso el anterior pliego, el Presidente Municipal de Baguio (igorot], 
me informa que las dos mitades que se convirtieron en hijos de Lumáwig (ver pá- 
gina 70), eran igualmente truenos: el mayor es el que suena muy fuerte, y el menor, 
llamado Ulpoan % es ese trueno débil ó lejano. 



(105) 



'ívir 




Escultura de igokot 
¿ES DÚGAY? 

(106) 



■■$ 



XIV. 

Religión de los kagayanes. 

Los antiguos abrigaban las mismas creencias que 
los ilocanos y monteses sus vecinos, ó sea el culto de 
los Anitos con sus sacerdotisas. Para casitas de adora» 
clon tenían uoas chozuelas como las descritas de los 
itnegs, é imágenes de sus Anitos, que á veces soñaban 
ver reencarnados en karabaws, en hombres negros ó en 
mujercillas campestres {kibaans), que atraían á los incau : 
tos para hacerles daño. 

Sus visionarias sacerdotisas pedían á Anito oro y 
alhajas, y soñaban -que les daba muchas manillas de oro 
y sartas de valió as piedras; pero que al despertar se 
evaporaban (Aduarte, pág. 141 -143); y esto era segura- 
mente lo que daba por cierto el crédulo González de 
Mendoza. 

Fray Aduarte escribe: (Los kagayanes) "pedían á 
su Anito á veces que se dexasse ver, y respondía que 
era su cuerpo tan lindo, que no le podían ver ellos; ro- 
gándole una vez ciertos indios muy encarecidamente que 
baxasse de encima de la casa, de donde les hablaba en 

(107) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



dialecto kagayao, y viniesse á conversación con ellos, cayó 
luego en medio de los que allí estaban una piedra de 
mucha estima entre ellos, que llaman ntaxin y se estuvo 
meneando un buen, rato en el suelo y desde ella hablaba 
con una voz pequeñita y delgada y al fin desapareció 
piedra y demonio" (pág. 142). Fué un sueño induda- 
blemente como los otros casos que él mismo dice que 
los habían soñado; más los visionarios los contarían tan 
de buena fé que todos los cronistas frailes los daban por 
ciertos. 

Creían en la resurreción de los muertos, según Aduar- 
te, pág, 163; y hasta estos días, los monteses de la Isa- 
bela de Luzén cuentan de un matrimonio que volvió 
del mundo de los muertos, según fray Villaverde. 



(108) 



XV. 

Religión de los pangasinanes, zambajes y 
pampangos. 

Hemos sacado de nuestros estudios la evidencia de 
que los pueblos civilizados, ó sean los de las costas, te- 
nían una sola Religión, prueba evidente de que no eran 
tribus que se exterminasen en diarias luchas, sino un 
gran pueblo confederado. Solo existían lijeras variantes 
por la diferencia de dialectos y antepasados de cada fa- 
milia; en el fondo y en las líneas generales no había más 
que una sola Religión. Cualquiera puede comprobarlo 
por poco que escarbe en el Folk-Lore comparado de las 
diversas provincias. 

Sólo podrían pensar lo contrario los frailes que no 
pudieron penetrar en las interioridades de nuestras creen- 
cias, porque las perseguían. 

Muchos anitos son los mismos, con distintos nom- 
bres, mientras otros no fueron registrados en los demás 
pueblos. Éstos nos servirán para completar nuestra 
Mitología general. 

De los pangasinanes sólo se menciona en las eró- 

(109) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



nicas antiguas á Anagaoley, á quien ofrecían aceites, 
ungüentos y plantas aromáticas; y si lo pedía, le sa^ 
orificaban cerdos hasta esclavos. Es el mismo Anito 
supremo de los demás filipinos. Su nombre nos recuerda 
á Angngaló. 

ApoLaki (señor Lakj) era su anito de guerra 3 y 
parece general hasta los a payaos de llocos Norte, que 
también le adoran. Aglai-Ialaki significa hazañoso en 
lio can o. 

El Anito supremo de los tambales era Malyari, el 
dueño del poder, y parece significar lo mismo que Mey- 
hapal ó May-ari (dueño... ;de la tierra?) 

Ahasi, era el anito protector, á quien invocaban en 
sus tribulaciones y enfermedades. 

Mafiglahat, anito de la paz, aplaca á los ahados, 
corno los parientes de algún asesinado. 

Mmigalagar, salvador en los peligros; le rendían 
sacrificios "cuando salían bien de una guerra. 

Aniton tavo¡ aoito señor del viento y de las lluvias. 

Dumattgan, á quien oraban para que el arroz granase. 

Kalasakas, lo madura. 

D amula g^ lo libra en flor, de huracanes. Parece que 
fué un anito que alguna vez encarnó en un k araba w ó 
búfalo de esos que parecen venerables esfinges. Su 
nombre significa este animal útil. 

Los pampangos son el punto de unión entre las 
anteriores provincias y los tagalogs, con quienes tienen 
identidad de tradiciones. 

También ellos llamaban Bátala (sin h) á un pá- 
jaro szul con pico encarnado y largo, blanco el pecho; 
tígmamanok en tagalog. Pero el de mal agüero es el 
kásay-kásay y no el tígmamanok. 

Profesaban el culto de los Anitos, que llamaban 

(no) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Fray a, que significa sombra ó espectro; corresponde al 
Araría, de los ilocanos que significa lo mismo; y al Anito 
de ios igórots. 

Conocen el anito macho del agua, pero con el nom- 
bre castellano de Sereno ó del Siúkuy tagalog. 

Todo lo que diremos de Iqs tagalogs, se puede ex- 
tender á los pampangos, pues conocen asimismo el 
Asuang, el Tigbálang, el Patiának etc. 

Llaman á Dios Linaláng ó Makirapát equivalente 
á Meykapal (tag.). 

Su Anito supremo parece ser el venerable anciano 
Sukú, uno que en vida fué principal y ahora habita en 
encalatado palacio en el monte Sinukuan (Aráyat). Los 
pampangos le piden permiso para andar por aquellos bos- 
ques ó temar de ellos algún fruto ó árbol, dándole el 
tratamiento de Apo (Señor ó Abuelo), De lo contrario, 
les fulmina rayos. 

En el Paraíso cM Sinukuan hay un palacio encan- 
tado de bronce, cuyo cho se pierde en las alturas. 
Allí está Sukú sobre un lankape (sofá) de ébano reca- 
mado de oro y pedrería. Sigue el mismo método de 
vida que antes. La comida le es servida por encanta- 
miento y después los rayos recojen y limpian los des- 
perdicios. 

Este palacio tiene siete puertas guardadas respecti- 
vamente por un león, un tigre, un oso, una víbora, una 
serpiente, un ita (negrito) y un sagasa, ave de pico 
corvo y de fiero aspecto. Todo lo cual recuerda las 
leyendas hindus (ver Biblia Filipina, pág. 32), advir. 
tiendo que en la Pampanga ni en todo Luzon hay tigre, 
ieon ú oso, prueba de que el encantamiento y otros de. 
talles están añadidos de los cuentos de hadas ó de 
hindus, 



(no 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Sukú tiene por criado á un negrito que le acarrea 
granos de oro como si fuesen gengibres que arranca de 
la raiz de la tierra; tiene cabritos que deponen oro; vacas 
que por excrementos dejan finos tejidos.» 

Mingan, esposa de Sukú> se estableció en el monte 
vecino. f 

Tienen tres hijas y varios hijos. Aquellas son como 
ninfas de hermosas y atraen con sus hechizos á los incau- 
tos jóvenes, para castigar á los malos, y sólo un joven 
juicioso, bueno y valiente sería merecedor de sus favo- 
res. (Ver Folk-Lore pampango del Sr. Pedro Serrano 
Laktaw). 



(112) 



XVI. 

Religión de los tagalogs. 

Es la misma Anitería de los pueblos anteriores 
Maykapal debe ser el mismo Namarsuá ó Angngalv de 
los ilocanos, el que llama ^\ Sr. Ponee "Rey de la Crea- 
ción;" el kibaan es el paLxnak ó tawong dama; e! iitaw 
es el siükuy\ el aningaas es el kakap tayabeño y el kalag 
faisayá y bíkol (alma semi*material). 

Ya aparece el Asnang bis aya, nombre que no chu- 
cen las provincias del Norte, á no ser \abr¿¿;a (an en ca< 
tellano) introducida por los españoles, como indica su nom- 
bre. Y en vez del tratamiento de Apa que dan lo< Je" 
Norte y Sur de Luzón á sus anitos, según ios espaüei^s. 
empleaban otro vocablo de origen sánscrito, el badhala 
ó hathala y que significa lo mismo; pero ahora nunca 
dicen: Bathalang Maykapal, Bathalang San José; sino 
Pangmoong Dios, Pangincong San José, y el Panginoon 
significa "Señor," como Apa. 

Según mi pobre opinión, el nombre de su dios su- 
premo era Maykapal ó Lumikka, y de aquí el que 
llamaran likha á sus imágenes sagradas, y no Badhala, 

("3) 8 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



pues este último vocablo no era nombre especifico, sino 
un tratamiento común á las deidades y á los seres ago- 
reros; así había Badhala Maykapal (Señor Hacedor), 
Badhala Katutulo (Señor Anito connacido), Badhala 
Pájaro azul, ó sea el tigmamanok ó el kásay^kásay % y 
se llamaba Badhala, como los cometas, no por ser dios, 
sino por ser agoráro. Se pronunciaba Badhala y no 
Bathala f según me dijo un ilustrado anciano tagalog, 
y lo confirma el P. Noceda en su antiguo Diccionario 
tagalog (Año 1754). Hasta ahora le llaman bátala los 
ipampangos. 

Los tagalogs adoraban las almas de sus antepasa- 
dos como anitos protectores. Estas almas, según ellos, 
aparecen en forma de humo ó sombra; ó invisibles, se 
dejan oir. Dicen lo mismo los ilocanos. 

Algunos anitos tagalogs llevaban los títulos de ha- 
~lzan % príncipe, por lo que parece indudable que fueron 
reguíos deificados, como Latían- Da) tan. 

Lakan-Pati i anito de sementera, según un extranjero 
era hermafrodita; más suponemos que serían anitos de 
sexos distintos que pueden terer tratos con hombres y 
mujeres, como se dice de los kibaans. No sabemos si 
era el mismo Indianake, anito de labranza. 

Lakan-bakod ó Lakan-bakor y guardacercos, debe ser 
el mismo Kibaan que anida en las plantas que sirven de 
cercos. A él pedían que curase sus enfermedades, como 
los ilocanos á sus ahitos campestres, 

Lakan->bui ó Lakan*busog, ó Lakanbini, dáde comer, 
como el Kibaan dá á sus amigos una olla que produce 
toda clase de comidas. És parecido al anito bisayá Ma& 
kabosog, que harta. 

Bokong ó Boking, era otro de sus anitos. 

Los anitos familiares se llamaban t dingali. Ama- 



un) 



ISABELO DE LOS REYES. 



niKableo Amanikoabfe, anito de los cazadores. Se dice 
que tenían un ídolo llamado Linga, Habrán querido 
decir hkha. No creemos que sea el Lingam de los 
likdus, el órgano de la generación, 

Silagan ó Siligan í brujo que destroza los hígados 
de los que van de blanco; debe ser el mismo Asuang. 

Lahó, el monstruo que quiere devorar al sol ó la 
luna en los eclipses, Es de origen malayo, si no es 
que los malayos son los que lo tomaron de los filipinos. 
Los javaneses y maguindanaos lo llaman rahu (la / y 
la r se confunden en los dialectos filipinos y malayos) ó 
karawn. Los dayaks conocen tres monstruos raho 
bawawg (dragón de oro), rahotumbaga (dragón de cobre) 
y raho*atnbon (dragón de nieblas. Los battaks le llaman 
akkalau, y otros malayos, naga y nombre que dan los 
hindus á su serpiente fabulosa, y según Blumentritt, los 
tirurays de Mindaraw llaman también naga al fabuloso 
pez de ocho cabezas que suponen habitar en el ombligo 
(centro) del mar; pero esto no dice el Diccionario ti- 
ruray de donde tomó sus datos. En bíkol se llama 
Bakonawá el caimán cuyos movimientos produce los 
temblores. 

Y temían á las almas de las tribus enemigas como 
genios dañinos, 

Creían en la reencarnación de las almas de los fetos 
en el Pati-Anak (señor hijo), que aparece y llora en 
despoblado como un niño recien nacido, ó en una es- 
pecie de duende que, como los kibaans de los ilocanos, 
hace el amor á las mujeres ó á los hombres, según los 
sexos. ¿Será este mismo el Dian masalanta, anito del 
amor y de la generación, de los antiguos tagalogs, según 
Blumentritt, ó el Tomar que es parecido al Patianak? 
Pensamos que un alma de feto sea el Patianak^ y los 

(115) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



mas crecidos que ya son capaces de enamorarse, son 
las de los niños de más edad. 

El Ttgbálang es un hombre muy flaco, alto y de 
tan desproporcionadas extremidades que sentado en cu- 
clillas, las rodillas pasan de la cabeza; otras veces 
aparece como caballo con piel humana y crines como 
los del puerco espin. Entre las púas de la cabeza, se 
distinguen tres mas gruesas que si se consigue arrancar, 
sirven de amuletos, como el duende tagalog lleva un 
bonete de cuatro picos. La serpiente de los antiguos 
también llevaba tres púas en la cabeza como el basilisco 
y el diablo coronado de los europeos. Estos detalles 
deben ser imitados de los extranjeros. 

El Bulislis y el Bibit son parecidos al Ttgbálang. 
Los bisayás llaman á éste, Ungió. 

El Siúkuy es anito de río. 

Amanisaya, Amansinaya ó Sinaya, anito de los pes 
cadores, á quien ofrecían las primicias de la pesca, las 
cuales se llaman pasinaya (para Sinayd). 

Los Anayo son como los Mangmankik de los ilo~ 
canos, que castigan con locura y otras dolencias á los 
que tratan sin respeto un bosque ó se bañan en algún 
rí«*no frecuentado. 

Taong-damb, hombre de las malezas, como los 
Kibaans, hacen abortar á las embarazadas, y con su 
nombre tagalog, se confirma que esos genios de las ma- 
lezas, fueron hombres. - 

Balo, otros anitos de los despoblados. 

Kakafl es sombra delgada y escurridiza como de 
hombre que se introduce por los resquicios robando 
gallinas. 

Hablan de un ave colosal que se anida en las nu- 
bes como el Kúmaw ilocano: ¿será el Mamawr 



(116) 



ISABELO DE LOS REYES. 



El Huniango, dragón, cuyo variable color se adapta 
á cualquier objeto al que se agarra, para no ser cono- 
cido,^ símbolo de los políticos sin pudor. En Tayabas 
tienen el timbabalak, saurio poco mayor que la langosta 
con alas membranosas que á sus costados se plegan 
en abanico; así reza el Folk-Lore Tayabeño. 

Según los tagalogs, los .temblores se producen por 
los movimientos de un animal que hay en las entrañas 
de la tierra, como piensan los monteses de la Paragua, 
Mindanaw y Camarines. Parece general esta creencia 
en el Archipiélago. 

Los tagalogs distinguen tres clases de brujos que 
están refundidos en una sola bruja en ilocano: el Asuang, 
el Mananangal y la Mangkukulam, 

La Mangkukulam ó Mangagaway es muy parecida 
á la bruja española, sin duda imitada de ésta. Es una 
mujer que tiene pacto con el diablo, no puede sostener 
la mirada de las personas, y para dañar, lleva un mu- 
ñeco que si pincha con un alfiler en la parte que desee 
molestar á una persona, le causará allí dolores intensos. 

Según Blumentritt, los antiguos tagalogs entendían 
por Mangkukulam un anito envuelto en llamas que tan 
sólo podía ser exorcizado con el excremento de . un 
moribundo. Si es cierto que existe ial conseja, es aná- 
logo al Mandarangan áe los bagobos, anito del volcan 
Apo, cuyo nombre parece significar llameante ó que 
prende llama. ¿No sería ese Mangkukulam antiguo el 
anito del volcan de Taalf Pero Noceda sólo dice que 
era un hechicero. 

El Mananangaly es el que por las noches deja en 
un rincón su riiedio cuerpo de cintura abajo, y con el 
resto vaga por el espacio haciendo daño. Los malayos 
hablan de un brujo parecido que en macasar se llama 



<"7) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Popokang manangala; en Menangkabaw, Palasík pa- 
nanga; entre los battaks, Hantuen (esto es, anito), y en 
Malaca, Penanggalang. 

El Asuang, según los tagalogs, es un brujo bisayá 
(quiere decir, de allí habrá venido esta superchería), que 
tan pronto se convierte en perro como en gato; gusta 
del hígado de los fetos, y lo busca, aún estando en el 
seno materno. Para ello se coloca en el techo de las 
casas y desde allí suelta su lengua como un fino y largo 
hilo de seda. Pero el pájaro nocturno tiktik (i) (espía 
contra el Asuang) va denunciando su presenc : a á las 
gentes para que se tomen sus precauciones. Por eso el 
brujo le odia á muerte y le persigue. 

Los antiguos tagalogs hablaban de otros brujos que 
llamaban Alasip ó Atasip, é Ikh\ además del Mathusa- 
lem tagalog, el hechicero Hókloban, que también conocen 
los de Katanduanes. 

Los dé Bataan adoraban asimismo á los Anitos y 
conservaban imágenes pequeños de ellos. 

Mindoro, Marinduque y Luban. "Los habitantes de 
estas tres islas, escribía en 1800 el P. Martinez de Zúñiga> 
en la lengua, en sus casas, muebles, vestidos, em- 
barcaciones, usos y costumbres, son en todo semejantes 
á los demás indios de la nación tagala, de que son una 
parte. Los cristianos tienen las mismas supersticiones 
que los tagalogs, y los gentiles la misma religión que 
profesaban antes de reducirse al Cristianismo. Adaran 
á un ente invisible que llaman Anito, cuyo nombre dan 
también al sacrificio que se le hace; al nono, que quiere 
decir abuelo, lo respetan y reverencian en los caimanes, 
árboles grandes, peñas y puntas de ríos y de mares; 

(0 Es una cíase de pájaro que suele aparecer en el mes de Mayo, gorgea 
de noche y parece decir tik...tik. 



(118) 



ISABELO DE LOS REYES. 



tienen sacerdotisas para hacer sus sacrificios que suelen 
consumar con un puerco, que se reparte dando la mejor 
porción á la babaylan ó sacrificadora; reverencian á 
algunos pájaros, creen en la inmortalidad del alma, y al 
mismo tiempo todas las supersticiones que creían los 
antiguos gentiles de estas islas". Estadismo y tom. I* 
pág. 134, editado por Retana. 

Entre los anitos de los monteses de Mindoro, lla- 
mados mánguianes, se cita á Malagia, anito de la lluvia. 



t(m) 



* 



• XVII. 

Religión de los bikoles. 

Es el mismo culto de las almas de los abuelos, que 
llamaban indistintamente Anuos ó Diuatas, porque los 
bikoles son los intermedios entre los de Luzón y los 
bisayás; y hacían de ellos imágenes de madera. Hasta 
ahora los campesinos reconocen por Dios á Apo, al decir 
del ilustrado escritor filipino Pió Mondragon, FolkLore 
Tayabeño (1886), y Apo, no significa más que Abuelo. 

El P. Castaño en el tomo I del Archivo del Bibliófilo 
filipino del Sr. Retana, tomando* datos del Diccionario 
Bicol del P. Lisboa (1865) que aderezó con las noticias 
que el P. Francisco de San Antonio había copiado de 
Quirino y San Agustín, inventó una fantástica teogonia 
para los bikoles, haciéndonos creer que Gugurang era 
su dios supremo, cuando no era mas que un Anito fa- 
miliar, cuyo idolillo llevaban consigo los bíkolesr y 
asegura el P. Lisboa que "sí le pedían que lloviese, 
luego llovía, y cualquier otra cosa que le pedían, la 
hacía." 

También inventa un fantasma que llama él Popó; 

. (121) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



pero según los bíkoles, ese fantasma que impide crecer 
á los niños, es el haw. 

Es inexacta la clasificación que hace de los dioses 
en Bathaias, protectores de pueblos, y Katamhay % pro- 
tectores de individuos, y la otra división de los Anitos, 
en Tagne, genio doméstico; y Pararangpan, bienhechor 
público ó tutelar de pueblo. 

Lo único que el P. Lisboa dice, es lo siguiente: 
Bathala, según los bikoles, era un Anito que hacía 
venturoso al que acompañaba, y evitaba que le agpnte*- 
ciesen desgracias. No era pájaro, 

Katambay no se halla en su Diccionario] pero creo 
que sea el mismo Badhalang Katutubo, dios y protector 
congénito de cada individuo. 

Tagne era idolillo ó figura de Anito. 
Pararangpan era una estatua ó figura que antigua-* 
mente levantaban á la memoria de los muertos. 

Lagdon era un iclolillo al que hacían sacrificios los 
balianas^ (bag/ans, sacerdotes). Landong en bisayá es 
sombra, alma de muerto, añilo. Por esto, las imágenes 
de los anitos se llamaban Landong. 

Dauani era una mujer gran tejedora y según parece, 
creían que el arco-iris fué tejido por ella, pues lo llaman 
Habul nin Dauani (tejido de Dauani), Esta mujer me 
recuerda á la fabulosa vieja que según los iroqueses, está 
continuamente hilando en la luna, y es la que aparece 
á la sombra del como árbol que se vé en ella. 

Okot es otro anito familiar que les hablaba silbando. 
Tenían anitos malos, que llamaban Onglo (parece 
ser el mismo Tigbálang) que sin duda serían los difun- 
tos de las rancherías ó pueblos enemigos. No es cierto 
que el Asuang sea su Rey % como nuevo Ahriman; no 
es siquiera un ser espiritual, sino un hombre brujo ó 

(122J 



ISABELO de los reyes 



zoántropo, de esos monomaniacos que se creían conver- 
tirse en animales, y comían, carne humana, ni es exacto 
que viva en el infierno, pues los bíkoles, como todos los 
demás filipinos, no tienen vocablo correspondiente á in*^ 
fiemo, ni idea neta de ello. La palabra Gagamban que 
cita Castaño como correspondiente á infierno, no se 
halla en el Diccionario Bíkol, como tampoco Oriol, 
Gulanggulangan y Columba. El Kasanaan, que cita 
fray San Antonio, hemos descubierto que fué una mala 
interpretación de lo que el P. Noceda había escrito en 
su Diccionario al decir: ^Kasanaan no significa mas que 
muchedumbre; así kasanaan na?tg hírap (muchedumbre 
de penas), es infierno; y kasanaan nang toua, (muche- 
dumbre de alegrías) es el cielo. * Como Blumentritt se 
equivocó al escribir que el infierno de los ilocanos se 
llamaba Kasanaan, sólo porque yo había escrito que en 
ilocano sanaang significa el dolor agudo de las heridas. 

Las consejas zoantróficas les hicieron creer en Lake, 
animal que se halla en los montes con pies y pelos de 
cabra, y rostro de hombre. Recuerda á Apo-Laki, anito 
que invocaban los pangasinanes cuando iban á la guerra. 
Los antiguos bisayás, cuando salían de sus casas, in* 
vocaban á sus anitos diciendo: Laki-Laki. Los indígenas 
,de la isla de las Flores (Atlántico) llaman á su dios 
Laki-Laki, K 

Los Bonggos eran hombres que echaban centellas 
de fuego por los ojos, según los campesinos. 

Creían en Mañgindara, peces de figura humana que 
viven en el interior del mar, y en Añgoñgool, animal 
como mono de grande que anda en los ríos, abraza á 
la persona que encuentre y no la suelta hasta que le 
nazcan yerbas en los huesos (lo que parece causa muerte, 
según la conseja.) 



C123) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Bahonauá es el animal fabuloso que quiere tragarse 
á la luna en los eclipses. En tag. Loko. 

Trago \ serpiente muy grande y muy pintada, sólo se 
menciona en los cantares. Sería una de las grandes 
culebras que abundan en Filipinas, y como no podían 
concebir á donde iría el alma del hombre que devorase, 
creerían que encarnaba en ella, 

Sarimaw, animal fiero, quizás el tigre, igual que el 
halimaw de los tagalogs. 

Koró-koró, pájaro parecido á la tórtola, de mal agüero. 

Atang\ es ofrecer los sacerdotes comida á los anitos, 
y después la comían ellos. Es el mismo panangyatang 
ilocano. 

Hogot, era sacrificar algún esclavo por la muerte 
de un principal. 

Himoloan % el diezmo de una cosa. 

Dopl % abstinencia de algunas comidas por la muerte 
de un deudo. 

Sorague^ canto de los belianes. 

Hidhid % rito antiguo con que estos curaban á los 
enfermos tocando con arroz y upa (bagazo?) del buyo 
en la cabeza, cuando creían que uno tenía en el cuerpo 
una langosta viva ó pulgón. - - 

Yokod, superstición que se hacía con los niños, 
dando vueltas por dentro de la casa como en procesión. 

Sdkotn, rito antiguo que consistía en azotar con ho- 
jas de banay á un alelado ó enfermo que se creía haber 
perdido su espíritu, para que lo recobrase. También los 
tagalogs y hasta los campesinos españoles azotan con 
rama espinosa á los enfermos que se creen poseídos de 
algún brujo, para que éste se marche. 

Los bíkols actiguos, como los demás filipinos, ha- 
blaban de un pájaro fabuloso, señor de los murciélagos. 



(124) 



XVIII. 
Religión de los bisayás. 

Era la misma de los Anitos, pues esta religión se 
extendía hasta Mindanaw, donde aún se conserva entre 
los monteses. 

Los bisayás, como los bíkols, llaman Kalag el alma; 
á los espíritus de sus antepasados, Umalagad, que pa- 
rece significar Guardador ó Protector, y Landong á la 
sombra y á los ídolos de los diuatas. Practicaban el 
Xamanismo no más ni menos que ahora lo siguen los 
ithegs de Abra, como hemos visto en el Informe de 
Legazpi al Rey de España antes de llegar á Manila. Y 
llamaban tmodlok el cerdo con señales para ser sacri** 
ficado. 

Dice el P. Encarnación: «La víctima ordinaria es un 
puerco, negro hasta la pezuña, muerto de antemano 
pelado y destripado. Le adornan con hojas y le ponen 
en una mesita que llaman golang*golang. Alrededor 
baila la sacerdotisa mayor llamada Babazian, y si es 
profetisa, la llaman Catoólan. A la sacerdotisa menor 

(125) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



llaman Daitan, Ponen al enfermo (regularmente hacen 
estas reremonias con los enfermo^) á caballo --obre el 
puerco. :-ehan su arenga, hacen <us policios • y, Diablo 
(se '■^-:Vr--i -i su dios, al Ditrata; ju-n? :**s romanistas 
sií-ra: re 1 Saman diablo al que no *ea ^u dívmdad, como 
si d ; os íVjcsen los únicos hijo*, de D on\ y L-spnés se 
comen el puerco.* 

A esta antigua religión se fueron añadiendo creen * 
cias importadas por los malayos hindus y mahometanos. 

En las islas Bisayás, como en Mindanaw y Paragua, 
á la llegada de los españoles, los Anitos se llamaban 
ya mas comunmente Diwatas, de Devalas ó Devas % 
genios protectores de los hindus. 

También los malayos de Borneo, Java, Célebes y 
Sumatra llaman Dewata, Rewata, Djuwata ó Djewata á 
sus espíritus, ángeles ó genios tutelares. Los maguin- 
danaos mahometanos designan con el nombre de Deíoa 
á una diosa, y dewata á los dioses é ídolos de los ex- 
traños. Según el P, San Agustín, entre los bisayás, di a 
significa Dios; quizás habrá querido decir Dina 6 Dewa, 

Los bisayás, como los luzónicos, adoraban las almas 
de los fetos ó infantes muertos, como Anitos niños, pa« 
recidos á los angelitos de los cuadros de los romanistas, 
ó como genios pigmeos {patianak, tag. y hJbaaxi, iloc), 
y les llamaban kukü (enano) ó panda/:. Y parece que 
los mahometanos lo convirtieron en Panda k* Sitan 6 Sai- 
tan, ó sea el enano Satán. El caso es que los bisayás 
antiguos hablaban de un Pandakesita que lleva las almas 
al Sulad (¿Púlag?) del que debían salir mediante sacrificios. 

Según Blumentritt, los bisayás antiguos llamaban 
Sumpoy al dios del infierno. Como buen católico, también 
se contagió de la costumbre de llamar diablo y dios del 
infierno á los dioses de nuestros abuelos, lo que es im» 

(126) 



ISABELO DE LOS REYES. 



propio ciertamente de un hombre de ciencia como él. 

Surnpoy, debe provenir de la raiz apoy ó apuy (fuego) 
y significar anito del fuego ó de algún volcán. Lo cierto 
es que los bisayás no teñían palabra correspondiente á 
infierno. El P. Encarnación en su Diccionario visayá 
escribe: «Infierno, lugar nga pasaquetan» (lugar de cas- 
tigos. — r € Solad, entrañas de la tierra, sepulcro. Soladmon, 
difunto, morador de la sepultura.» Solad, pues, no era 
infierno, sino como un mundo subterráneo á donde van 
las almas, no precisamente para sufrir, como dicen nues- 
tros hermanos los blo ngadjus de Borneo. Es como el 
sheoí de la Biblia que no significa mas que sepulcro ó 
pueblo de los muertos, así de los buenos como de los 
malos. 

Me atengo á las noticias del Púlag que adquirí de 
los igórots: es una región de la tierra, pero desconocida. 

Mú guayan, anito bisayá; según los igneines, lleva 
las almas en barangay (embarcación) á otra vida como 
el Carón filipino de que hablaba Aduarte. Y Lisbusauen 
lleva las almas al. Paraíso que situaban en Borneo, lo 
cual indica la procedencia de estas creencias extrañas. 
Sólo en el Diccionario mitológico del sabio Blumentritt 
he leido esto. Más en el del P. Encarnación que nos 
merece más crédito en esta materia, no hallamos los 
nombres de Sumpoy, Maguayan ni Lisbusauen, ni tam- 
poco Uatangau, que sin duda es una trascripción equi- 
vocada de Balangau, pues antiguamente los españoles 
escribían con u la b como hauian en vez de habían. 

El Asuang es bisayá, y no luzónico, como ahora 
mismo aseguran los tagalogs. Según Blumentritt, es cel 
nombre mas antiguo que lleva el demonio malayo en la 
Malasia holandesa.» Le conocen los mandayas de Min- 
danaw y otras islas del Sur. 

(127) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Baua es un pájaro, que según se cree, antiguamente 
fué un asuang que se transformó. 

El Ngio-ngio, otro brujo convertido en ave. 

Mángalo ó Mangalok era parecido al Asuang en 
cuanto devoraba invisiblemente las entrañas y le atri- 
buían toda muerte que no fuese por la vejez. Le sacri- 
ficaban animales hasta esclavos para que* se contentase 
con las entrañas de las víctimas y dejase á los sacri- 
ficadores. 

¿Cuál era el nombre del dios supremo de los bisayás? 
Los de Limasaua, según Pigafetta, llamaban Abba. Se- 
gún Quirino le designaban con el nombre de Laon % esto 
es, el mas antiguo de sus anitos. Según el P. Delgado, 
así llamaban los de la isla de Negros al dios bisayá que 
vive en el volcan Malaespina ó Kanlaon, á quien reco- 
miendan sus campos, pues es el que envía langostas y 
otros calamidades. Los battaks de Sumatra llamaban 
Si-Laon á los anitos de sus mas antiguos antepasados 
y entre ellos significa también "antiguo." 

Los de Panay tenían por dios á Sidapa % creador de 
todas las cosas, el cual moraba en el monte Maiias de 
Iloilo, que era su ologan (Paraíso). Desde allí medía las 
virtudes de todos los que nacían, los cuales, una vez 
llegado á su respectivo límite, morían irremisiblemente, 
Parece que Sidapa es el mismo Laon, pues este nombre 
no es mas que calificativo. 

Los bisayás creían en anitos campestres, los Talo- 
nanon ó Tagalabong, á quienes pedían permiso para 
penetrar en bosques y montañas. 

A Naguined, Makbarubak y Aropayavg, pedían que 
sobreviniese la muerte, enfermedad ó alguna desgracia 
á sus enemigos, Makaptan ó Raptan vive más arriba del 
Cielo, también hace enfermar y mata. 



(128) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Makabantog) el diwata del escándalo, y Mábosog^ el qui 
harta, eran los principales en el río Araut, costa de Panay* 

Labawduntgug, héroe de su antigüedad, era invocada 
en sus casamientos y canciones. En Iloilo se señalaba 
como su imagen cierta peña que parecía un bisayá que. 
con caña impelía un barco. 

Banog (significa gavilán) era otro peñasco en forma- 
de esta ave; decían que impedía el paso, si no le vene- 
raban y rendían algún presente. 

Simuran, Siguimarugan y Ramalay eran anitos ma- 
los, como Ogima, demonio transfigurado en sátiro. 

Todtod, es anito grandísimo con dos dientes arriba 
y otros dos abajo; tiene un brazo de piedra, 

Ratao, monstruo marino en figura humana de medio 
cuerpo arriba y repite lo que oye. 

Hanan, anito ó héroe que les dio las reglas del luto.^ % 

Amakaudor, otrp diwata de los bisayás antiguos. 

Según un manuscrito del año 1580 que sirve de 
primer apéndice á la Historia de Filipinas del jesuita 
Delgado, los bisayás ó pintados, se dividían en maríti- 
mos ó habitantes de las playas, llamados higuecinas, y 
en monteses, llamados tinginanes. 

Según los primeros, el cielo y la tierra no tuvieron 
principio; tenían dos dioses: Raptan y Maguayan, el 
viento de la tierra y el del mar se casaron; el primer 
viento vomitó una caña: ésta la sembró Raptan y ha- 
biendo crecido, reventó echando de sí dos cañutos que 
traían hechos un hombre y una mujer: al varón llamaron* 
Sikalaky y de aquí el llamar lalak á todos los hombres^ 
y á la mujer, Sikabay (1), de donde vino la denominación 
babay que se dá á las mujeres. El hombre propuso á 
la hembra que se casasen por no haber otros en la 



(t} Habrá querido decir Silalake y Si-babae- 

("9), 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



tierra; pero ella se opuso por ser hermanos salidos de 
Una caña sin haber habido entre ellos mas que un nudo. 
Al fin acordaron ir á consultarlo con el Temblor de la 
tierra» y éste declaró que era necesario que se casasen 
.por no haber otros en el mundo, Se unieron, pues, y 
tuvieron por hijo á Libo y después una hija llamada 
Saman, Estos dos hermanos tuvieron una hija Lubíu* 
ban % la cual se caso con el hijo de los primeros hombres 
llamado Pandaguan, Estos dos tuvieron por hijo á Arion % 
siendo Pandaguan el primer inventor de ios corrales de 
pesca; y io primero que pescó fué un tiburón, lo sacó 
á tierra no pensar do que se moriría, y al verle muerto» 
comenzó á hacerle ofrendas y llorarle quejándose de los 
dioses, pues hasta entonces ninguno se había muerto, 
Al oírlo el dios Kapían envió á las moscas á averiguar 
qué era el muerto; y no atreviéndose las moscas, envió 
al gorgojo. Este volvió á decir que se trataba de un 
tiburón, Enojados Raptan y Maguayan de que se hu~ 
biesen hecho ofrendas á un pescado, mataron de un 
rayo á Pandaguan y estuvo treinta días en el infierno 
ó lugar de los muertos y al cabo de ellos, se condolie- 
ron de él y lo resucitaron devolviendo al mundo, 

Durante su ausencia, su mujer Lubluban se aman-* 
cebó coa Marakoyan, y este fué el primer caso de aman- 
cebamiento, Cuando llegó Pandaguan á su casa, no la 
.halló porque había sido invitada por Marakoyan á comer 
cun cerdo que había robado (éste fué el primer robo.) 
Envió á su hijo á llamarla; pero ella se negó ? diciendo 
que los muertos no vuelven jamás al mundo» Entonces 
él se volvió enojado al lugar de los muertos. Si ella 
hubiera acudido al llamamiento y no se hubiese vuelto 
Pandaguan al sepulcro, todos los que se mueren, volve- 
rían al mundo. Todo fué por culpa de otra Eva, 

(130) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Los tinginanes ó monteses, según dicho manuscrito, 
tenían la" siguiente leyenda, la misma que trae Colin, 
cuya procedencia ignorábamos hasta aquí, (Rectifiqúese 
lo dicho en la pág. 31.) 

No había más que mar y cielo. Un milano, no te** 
niendo donde posarse, revolvió el cielo y la mar. Esta 
lo atribuyó al cielo, y le declaró la guerra hinchándose 
hacia arriba. El cielo la castigó arrojando sobre ella 
estas islas del Archipiélago para domeñarla é hizo que 
el mar se corriese de una parte á otra para que no 
pudiera hincharse otra vez. De aquí provino el Mavario^ 
que es vengarse por una injuria, cosa común en esta 
tierra. El milano picó una caña y de ella salieron los 
primeros hombre y mujer. Esta se llamaba Kariuhi y 
la primera vez que parió, dio á luz tantos hijos juntos, 
que el padre entró muy enojado en casa, y amenazando 
á los hijos, ellos huyeron de miedo, metiéndose unos en 
aposentos interiores y fueron después los principales; 
otros en aposentos exteriores, y fueron los timauas; los de 
aquí, en los dindines ó paredes de caña, y fueron los 
esclavos; los de allá en el fogón, y fueron los negros; y 
otros se hicieron á la mar, y son los europeos y otros 
extranjeros. 

Aunque carecían de templos permanentes, tenían 
sus casitas ofrendatorias ó altares de ñipa llamadas 
olango, y para las grandes fiestas ó sacrificios, improvi- 
saban una palapala ó construcción de caña adornada 
con follaje y flores, como cuando daban gracias por una 
victoria, etc. El cerro de Pangibalón era el mas notable 
de sus adoratorios y los cronistas españoles aseguran 
que los diwatas contestaban allí á sus preguntas. 

En casos de enfermedad los sacrificios se hacían en 
casa del doliente. 



(13D 



XIX. 
Dioses de la Paragua. 

Los tinitianos y los tagbanuas llaman diwatas á los 
anitos ó seres invisibles, buenos ó malos. 

El dios superior de los tinitianos es Banua y en las 
defunciones le suplican que no mate otros. 

Los bulalakaunos temen á Mangalok y para ahu** 
yentarlo queman cierta alga marina; y á Tawo-Satolonan, 
que debe ser el mismo Talonanon ó genio campestre 
de los bisayás; dicen que se come los niños. 

Entre los agutainos, Manalok, que debe ser el nrsmo 
Mangalok t es el diwata mas respetado. 

Los tagbanuas adoran á Maguisda ó Nagabkaban, 
dios del cielo; á Sedutnunadok, dios de la tierra, le in*- 
vocan cuando cosechan arroz; á Magutndose, dios de 
los montes de donde nacen los ríos, le invocan en sus 
necesidades y le ofrecen arroz y pescado seco; á Poko, 
dios del mar, invocan en sus enfermedades; y á Tabia* 
kond¡ dios del interior de la Tierra, que debe ser el 
gigante ó culebra, cuyos movimientos producen los te- 
rremotos. 

(133) 



XX. 

Deidades de Mindanaw. 

Aquí las creencias filipinas están muy adulteradas 
por el mahometismo, debido á su proximidad á los 
moros. 

Mandayas. — Estos que se consideran como los mon- 
teses mas antiguos de la costa oriental de Mindanaw, 
llaman diwata ó manaug á los ídolos de Sus antepasados 
ó los seres invisibles, como los manobos. Hablan de 
Dios padre Mansilatan % del cual se desprende el busaur 
(i), virtud que da valor á los baganis (caudillos), y de 
un Dios hijo, Badla. Les invocan en sus enfermedades* 
especialmente en Jos dolores de cabeza, epilepsia y pa« 
rálisis. En estos casos, los belians (sacerdotes) hieren á 
los ídolos de los genios malos, bailando y cantando que 
Mansilatan descenderá del cielo y Badla arreglará la 
tierra. Tienen verdaderos demonios: á Pundaugnon que 
significa "tentador," y á su mujer Malimbog que seduce 
y engaña á los hombres (2). 

(1) En cambio, eatre los bagobos, Busaw significa demonio ó diwata malo, 

(2) Mas, para los bagobos, Malibod¡ que debe de ser la misma, es diwata 
buena, protectora de las mujeres. 

(i35) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Pero hasta ahora llaman ampo ó apo (significa abuelo, 
como entre los ilocanos) á sus anitos ó también busaw % 
que parece significar alma, espíritu ó espectro, 

En los eclipses, creen que un dragón ó culebra 
quiere tragarse al sol ó la luna y disparando sus fle- 
chas, gritan: Déjate ver, abuelo (Pagkabaton hay ampo.) 

Tienen á Kukú % anito enano, como los kibaans ó 
$atianak de los luzonianos; y pájaros de mal agüero 
como el limokon^ y creen, como los tagalogs, que los 
temblores son causados por los movimientos de un cerdo 
grande, baybulan y que para rascarse, roza su cuerpo 
contra el tronco de la tierra. 

Consideran dioses á Abdalian, á su esposa Kagabian % 
y i Paliti que vive en la cumbre del monte Kampalili, 
<londe, según ellos, hay una laguna encantada con cai- 
manes, tortugas, tiburones y otros peces, que convierten 
en piedras á los que se atrevan á ir allá. 

Bagobos. — Su primitiva religión era la de los Anitos 
o Dilatas, como les llaman. Su dios del principio bueno, 
es Níto, según él Dr. Schademberg. Hablan de Tagar 
diutn y de Lumabat (i) que fueron hombres piadosos y 
subieron al cielo con un enjambre de abejas blancas. 
Entonces Dios les hizo anitos y ensanchó la esfera del 
mundo, que había hecho estrecha. Con la introducción 
de los avatars hindus, hicieron de Tagadium un Dios 
que se humanizó con el nombre de Lumabat. Recuerda 
á Lumawig de los" monteses luzónicos. 

Tiecen además un trimurti parecido al de la India, 
formado por tres hermanos: Tiguiama, dios bueno, en 



(i) En eí Diccionario bagobo-espafwl del jesuíta Mateo Gisbert, Manila 189», 
ao se hallan los nombres de Malibud, Tagadium, Lumabat, Macoret, Macaponquis , 
Mámale, Aóac, Camalay, Calambusan, Tagamaling, Maline, Saliéud l Tomulac, 
jPanayangan, Camaragan, Mandarangan, ni Matuga guinaua. 

(136) 



ISABELO DE LOS RYEES. 



quien reside el poder creador; Manama % quien conserva, 
premia y castiga; y Todlay que preside los casamientos; 
según otros, el creador de los hombres. En las bodas 
le ofrecen buyo y arroz. Todlay tiene por esposa á 
Todlibong, siempre virgen, que mora en el cielo. Es 
como la esposa de Brahma, ó Maya, madre de Buda 
que imitaron los cristianos paganizantes cometiendo la 
enormidad de casar á María con el Espíritu de Dios (i). 

Tienen á los diwatas Abak, que debe ser el Abba 
de que hablaba Pigafetta; á Kamalay, Siring que es 
anito enano, como duende; á Kalambusan y al gigante 
Tagamaling, (el Malin de los súbanos). 

Según otro autor, el principal dios de los bagobos 
es Mandarangan (2), dios del volcan Apo. Su corazón 
se llama Matuga-guinawa (buen corazón) y le rinden 
culto especial, lo que recuerda el corazón de Wishnu 
que han imitado los jesuitas en el Sagrado Corazón de 
Jesús. No pueden los bagobos ascender á dicho volcan 
sin sacrificarle un hombre, cuya sangre le ofrecen para 
bebida. Tiene varias mujeres, lo que parece indicar un 
origen hindu-mahometano; tal vez sea una reminiscencia 
de Agni % deidad hindú del fuego; según otros, el volcan 
Apo es la boca del infierno (3), creencia que debe ser 
importada de Java. 

Otros de sus dioses son Panayangan y Totnulak, 
según Blumentritt, y hablan de Makoret, dios creador 
del aire; de Makaponkis, creador del agua; de Mámale, 



(1) Gisbert sólo dice que entre los bagobos, el i.er nombre de Dios es 77- 
guiatna, el a. o Manama y el 3.0 Todlay; y que Todlibon es mujer pura, santa, 
que veneran, especialmente, las mujeres, sin haberla visto ni conocido; esposa de 
Todlay, aunque siempre virgen. 

(2) Parece que significa llameante: darang, en ilocano es llama. 

(3) Al volcan llaman sandaoa ó llbóangan. La idea del infierno debió de 
nacer de la vista de los volcanes. 

(137) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



creador de la tierra; de Malibud, creador de las mujeres 
(¿es la misma Malimbog^; de Kamaragan, dios de las 
mujeres casadas; de Salibud, que enseñó á los primeros 
hombres á cultivar los campos, comerciar y ejercer in- 
dustrias; de Kantbulan, su Adam, y de Bayguebay ó 
Beiguebei que era su Eva ó primera mujer . 

Hablan de los demonios Kalambusan, Pelubatan y 
de Tabankak que induce á lujuria, á riñas y asesinatos 
para que coma su amo Rioarioa, Este es un monstruo 
que suspendido en el zenit como péndulo, devora con 
su lengua á los hombres, como el Asuang ó el Balbal, 
que es su brujo. El Balaitan es un hechicero. 

Los moros maguindanaos llaman lilis al diablo. 

Tambara es una casita con platos dedicada al diwata 
y se llama también así el armazón para el diwata, que 
tiene cada pudiente. 

Gisbert dice que] Dios es Diwata en bagobo, y 
siempre habla de Diwata y no de diwatas en plural. 

Casi todo esto debe de ser importado. Lo neto era 
el culto de los após ó abuelos, que aún conservan los 
mandayas y los bagobos en sus diwatas protectores, 
como el Tagba 7 ay % anito protector de la casa; el diwata 
Tag+tabibi, protector de los niños; el Tagala nua, anito 
de la tierra ó de los campos; el Tagala ílaw, anito del 
buen tiempo; el Darago, que recuerda al Trago de los 
bíkoles, causa enfermedades ó derrama sangre; pero se- 
gún Gisbert, por el contrario, es el diuata del valor, y 
le invocan en sus fiestas. 

Tirurays. — Evidentemente la religión primitiva de 
ellos era el culto de los antepasados. Laguey Lengkuos % 
Laguey- Bidekkroon, Laguey- Feguefedan, Laguey Lindib-* 
lugatu y Laguey- Titay beleyen, fueron en vida Sacerdotes, 
pero que ahora se veneran como Santos. Laguey sigai- 



(138) 



ISABELO DE LOS REYES. 



fica varón \ hetmano\ parece corresponder al Lakan ta- 
galog. L. Lengkuos se casó con la virgen Metiatil % y 
* sin juntarse, procrearon á Matalegú ferrendam. 

Los Feriaba >g habían sido unas personas que se 
convirtieron en animales por haber desobedecido á La* 
guey-*Lengkuos. 

Los Endita) ag belalá ó ketrekam son también hom- 
bres deificados. 

Hasta ahora llaman diwaia á los seres invisibles, 
pero especialmente al fabuloso pez (i) con ocho cabezas 
que vive en el ombligo (centro) del mar. Y ya sabemos 
que diwata significa anito ó alma de los Após (abuelos). 
A uno de ellos llaman Opo-Lukes y genio malo. Opo 
significa hermano, y Lukes corresponde al Dákes ilocano, 
que significa malo, demonio. Telaki es diwata bueno, 
ángel. ¿Es el Apo-Lakü 

Al alma llaman kamatu y parece que distinguen 
varias denominaciones del alma en un hombre. 

El Fagad es un duende que se come los muertos 
como el Bolbol ó Balbal, brujo que causa enfermedades y 
devora las entrañas de los cadáveres. Por eso, los tiru** 
rays ponen espejo en la parte superior del cadáver para 
que el Fagad huya de miedo, al ver dos cabezas con 
.un solo cuerpo ó por creer que su alma está guardando 
el cadáver. 

A Dios llaman Tu/us, quizá el nombre del princi- 
pal antepasado de la tribu. 



(i ) Los battaks de Sumatra y los olo-ngadjus de Borneo dicen que la tierra 
descansa sobre una culebra ó dragón llamados Naga-padoja ó Naga-pusah (cule- 
bra del terremoto), y cuando se mueve, produce los temblores. Otras veces dicen 
que esa culebra es un hombre, quizás Angngaló ó el Atlas que sostiene la tierra. 
Naga qs serp:ente fabulosa entre los hindus. Según Blumentritt, se N llama también 
Naga el pez monstruo de los tirurays, 

(i39) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Tienen el Bulalu4alun % díwata de bosque que come 
carne humana, 

Hablan de Bongos (i), como los bíkoles, y tienen á 
Bongo -watir-atir, doncella que subió ai cielo y á Bongo- 
solo'detemon, otra semidiosa, Y otras kenogons ó vírge- 
nes deificadas, como Kenogon Enda y Afán, Enguelemon, 
Enguertayar, Sambuyuya, y á Metiatil, que permaneció 
virgen siendo esposa de Laguey Lengkuos* 

Pilanduk, espíritu malo; Seme ligan, es el mismo 
duende Bolbol % pero que se presenta fingiéndose como 
un pariente ó compañero de casa que se ausento; y basta 
conocen á Saltan, el Sitan de los árabes (Satán). Llaman 
también Demangias al diablo, 

Mofirrou, dios dueño de las almas de los asesinados 
y con él van á descansar. Los tirurays después de ase* 
sinar á alguien, le encomiendan el alma de éste can- 
tando el kerreensiou. Carecen de vocablo correspon- 
diente á infierno. 

Be lian es sacerdote, y Tenines es una casita muy 
arreglada donde ios belians hablan con Dios, 

Los bukidnons de Mindanaw llaman Apo (abuelo) a 
^us dioses é invocan en tiempo de guerra «í de epide 
mia á \o< anttos campestres llamado* Tumo s t . salup, 
que como ;os Tauong-*damó de los tagaiogs y «os T->- 
lonanon de ¡o< bisayás, dignifican hombre* mK estrés, 



lOJiLo- j& v á:"esei üene 
.* .c: i+uiKt? v \aitO- 



(140) 



XXL 
Semejanzas del Anitismo. 

Con el Espiritismo. — En la primitiva Religión filipina, 
si separamos las adiciones extrañas, hindus y mahome-* 
tanas, no había mas que la primitiva Anitería ó Ani- 
mismo, que servía de fondo general á todas la religiones 
y no es otro que el moderno Espiritismo, como veremos 
en las siguientes semejanzas: 

i.* Filipinos y espiritistas creen en la existencia de 
un alma semi-material, que los primeros llaman aningaás 
y los últimos per i espíritu. 

2. a Los anitistas llaman esa alma anioaás ó kar- 
karmá cuando el cuerpo está vivo, y anito ó kalolua t 
cuando el cuerpo está muerto Los espiritistas llaman 
alma cuando está aún unida al cuerpo, y espíritu cuando 
se separa de él (i). 

3.* Los aniteros y espiritistas creen que ese espí 
ritu puede internarse en otros cuerpos vivos. 

4. a Coinciden ambos en que cuando los baglans 



(1) También la Biblia distinguí espíritu de alma, Isaías LVII, 16: i.a Te- 
salonicenscs V, 23; Hebreo IV, xs. 

(141) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



y los médiums evocan á los espíritus, se ponen duros, 
extasiados ó frenéticos, 

5. a Los baglans y los médiums son igualmente 
histéricos, visionarios ó alucinados. 

6. a Coinciden en creer que no sólo los seres vi- 
vientes, sino hasta los objetos, tienen sombra ó espíritu, 
ai que atribuyen los espiritistas su cohesión que llaman 
afinidad, 

7. a Ambos dicen que los espíritus vienen en alas 
del viento. 

8. a Los espiritistas de Barcelona me han declarado 
que en efecto, nuestra Anitería era el propio Espiritis- 
mo, y que aquella fué la primera forma de Religión y 
de Espiritismo. 

Con el Romanismo: — 

1. a Los Anitos filipinos no eran mas que los San*» 
tos de los romanistas, hombres divinizados, á imitación 
del paganismo. 

2. a Los angelitos de los romanistas en forma de 
niños recien nacidos ó solo de cabecitas, son parecidos 
á las almas semi-divinizadas de los fetos y niños de los 
aniteros. 

3. a Anitistas y romanos creen en anitos ó genios 
malos, que son los demonios de los últimos; pero no hay 
tales demonios. Stf existencia sería contraria á la infi- 
nita bondad y misericordia de Dios. 

4. a Ambos creen en supuestas apariciones del alma 
después de la muerte del cuerpo; pero no hay tales 
apariciones, por la sencilla razón de que el espíritu es 
invisible. 

5. a Creen ambos erróneamente en posesos, ó sea 
en [que un demonio ó alma se puede introducir en el 
cuerpo de otro hombre vivo. 



(142) 



ISABELO DE LOS REYES. 



6. a Creen en brujerías y en la eficacia de los ex- 
orcismos. 

7. a Ambos tienen ídolos ó imágenes sagradas de 
formas humanas. 

8. a La Religión filipina incurrió en los mismos 
errores qve el Mosaismo, elRomanismo, el Protestantismo 
y el Espiritismo, á causa de la imperfección de sus co- 
nocimientos científicos; pero es tan santa y digna de 
nuestro profundo respeto, como todas las demás Reli- 
giones, en su objeto, ó sea en su instinto natural de 
buscar al verdadero Dios para rendirle el tributo de 
nuestra adoración y gratitud por sus inagotables y pro- 
videnciales misericordias. 

Otras semejanzas, — El Budhismo también tiene por 
fondo la divinización del hombre. Y el Brahmanismo 
profesa otras creencias comunes. 

El Anitismo tiene grandes semejanzas con todas las 
demás religiones, pues, es el que sirvió de base general 
á todas. Creo que el Aniíismo es indígena y la primera 
forma de religión que hubo en todos los paises. 



(143) 



lililí 



lililí 



í: i^MlllIl 
i^Mlllll 

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- ■''■ .i' £:S¡yfeásÍfe:i5?4 .'. ^ 


Escii 


.TURA KiOROT 


¿ES 


MASÍKEN? 




( M4) 



XXII. 

Aplicación del estudio de nuestra Mitología. 

Cuando se aclaraba la razón del hombre-niño ó pri- 
mitivo, se encontró con muchas cosas para él de pronto 
inexplicables: el día con su claridad, la noche con ^us 
tinieblas, el cielo con sus astros, el aire con sus nubes, 
vientos, lluvias y rayos; el mar y los ríos con sus peces 
y anfibios; la tierra con sus volcanes, sus animales que 
á veces parecen esfinges, y las plantas que aunque in- 
móviles, brotan y crecen, á veces despiden sonidos al 
ser agitadas por el viento, y de noche parecen moradas 
de seres invisibles con los cantos de los ortópteros ó con 
la luz de las luciérnagas ó de los fuegos fatuos; y cuando 
empezó á hacer observaciones, notó que los que penetran 
en los bosques ó en los pantanos, morían de fiebre, igno^ 
rando que lo produce el humus de los bosques vírgenes 
ó los microbios de los lugares pantanosos, como los 
arrozales 

Al principio nada de esto llamaba su atención, a 
no ser el imponente estruendo de los rayos y de los vol- 

(145) io 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



canes que instintivamente le sobrecogía de miedo; creía 
que todo era natural, que todo nace y se desarrolla, 
como una hierba brota espontáneamente de la tierra. 
No reparó siquiera en la necesidad de un creador. Así 
creen aún los cafres, como lo atestigua Burchel en Tra- 
veis; y si apuráis á preguntas sobre el origen de estas 
cosas á los más ignorantes de nuestros monteses, os 
contestarán lo mismo: que todo es porque sí, todo na- 
tura! y expontáneo; que nada saben de la primera causa. 
Su infantil y tosca inteligencia aún no ahonda á más. 

El hombre, pues, pareció empezar por una carencia 
de idea religiosa ó de lo sobrenatural; pero teniendo 
miedo instintivo al estrépito de los fenómenos de la 
Naturaleza, pronto empezó á averiguar qué seres vivos 
estarían ocultos en ellos y procuró desarmar su rigor 
ofreciéndoles íu comida, que era lo mejor que poseía. 
Su rica imaginación le dio cuanto deseaba, confirmó 
cuarto sospechaba, y sus meras suposiciones se convir- 
tieron en creencias y después en dogmas. 

Poco á poco el hombre-niño se fué fijando en lo 
que más le afectaba de cerca y hería directamente sus 
sentimientos. Por indiferente que fuese, no pudo menos 
de afectarle hondamente y de hacerle meditar, la vio- 
lenta interrupción de la vida en sus seres queridos. 
¿Cómo podían- morir absolutamente personas que sólo 
ayer ó hace un momento nos hablaban y querían en- 
trañablemente? El cariño así mortalmente afectado, unido 
con sus sueños en los cuales volviera á ver y hablar 
con personas ya muertas, le hizo pensar en que en el 
hombre hay algo más que el cuerpo que se corrompe con 
la muerte. Observó que en el hombre dormido (que es 
la imagen de un muerto), mientras el cuerpo duerme, 
f>or lo regular su ira¥ginaciónr sigue despierta y vaga 

(146) 



ISABELO DE LOS REYES . 



por regiones misteriosas ó ignoradas (i). Unió esto con 
esa sombra que en forma parecida á la suya, le sigue 
á todas partes, sombra cuya realidad se hace visible de 
un modo sorprendente al mirarse uno en el espejo de 
las aguas, ó en el fuego fatuo que á veces sale de los 
sepulcros, y se robusteció su creencia de que existe un 
otro hombre dentro de cada hombre, lo que nuestros ilor* 
canos llaman aningaás, anioaás ó karkarmá] en tagalog, 
kakap, aniño ó multó. Ese aningaás ¡ esa sombra, creen 
que es una emanación del cuerpo, se forma de los vapores 
que transpiran por nuestros poros; por eso, aunque pa- 
rece impalpable, en. realidad es visible. Este aningaás 
es ia razón (2) y la sombra; así el loco ha perdido su 
aningaás ó su sombra. Como los indios americanos y 
los antiguos griegos, creían que tampoco el cadáver tiene 
sombra. Cuando un campesino pierde la razón, le acom- 
pañan á los parajes retirados por los cuales se supone 
que haya perdido su aningaás y gritan llamando á éste. 
Y por evitar que se quede por distracción, cuando se 
retiran de los bosques, exclaman: Vamos, vamos! (3), 



(í) Los dayaks de Borneo, los ne'grito-malayos* de Luwang, Aru, Kei y 
Babar, hasta los antiguos germanos, creen que el alma se separa del cuerpo 
durante el sueño. Y los amazulds afirman que las almas de sus padres viven 
aún mientras se les aparecen en sueñes. 

(2) Los egipcios creían que la razón ó inteligencia, Khu, era su alma ígnea 
y que volaba al éter, al morir el cuerpo; mientras la otra alma, Ba, quedaba so- 
metida al juicio de Osiris, 

(3) En ilocano, la sombra se llama aniníwan [tag. aniño) . anínaw, la imagen 
en el; agua, anínag la sombra vista al través de alguna cosa trasparente; ani- 
ngaás, se compone de ani (alma) y de anges ó umanges, loque transpira (por los 
poros), todos se forman de la raiz ani, que como el ánima latino, significa alma 
ó sombra. En malayo, el alma se llama ani-ani, Ya hemos dicho que anito sig- 
nifica alma de muerto. 

La otra raiz de alma es el karahuang de los malayos de Borneo, del que se 
forman el karkarmá ó el kararuá t ilocano; JCaloluá y ICakaJ» en tag.; kalag bis. y 
bik.; kamatu entre los tirurays. 

(147) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Habrán sido decisivos los testimonios de los visión 
narios y locos que aseguran tener amigos sólo visibles 
á ellos con quienes hablan continuamente, y los sanos 
labriegos creen que en efecto los tienen. 

Establecida la existencia del aninga&s ó alma, fá- 

En bisayá y bíkol, la sombra se dice landong, y landong ó lagdon llamaba» 
á sus ídolos, que corresponde al ladawan, (iloc.) ó al larawan (tag.). Que signifi- 
can imagen. 

En la Micronesia y Tasmania, la palabra con que se expresa alma, significa som- 
bra (famune ó tatnre). Los indios americanos consideran la sombra del hombre 
como su alma ó vida. 

En rai Prehistoria de Filipinas, llamé por primera vez la atención sobre las 
diversas denominaciones del alma entre los ilocanos. Se llama karkarma, la 
sombra del hombre cuando vive aún el cuerpo; alalia 6 araría cuando ya mu- 
rió éste, y aniwaás ó aningaás es nombre común á ambos estados, muerto ó 
vivo. Y hay otro vocablo que corresponde al nlma tal como la conciben los 
cristianos y se llama kararuá* Parece ser arariá el alma de los malos, pues 
hace daño y es temible, y kararuá corresponde á la de los justos, porque es un 
vocablo que implica veneración; corresponde al antiguo vocablo Anito: pero kara- 
ruá por la idea que expresa, parece ser extranjero, y procede probablemente del 
karahuang de los olo-ngadjus de Borneo. Estos diversos vocablos se refieren á la 
razón, que antiguamente se creía ser la misma sombra ó espectro, y con la 
introducción del Budhismo y del Cristianismo, se convirtió en alma. 

Blumentritt supone que las diversas clases de almas de los malayos se re- 
fieren á una misma. 

Entre los hebreos, las sombras de los muertos se llamaban nephesh ó nephaims 
(plural) é iban al sheol, sepulcro 6 pueblo de los muertos (necrópolis), pero no 
lugar de penas. 

Los malayos de Nias al O. de Sumatra, distinguen tres almas: i a noso, el 
alma que se introduce al nacer y se marcha al morir ó es trasmitido por los dattos 
á sus sucesores, a.a el bechu (espíritu) zimate (del muerto), va al mundo de de- 
Watas; 3.a el noso-dodo [el alma del corazón], queda después de la muerte, y 
á veces encarna en la araña moko-moko por lo^que le rinden respeto, como los 
filipinos creían que encarnaba en el caimán, etc. según el animal ó tótem fpatrono) 
predilecto de cada pueblo. Cabe suponer que son una misma alma. 

Los battaks de Sumatra, sus hermanos, abrigan semejante creencia: reconoce» 
tres almas ó tondis: 1.0 Tondi- siguliman ó sipargagon; a. o tondi siantahara 
y 3 .o tondi sichochor. Este muere con el hombre; los demás, después de la 
muerte, se reúnen en una sola llamada sumangot, y van hacia el Occidente, á la 
morada de los dewatas, su paraíso. Los tondis de los malos vagan por la tierra 
encarnándose en tigres, caimanes ó en los árboles, hasta que el Dewatft crea cum- 
plida su expiación y les conduzca á su mansión. 

Los dayaks de Borneo creen que al morir el hombre, el alma hambaruan se 



(148) 



ISABELO DE LOS REYES. 



curtiente ocurrió al hombre la idea de la otra vida ó 
de] otro mundo misterioso. Williams cuenta que en 
cierta ocasión colocó por sorpresa delante de un espejo á 
un indígena de rostro agraciado, de las islas Fidji, y se 
puso muy contento diciendo en voz baja: "Ahora puedo 
ver el mundo de los espíritus" {Fiji and the Fijians). 

El hombre, por su profundo cariño á sus difuntos, 
se negó á creer en el aniquilamiento absoluto de ellos, 
y pensó en que muerto el cuerpo, su sombra iría á 
continuar una vida semejante á la anterior, á ese mundo 
misterioso á que suele escapar durante el sueño. 

El hombre observó que los demás seres y objetos 
hasta las armas y utensilios tienen sombra y creyó 
que también tienen alma (i), sin duda para la otra vida. 

divide en dos: el lian (alalia?) va al Paraíso; el karahuang % (que corresponde al 
kararua ó kalolua de los filipinos) queda asfixiado en el cuerpo hasta el tiVJah 
(tibau de lo» tagalogs). Cuando se celebra el tiWah, invocan á los espíritus bue- 
nos (sangutang, correspondiente al sangunian ó tutelares ó defensores de los N ta- 
galogs) para que despierten el karahuang y que vaya 1 reunirse con el It'au; es 
como el karkarmá de los ilocanos, que se puede extraviar ó perderse por descuido. 

Los javaneses, buquineses, malcasares y malayos propios creen en dos almas 
6 dosj denominaciones de almas, que llaman sumangat los malayos propios y se- 
mangot los javaneses. Los sondaneses mencionan tre3 almas: i.a el lelembutan ó 
atji (la vida, como I03 hebreos); a.a el jumó ynni (voluntad, simpatía, prestigio); 
3.a el suktfta, el alma que piensa. 

Los dayaks y los negrito-malayos de Célebes c?een que el espíritu de cada 
enfermedad se introduce en el cuerpo del enfermo y ocupa el lugar del alma 
(kambaruan) é invocan á los espíritus buenos para que expulsen al espíritu de 
la enfermedad. Los campesinos de Filipinas supinen que en ciertos enfermos se 
ha metido el alma de un difunto, y lo expulsan azotándole con ramas espinosas. 

Los fidjianos afirman que el hombre tiene dos almaí, una negra que es su 
sombra, va al infierno. La otra es su imagen reflejada en el agua ó en un espejo 
y ésta permanece cerca del lugar en que el cuerpo muere. 

(i) Como lo creen los dayaks, los fidjianos y seguramente los demás ma- 
layos. Hasta eso imitaron los espiritistas. En una sesión del Centro Amor Uni- 
versal de Barcelona, oí decir á un médium que una imagen de Cristo puesta 
en el fuego, se destruye ó disgrega, porque pierde su "espíritu." Sí, la madera 
tiene espíritu, repitió, ó tea su afinidad, quería decir cohesión, que los químico» 
Haman ley de afinidad, ó de atracción, segdn Flanmarióa. 



(149) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



De aquí dedujeron que los muertos seguirían un género 
de vida semejante á ésta en el otro mundo y por eso 
enterraban á los muertos con sus armas é instrumentos 
de labor según los sexos, y á los ricos les hacían acom- 
pañar de esclavos que mataban para que les sirviesen 
en la otra vida; y á los difuntos ofrecían comidas, cuya 
substancia éstos consumían. 

Habrán contribuido á esta creencia los espejisnos 
que nos muestran en el espacio panoramas completos 
con hombre?, animales, plantas é instrumentos eje trabajo. 

Prueba de que el hombre primitivo se conserva en 
las selvas filipinas, es que las famosas sepulturas prehis- 
tóricas que se hacen remontar á las edades del hierro 
y del bronce y aún al periodo neolítico, son parecidas 
á las que hasta ahora hacen nuestros monteses. 

Esas sepulturas prehistóricas se hallan en las caver- 
nas ó cuevas, ó bien se abrían nichos en las mismas 
montañas ó bien en dólmenes ó sean sepulcros con 
losas de piedra verticales; encima se cerraban horizon- 
talmente con otras piedras semejantes, y los intersti- 
cios se recubrían con tierras formando túmulos, Dentro 
de esos dólmenes se encuentran esqueletos acompaña- 
dos de utensilios y armas, como vajillas, hachas puli-» 
mentadas, puntas de lanza, etc. 

Recomiendo á las sociedades de estudiantes excur- 
sionistas visiten y hagan excavaciones en las cuevas, 
"En las de Tayabas, según el ilustrado folk-lorista señor 
Mondragón, dicen que hay una cueva encantadora que 
guardan esfinges de serpientes, toros embistiendo con 
hombres desnudos y cornígeros. ■* En Europa se estiman 
en mucho semejantes cuevas prehistóricas que conservan 
los primeros grabados y manifestaciones del arte. 

"En los sitios de Pinaglapatan y Balanga, de Gu- 



(150) 



ISABELO DE LOS REYES, 



maká, añade, existen mansiones legendarias de encan- 
tadores/ 1 que para mí— -añado yo — serían cementerios 
antiguos, y por consiguiente, se deben excavar bajo la 
dirección de personas peritas íf En las costas exteriores 
de la isla de Alabat y en Balogo (Camarines Sur) hay 
camillas de tres palmos de longitud y calaveras de 0*027 
mm. de diámetro." 



(ISO 



XXIII 

La Mitología filipina nos descubre el origen de 
los diversos cultos, cosa que no acertaron 
á encontrar los sabios por falta de 
informes exactos, 

¿Y á dónde, pensaría el hombre primitivo vá el 
alma después de la muerte del cuerpo? 

Reencarnación, — Dijimos que un hombre devorado 
por un caimán, se creía que su alma reencarnaba en 
el anfibio, y por esto, los filipinos llamaban abuelo i 
ciertos caimanes (i). Y así de los demás animales, eli- 



(i) En Java, Sumatra, Buru y Célebes suponen que en ciertos caimanes hay 
almas humanas. Estos caimanes no hacen daño, sino que defienden á los hombrea 
contra los verdaderos caimanes. Los battaks los consideran sagrados, inviolables. 
Llaman óuWaj'a t en Filipinas buaya* Los de las islas de Timor, Baba, Wetter, 
Ara y Amboina dicen descender de caimán. Cuando sube al trono un nuevo rey, 
le arrojan una joven que, creen, se casa con ella. Les ofrecen de comer y hacen 
idolillos de ellos. 

En Hawai suponea que el alma de un hombre devorado por un tiburón, reen- 
carna en éste. 

Hasta el mismo fray G, de San Agustín, pág. 379, creía que los caimanes del 
rio de Paaay que devoraban casi diariamente una persona, eran hechiceros y brujo* 



(153) 



LA RELIGIÓN ATIGUAN 



gieodo como su tótem ó animal diviaizado y protector 
al mas temido de la comarca, como el búfalo silvestre 
(cimarrón), en quien creían que solían encarnar los ani- 
tos, según Aduarte; los jabalíes, que son los que abundan 
en Filipinas, y el caimán donde los haya, y donde nó, 
hasta las simples anguilas. Por eso, en los sepulcros que 
encontró Sinibaldo de Más entre los ígórots de Ambu- 
ráyao, estaban grabados un karabaw y ua cerdo montes. 
Y en otros paises, donde hay elefantes, leones, tigres, 
bueyes especiales como el apis, osos, águilas y grandes 
monos, son también los preferidos. 

La idea de la reencarnación es casi universal entre 
los pueblos antiguos, egipcio, indio y aún entre los filó- 
sofos griegos. Platón lo admitía, y Pitágoras hasta ase- 
guraba acordarse de sus existencias anteriores. Profesan 
esta creencia los filósofos judíos y la llaman gilgul; lo 
mismo los cristianos maniqueos y muchos modernos. 

Los monteses filipinos creen que el rayo sorbe los 
sesos de sus víctimas y por cons guíente, su razón ó alma, 
la cual se identificaría con el rayo; por eso decíam que 
el que truena son sus antepasados Kiruls, El rayo no 
debe ser tal fuego, sino hombre, pues dicen que me*- 
tiéndose uno en el cañadulzal, se vé libre de él, porque 
teme ser herido de las puntiagudas hojas, 

Cuenta Tanner en Nurrative cf Captivity among the 
Indians, que el régulo de los pieles rojas, asustado por 
una tormenta horrorosa, ofreció tabaco al trueno como 
si fuese un hombre, pidiéndole que parase. 

que tomaban aquella figura para hacer daño á aquellos de quienes se querían vengar, 
porque, dice, "los anzuelos que les armaban se hallaban colgados de lo mas delgado 
de las cañas y árboles y á veces los vestidos de los que habían cogido sin romperse,- . 
cosa que nadie podía hacer mas que el demonio.'' Y añade: "Muchas cosas de 
estas 7>? y oí decir en seis años que estuve en aquella provincia muy difíciles de 
creer." 

(154) 



ISABELO DE LOS REYES, 



Segúa Lubbock-, es creencia general entre las razas 
atrasadas la de que el trueno es la voz de una deidad 
celeste ó antropomórfica. 

Muy posteriormente, cuando ya se inventaron los 
carros y las leyendas del carro de Helios ó el Sol, se 
creyó que. el trueno es el ruido de ese carro, y el rayo 
las chispas que despiden sus llantas al chocar con el 
empedrado del cielo. 

Si ahora los ilocanos suponen que el rayo al principio 
es un cerdo blanco ó gallo, esto es una equivocada con» 
servación de una creencia, Es que cuando el trueno 
ruje, tiene hambre y pide un cerdo ó gallo de los que 
suelen sacriñcar á los Anitos (i). 

Las almas de los ahogados, según los antiguos fili- 
pinos, 'quedan en el agua, y coa el tiempo son adorados 
como genios del elemento líquido. 

De la misma manera creían que los espíritus de los 
que se enterraban en sus casas, permanecían en ellas y 
éstas serían los Anitos de hogares. 

Las ánimas de los sepultados en los bosques, que- 
daban poblándolos como genios campestres, Los tiru- 
rays llaman nunok (abuelo) al baliti (Ficus), queriendo 
significar que en él habita el alma de algún abuelo. Los 
árboles no eran venerados como dioses, sino como mo- 
radas de los anitos, y de éstos proceden los talismanes 
ó amuletos vegetales y minerales. 

Y los espíritus de los que se inhumaban á campo 
raso formando encima un montón de tierra á modo de 
túmulo, quedarían viviendo en esos montones y otros pa- 
recidos, como el Nuno sa punsó (el abuelo del montoncito). 

I.i) Los salvajes suelen identificar la víctima con el Anito á quien la sacri- 
fican, considerándolos igualmente sagrados, asi como ¡©s romanistas confunden la 
hostia con Dios. 



(155) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



En Mindanaw llaman Apo (abuelo) al volcan de este 
nombre, prueba de que Mandarangan fué un abuelo, 
quizás devorado por sus llamas. Así como un Aníto 
antiguo, Lal4aon % vive en el volcan Malaespina de 
Negros. Los volcanes inspiraron la idea del infierno. 

Como no todos los muertos eran devorados por 
animales, rayos ni el agua, había necesidad de imagi* 
narse un mundo misterioso, á donde la generalidad iría 
á continuar esta vida, y no había otro mas apropósite 
que las desiertas cumbres de las más altas ó abandonadas 
montañas. Allí iban á recibir su recompensa los buenos 
divirtiéndose, cantando, comiendo y bebiendo, lo cual 
ciertamente debe constituir la felicidad posible, no solo 
entre ios salvajes, sino entre los más civilizados también, 
sin que dejasen de trabajar, para lo que llevaban sus 
instrumentos de labor. 

La continua fiesta empalagaría y llegaría á ser un 
tormento. Y los que fueron malos, volverían á ensayar 
nueva vida á ver si mejoraban; pero jamás el corazón 
puro, sencillo y bueno del hombre-niño pudo creer ea 
absurdos infiernos, porque con su admirable intuición 
comprendió desde luego que para castigo de nuestras 
debilidades son suficientes los contratiempos, pesares y 
miserias de esta vida. "La pena del fuego en un in*- 
fierno, dice Grasserie, es rara, casi exclusiva de la reli- 
gión cristiana,' * y aún sería más exacto decir, del Cris- 
tianismo neoplatónico que es Cristianismo adulterado. 
Los diversos infiernos debió ese Cristianismo imitar del 
mazdeismo, del brahmanismo ó del taotismo chino. 

La vida en el otro mundo, para el salvaje, es como 
la presente: para los buenos, un jardín de delicias, y 
para los malos, miserias que podrá remediar con eí 
santificante trabajo. Sólo al elevarse su inteligencia, es 



(156) 



ISABELO DE LOS REYES. 



cuando piensa en la comunión con su Dios, y se espiri- 
tualiza hasta en sus goces y penas. 

Transmigración. — Los espejismos, esos fenómenos 
ópticos frecuentes en las llanuras cálidas ó en el mar, 
que consisten en ver reproducidos en el aire panoramas 
con sus hombres, bestias y árboles, que se hallan á dis. 
tancia del espectador, invertidos como en una máquina 
fotográfica, opino que produjeron la idea de que las 
almas de los difuntos recorren el aire. De aquí los di. 
versos anitos del espacio; y eso también debió de abrir 
el camino á la idea de la transmigración de las almas á 
las estrellas. 

Al principio no se ocupaban en averiguar quién 
pudo haber hecho el Universo, creyendo que todo sur- 
gió espontáneamente. Así, en efecto, muchas razas aún 
no tienen idea de un Creador, como los indios de Cali*- 
fornia, los zulús, los hotentotes, los bongos del Sudán, 
los siberianos, los cris del Polo, los negros australianos, 
(y quizás algunos monteses nuestros) según los testimo- 
nios de Dobritzhoffer, Baegert, Stuhr, Muller, Callaway, 
Franklin, etc. 

Mas tarde, cuando el entendimiento de la raza ha 
acertado ya á hacer de sus antepasados unos dioses, su 
rica fantasía de niño atribuyó á esos antepasados pode- 
res extraordinarios y llegó á considerarles como cons- 
tructores del Universo cual creen los basutos y los 
africanos occidentales, y para que esto fuese posible, 
era preciso imaginarse que los progenitores fueran unos 
gigantes inmensos, como creen los eslavos, alemanes, 
kindus, ilocanos, etc. y donde viera hendiduras de mon«' 
tafia las tomó por huellas de dichos gigantes, y á los 
mismos montes como bancos ó asientos de ellos. 

Contribuiría grandemente á esta creencia el que an- 



(157) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 

: — ; i __ __ 

tiguamente había inmensos animales y reptiles, que ahora 
ya no existen. 

Aquí tenemos, pues, descubierto en el fondo de la 
Mitología filipina como los diversos cultos de fenóme- 
nos, de gigantes, de animales, de serpientes ó anfibios, 
de plantas, de genios, de las piedras que no fueron más 
que imágenes de los Anitos, etc., todos tuvieron por 
origen el culto de las almas. 



XXIV» 

Culto del fuego en los rayos, volcanes é in- 
cendios, 

En la historia -de los primeros pueblos civilizados 
(China, India, Persia, Caldeo-A siria, Egipto, etc.), e! pri- 
mer culto ordenado que encontramos, fué el del Sol, 
pero sirviendo de fondo vestigios del primitivo fetichismo. 
Eso fué, cuando el hombre era ya civilizado, cuando 
puesto á observar las estt ellas, descubrió la gran impor- 
tancia del Sol como centro y fuente de toda la vida de 
nuestro sistema piar. et ario. 

Más, según observaba Voltaire, el hombre primi- 
tivo, como el niño y el salvaje coetáneo, ni siquiera 
debió de fijarse en la verdadera importancia del sol y 
para él no era más que una lámpara del cielo, cuyo 
tamaño es el que ofrece en el horizonte al salir ó al 
ponerse, así lo creen los monteses y campesinos de Fi- 
lipinas. Según la misma Biblia, el sol no es más que 
una lámpara colgada de la bóveda sólida del cielo, ma- 
yor que las diminutas estrellas. 

Los brahmanes decían que el Fuego era adorado 
por ser la im ágeñ del Sol; pero no es verosímil que el 
culto del Fuego sea posterior al del Sol. Cuando se 
descubrió la real importancia de este astro, sólo eston- 
ces se unificó con el del Fuego* V aún adelantándolo, 

(159) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Si profundizamos en las historias indias, el culto del 
Fuego parece anterior al del Sol. 

El nombre de Aloro, el primer rey fabuloso que 
tuvo Babilonia, no significa más que "dios del fuego/ 1 
anterior á Belo, el Rey deificado en el sol. 

Según las antiquísimas tradiciones zendas, este culto 
se originó de haber salido una chispa al chocar una pie- 
dra lanzada contra una roca. Es decir, cuando el hombre 
descubrió la propiedad del silex|de*producir fuego. Es 
posible. 

Antes de eso, los truenos y los volcanes no habrían 
dejado de llenar de pavor al hombre primitivo, y por 
consiguiente, de ser objetos de su adoración. Creo que 
el culto del fuego se originó del miedo á los rayos, á 
los volcanes, y á los incendios, no sabemos si fué simul- 
táneo ó anterior al del sol, pero de ningún modo pos- 
terior. Los judíos llamaban "flechas de Dios u 'á los 
relámpagos. 

El culto del fuego es antiquísimo y casi universal 
Los ainos, aborígenes del Japón, tienen por Dios prin- 
cipal, no el sol, la luna ni las estrellas, [sino el fuego á 
quien piden cuanto necesitan, al decir de Bickmore. 
(Trans. Etkn,) (i). 



0) Según otro autor, los ainos adoran el sol, el viento, la mar y el oso, 
llamándoles Kamui (dios), ofrecen 6 fijan pequeño» trozos de madera en nombre 
de sus dioses, como los católicos ofrecen velas á sus santos. Al oso, á pesar 
de ser venerado, lo comen, rezando antes de hacerlo. 

Guardan como amuletos plumas de pájaros, piel de serpiente y calaveras de 
animales. 

Pensaban que los perros hablaban en un principio. Un matrimonio tenía un 
perro que hablaba. El hombre fué á un bosque con esíe perro, y después éste 
volvió á la mujer á decirla que su amo había sido devowwio por un oso y que 
antes de morir él, le enemigó que se casase con la víuüa. Esta, escandalizada 
con la superchería, arrojó á su boca »» puñado de tierra, y desde entonces el 
perro perdió el habla, 



(160) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Los ilocanos también le dan el tratamiento de Apo 
(Señor), como im elemento que les sobrecoge de miedo 
en los grandes incendios de sus casas de materiales 
combustibles. Los tagalogs llaman al incendio metafó- 
ricamente calabaza ó enredadera encarnada y otros lo 
consideran como un dragón de fuego, cuyas múltiples 
lenguas hacen desaparecer cuanto lamen. 

Uno de los amuletos primitivos era la cruz que 
representaban dos cañas que frotadas una con otra, pro- 
ducían el fuego; la veneraban como sagrada los hindus, 
persas, babilonios y otros. Mas tarde se perfeccionó 
este primitivo procedimiento de producir el fuego en el 
swastika, también en forma de cruz, que lo daba 
frotando ó barrenando un agujero que tenía en medio. 
Con este mismo signo se representaba la letra sagrada 
T, tau, que mil quinientos años antes 'de Cristo llevaban 
como amuleto caldeos y egipcios. 



(161) ii 



XXV. 

El culto del Sol. 

No debe ser tan antiguo como creían los primeros 
pueblos civilizados. Los grabados de este astro halla- 
dos en algunos sepulcros prehistóricos, pudieron no ser 
mas que símbolos ó adornos, pero no como objetos de 
adoración. (Verlos en la Biblia filipina pág. ni). 

Parece indudable que el hombre sólo deificó al Sol, 
cuando ya tenía idea de la vida ultraterrestre; así, no 
es anterior al culto de las almas. Para los monteses 
filipinos, parece que el Sol y la Luna no son mas que 
antepasados, como se cree en el Sintoismo japonés (i). 



(r) El Sintoismo. — Es la antiquísima religión de nuestros vecinos los japone- 
ses, la que profesaban antes de abrazar el Budismo, que en el siglo VI de Cristo 
penetró desde China y Corea. Se llama Kami no michi (Camino de los dioses) 
y en sino-japonés, Sinto. 

Consiste en el culto de las almas de los muertos, de las fuerzas de la natura- 
leza y de les genios que viven en el aire. Por lo visto, es parecido á nuestra 
Anitería. 

Veneran á los espíritus de los héroes y bienhechores del pueblo, y íes invocan 
en* s:s necesidades y tribulaciones para protegerles. 

Los dos principios macho y hembra llamados Isa-nagi é Isa-nami t que vienen 
á ser cu eros hombres , engendraron la diosa del sol, Ise, y ella gobernó el 

Japón. Sus descendientes, al morir, fueron deificados representando ios podores de 



U63 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Ya hemos visto cómo los mandayas de Mindaoaw cuan- 
do ocurre algún eclipse, gritan d'sparando sus armas: 
JÍ Abuelo ? déjate ver. 5 ' Algunos monteses de Luzón al- 
borotan procurando ahuyentar al dragón que quiere 
devorar á los enunciados astros, lo que es también creen- 
cia china; pero esto lo han negado los de Benguet. 

Según Morga, los filipinos adoraron el sol y la luna, 
y el Dr. Rizal en su deseo patriótico de ensalzar nues- 
tra civilización prehispana, comentó diciendo que el Sol 
era el Dios supremo de los filipinos y que en la Natu- 
raleza no hay otro ser mas grande y admirable que 
dicho astro. Este comentario del inmortal filipino nos 
recuerda al inca del Perú que contestó á un misionero. 
— "Tu invocas á un Dios muerto; yo adoro al Sol que 
no muere jamás. u 

Pero como nuestro objeto es investigar la verdad 
pura, prescindimos ahora de lo patriótico y declaramos 
que los antiguos filipinos civilizados veneraron, en efecto, 
dichos y otros astros con los nombres de baihala en su 
acepción de luces hermosas y de misterioso origen. 
Ahora mismo, nuestros monteses admiran al sol y las 
estrellas como astros y sus imágenes se ven tatuadas en 
sus antebrazos, pero ignoran el papel importante que 
ejerce el sol en nuestro sistema planetario. Los verterán 



ia naturaleza, De ellos descienden en línea recta los mikados (emperadores) , los 
cuales son considerados como dioses aun estando vivos. 

Su libro sagrado es el Ko-si-ki ó Furu-koto Bumi que data de los comienzos 
del siglo VIII; según la tradición, procede del libro Chu-king de los chinos • 
Predica el respeto á los dioses, el amor á la patria, aamisión al Mikado y á 
sus representantes, y obediencia á sus mandatos, á los dictados de la propia 
conciencia y á las leyes de la moral social. 

En 1868 el Sintoismo fué declarado religión del Estado. A pesar de ello, 
está muy decaído, y prevalece el Budismo, pero mezclado con el Sintoitmo y 
modificado por los bonzangs japoneses. 



(164) 



ISABELO DE LOS REYES. 



de un modo secundario, Quizás esta veneración (no 
culto) fué introducida por los hindus ó los mahometanos. 

Lo que dice el P. Villaverde que según nuestros 
monteses, los astros son las moradas de los dioses, no 
es verosímil, porque entonces conocerían aproximada- 
mente sus verdaderas magnitudes, y la realidad es que 
para ellos las estrellas no son mas que unas lucecitas 
tan pequeñas como aparecen á simple vista. 

La leyenda ilocana de que en la luna hay un San 
José durmiente, ó de un hombre montado en dicho 
astro, según los igorots, debe ser posterior á la época 
prehistórica, que estudiamos. 

Parece que las razas primitivas no adoraron á los 
astros á juzgar por 4os polinesios. Algunos autores 
españoles dicen que nuestros negritos adoran el Sol; 
pero no lo hemos podido comprobar. Según los pri- 
meros españoles descubridores de Filipinas, "no pa- 
rece que los filipinos adoraron en estrellas, animales 
ni calabernas ni otras cosas que adoraron los gentiles. if 
Memoria de 20 Abril 1572). De todos modos, entre 
los demás monteses nuestros, la veneración del Sol es 
muy secundaria en comparación del Anitismo. Lord 
Kames en History of Man afirma que los malayos de 
Borneo y Célebes no tienen otros dioses que el sol y la 
luna. Es inexacto; ellos, como nuestros antepasados sus 
hermanos, profesaban la Anitería. 

Hasta donde llegan los recuerdos de los pueblos 
mas antiguos en civilización, el culto de los astros está 
íntimamente ligado con la deificación de los reyes. En 
Egipto vimos que por adulación comparaban con el sol 
á sus reyes, por lo que les dieran el sobrenombre de 
Faraones, En Asiría vimos que el rey Belo se convirtió 
en dios sol, así como Mitra en Caldea y Persia, y que, 



(165) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



entre los zendas y los hindus, sus reformadores divinos 
se metamorfosearon en la estrella Sirio, la mas brillante 
que vemos Es posible que lo que empezó por una 
adulación á los reyes comparándoles con el fulgor de 
los astros (i), acabara en sabeismo; que cuando se deifi- 
caron las almas de los reyes, fueron adorados los astros, 
como moradas de ellos al principio; y mas tarde, cuando 
los adelantos de la Astronomía demostraron la gran im- 
portancia é influjo del sol y de los demás astros sobre 
la tierra, sólo entonces les deificaron como tales dioses. 
Desde la 5. a dinastía egipcia se registran restos grabados 
del culto del sol. 

Quizás el monoteísmo ha nacido del conocimiento 
del universal predominio ó influencia del Sol sobre 
nuestro sistema planetario, es decir, sobre el Universo 
entonces conocido. 

El culto del Sol empezó siendo grosero; para los 
países cálidos es maléfico, atribuyéndosele las insolacio- 
nes y demás enfermedades. Y para las regiones frías, 
es dios benéfico. 



(lj Los profetas hebreo* les comparaban con el lucero de la mañana» 
Isaías XIV, ia. 



(166) 



XXVL 

El viento. 

Suponemos que el viento es el soplo de Anito, pues 
en sus alas dicen que viene á los bagians. Según los 
ilocanos quienes le dan el tratamiento de Apo (Señor), 
viene de unos cañaverales del Abra, probablemente de un 
cementerio ó morada de Anitos, 

Los zambaleños llamaban Aniton-tavo '(anito hombre) 
al espíritu del viento y de las lluvias, lo cual evidencia 
que el viento no es más que el alma de algún abuelo. 

Los tirurays, llaman al viento por la mar, diciendo: 
Kemerrekl 

Los judíos llamaban á la tempestad "amenazador 
discurso de Dios", y se imaginaban que el Creador tiene 
encerrados los vientos en cavernas que llamaban M los te- 
soros de Dios' 1 . (Spinoza, Tratado teológico*político % I, 

pág. 41). 

Los paganos creían que Eolo era el dueño de los 

vientos, 

(167) 



XXVIL 

Zoolatría. 

El culto de los animales se basa en la reencarnación 
de las almas de los difuntos, y que aquellos fueron ve- 
nerados, no como tales animales, sino por los difuntos 
en ellos reencarnados. 

Los griegos y romanos no adoraron á los animales; 
pero según Plutarco, cada dios tenía sus animales sagra- 
dos: Afrodita la paloma, Apolo el cuervo, Artemis eF 
perro etc., así como los romanistas dan á los cuatro evan« 
gelistas un águila, un león, un buey y un ángel, lo cual 
es un plagio de la visión de Ezequiel I, 10. _ 

Hasta ahora los tirurays de Mindanaw creen en la 
reencarnación y hablan de los fenabangs, personas que 
se convirtieron en animales. 

En Guinea creen que los monos, cocodrilos y ser- 
pientes son hombres reencarnados. v 

En Madagascar, la tribu betanimena cree que la 
babacute, especie de lémur, es una encarnación de los 
espíritus de sus antepasados y les horroriza el matarla. 
{Fork-Lore Record). 

(169) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



En Sumatra (país hermano nuestro) llaman nenek, 
antepasados, (nuno en tagalog, abuelo) á los tigres, siendo 
su verdadero nombre rimaw {alimaw í animal salvaje en 
tagalog) ó machang (en filipino, machín significa "mono". 
Temen llamarles por sus nombres, como nuestros cam** 
pesinos á sus deidades y padres, por considerarlo como 
falta de respeto. 

Cuentan las leyendas japonesas que, perseguida la 
hija de un rey del continente asiático por su mismo 
padre con fines incestuosos, huyó en una piragua al Japón 
sin más compañero que un perro y desembarcó en Yeso. 
Tuvo varios hijos semi-dioses del perro y fueron los 
padres de los ainos, raza aborigen que ahora ocupa la 
parte septentrional sin refundirse con los japoneses, Pero 
aino significa perro¡ así es que el perro de la leyenda 
no sería tal, sino un hombre aino. La leyenda, pues, 
no significa más que los japoneses coetáneos, ó los ainos, 
nacieron del cruzamiento entre los ainos y los asiáticos 
invasores. Quizás el nombre de perro habían dado los 
invasores á los aborígenes por sus enemistades. 

Esta leyenda es una variación de la otra, según la 
cual los japoneses proceden de 300 jóvenes y 300 don- 
cellas que el emperador chino Hoangti envió á los mares 
del Japón para buscar la flor de la inmortalidad. 

En el Japón se cree que los hombres se convierten 
en tejones (como zorras ó perros). 



(170) 



XXVIII. 

Culto de los reptiles. 

Algunos cocodrilos eran adorados por considerarse 
como reencarnaciones de sus abuelos. A veces los salva- 
jes suponen que los espíritus de los muertos reaparecen 
en forma de serpientes grandes y se distinguen por fre« 
cuentar las chozas, no comen ratones ni temen á los 
hombres; á veces hasta creen encontrar en la serpiente 
señales características del muerto que se supone haberse 
encarnado en ella. Y suelen ofrecerles sacrificio ó co- 
mida, Parece ser que por la misma creencia fueron 
respetadas por los filipinos las grandes culebras llamadas 
boas, que ellos consideran inofensivas á diferencia de las 
demás; las cuidan en las casas, dándoles de comer. Los 
ilocanos hablan de una isla, á donde, al envejecer las 
culebras, van á petrificarse. 

En Java creen que á veces una mujer pare un coc 
codrilo al mismo tiempo que un niño. Los filipinos 
dicen una culebra en vez de cocodrilo. 

Los cafres creen que sus antepasados se ocultan 
en las serpientes, según Casalis, Chapman, Callaway, 
Arbousset, Livingstone y otros. 

(170 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



En Madagascar (país malayo como Filipinas) y Gui- 
nea se considera el cocodrilo como deidad 5 cuya cle- 
mencia invocan en sus oraciones. 

Como objeto de culto, la serpiente es el primero de 
todos los animales, según Deane. Está extendido por 
todo el mundo antiguo. Dice Müller, en su Mihlogia 
científica, que la serpiente simboliza la juventud y la 
salud; según el Evangelio, la prudencia, Fergusson, en 
su libro sobre el culto de los árboles y de la serpiente, 
dice que fué adorada por su belleza; más, creemos con 
Lubbock que lo fué sencillamente por adulación hija del 
miedo del salvaje. 

El bakonawa bíkol y el laho tagalog son caimanes 
que quieren devorar al sol ó la luna en los eclipses. 



{172 



XXIX. 

Piscilatría* 

Los igórots de Lepanto veneran las anguilas por- 
que creen que están encarnadas en ellas las almas de 
sus difuntos. 

"En Marianas creen que las almas reencarnan en 
los peces. 

Los antiguos bíkols hablaban de los mangindara^ 
peces que tenían formas humanas y seguramente se 
creían que las almas de algunos ahogados se habían 
encarnado en ellos. 

Los tagalogs hablan del pez bulig que se conserva 
vivo en el estómago del mangkukulam. 

Los tirurays llaman diwata al fabuloso cetáceo Naga 
que, según ellos, vive en el "ombligo" del mar y diwata 
significa alma de difunto divinizado. 



(173) 



XXX. 

Avilatría, 

Ei culto de las aves se halla ligado con la reen^ 
carnación de los difuntos En el Japón, vemos con 
frecuencia en sus dramas reencarnado un difunto en un 
canario cuyos gorgeos entienden los parientes del finado^ 
ó en una gran mariposa negra, 

Bastante hemos hablado del ave tigtnantanok. 
m Según los bisayás, el baua fué un hombre asuang 
que se trasformó en ave y temen mucho al kaskas, ave 
nocturna muy grande. Probablemente es el mismo fabu- 
loso kurnaw de los ilokanos que coje niños abandonados, 
ílokanos y tagalogs hablan del ave adama (española?) 
cuyo excremento convierte en piedra á quien toque. 

Los igorots y mayoyaos hablan de un pájaro cuj o 
excremento petrifica, según el P. Villaverde. 

Lo cierto es que los filipinos no veneraron las aves 
como diosas, sino solo como malas agoreras, como el 
salaksak y kiring de los ilok., el labég de los monteses, 
el kilitkilit de los bulalakaunos, el balantikis ó balatiti 

(175) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



(tag.), el saya-saya ó haya de los bíkols^ el limokon ó 
lemuguen de los de Mindanaw (Phabotreron brevhcstris). 
El cuervo no puede ser dueño de la tierra sino en cuanto 
á su desvergüenza; los filipinos no comen su carne por 
causarles asco, Así no pudo ser su dios, como pretende 
un cronista, # 



d;6) 



xxxr. 

Fitolatría ó culto délos árboles. 

No la hubo en Filipinas, y con probabilidad en nin~ 
gima parte, pues la flor del loto, la cebolla egipcia y el 
sagrado Ásclepias acida de la India y Persia, eran más 
bien símbolos que otra cosa. De Brosses pretende que 
el vocablo inglés church (iglesia) proviene de chercus 
(encina), que ya es pretender. Los árboles no fueron 
adorados como dioses, sino como moradas de genios 
ó anitos, como el tibbeg de los ilocanos, el baliti {Ficus % ' 
índica^lÁnviQo,) el kalumpang {Sterculia fcetida, Linn) t 
según Martínez de Zúfiiga, y el bagaw, según Buzeta y 
Bravo. 

Al decir del P. Villaverde, relatan los igórots que 
"algunos de sus difuntos volvieron á visitar los lugares 
y rancherías de los igórots vivos: uno' de aquellos 
cuenta que se vino con su mujer á visitar á los suyos, 
quienes les mantenían con la flor de harina de arroz. 
Cansados ya los* parientes de tanto gastar, los embarca- 
ron yendo á parar á uno de los montes de los mayoyaos 
al Oeste de Kawayan en la Isabela de Lusón. Sentada- 

(177) 12 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



el varón sobre un peñasco, y á la sombra de un árbol, 
cayó sobre su cabeza el excremento de un ave que allí 
posaba. (Esta ave cuyo excremento convierte en piedra 
á quien toque, se denomina Adama, según los ilokanos 
y tagalogs.) De cuyas resultas, y continuando allí sen- 
tado, nació en su misma cabeza un árbol de balxti" 

Entre los monteses de la India, en América, Sur de 
Egipto y otras partes del África, los celtas, los lapones, 
los de Asiría, Persia y Grecia, incluso Séneca, afirman 
que existió la veneración de los árboles, pero como man« 
siones de [dioses, En dichos puntos, como en los montes 
de Filipinas, cuelgan banderitas ó adornan con trapos 
ciertos árboles para agradar á los genios que moran en 
ellos, para desagraviarles y pedir la salud perdida de los 
que padecen fiebres. 

Los dayaks de Borneo creen que en los árboles habi- 
tan anitos ó almas que llaman gana. Estas pueden me- 
terse en el cuerpo de los vivos, y á ellas piden licencia para 
cortar árboles, como los monteses filipinos. Lo mismo 
los battaks de Sumatra, y llaman tondi á esos anitos de 
árboles, Veneran principalmente el anito del arrozal. Los 
javaneses veneran el baliti que llaman waringi y los 
alfuros de Ceram creen que sus reyes descienden «del ba- 
;liti, como los antiguos filipinos^ del bambú {Bambus 
arundO) Linn.) En la India y Ceilan se adora el árbol 
bo. Doscientos cincuenta años antes de Cristo, el rey 
.Asoka envió una rama de bo y fué plantada en el cen- 
dro de Ceilan. De entonces acá viene siendo reverenciado 
-como el primer "numen" de aquella isla. 

Los polinesios tienen por sagrado el banano ava. 
Los ilokanos suponen que la flor del plátano ó banano^ al 
inclinarse á tierra, arroja una piedrecita brillante, que 
«s poderoso amuleto. Los que proporcionan talismanes, 



(178) 



ISABELO DE LOS REYES. 



son los anitos de los árboles como los kibaans etc. 

En Ogtok de Ragay (Camarines) se señala un bos- 
que sagrado que encierra el palacio encantado de un 
genio como el de Sukú en Arayat, y otro monte en la 
isla de Alabat. 



/ 



(179 



XXX II. 

Talismanes, amuletos, etc. 

Talismán, del árabe tilsam, significa figura mágica; y 
Amuleto, del latin amolior, preservar (del mal). 

Los monteses y campesinos de Filipinas distinguen 
varias ciases de talismanes ó amuletos, que los ilokanos 
llaman: iaguiroot, las plantas misteriosas y raras que 
tienen virtudes para atraerse el amor etc. Un itneg me 
vendió por talismanes amatorios unos vegetales ó raices 
parecidos á cabellos. Se denominan habato ó guingui**- 
nammuly las piedrecitas prodigiosas que encierran ciertos 
vegetales, reptiles, peces, aves ó aerolitos y tienen el 
poder de hacernos invencibles, invulnerables, invisibles 
ó de atraernos el amor de las mujeres, Tanto el tagui- 
root como el habato, se deben alimentar con aceite puro 
de coco ó con leche. Sirven también de amuletos ciertas 
frutas, pepitas, ó los huesos de mono contra la viruela, 
ó de otros animalitos. 

Ciertos huevos rarísimos, como los de las aves, cule- 
bras ó anfibios difíciles de coger, ó el que cuentan que 
ponen los gallos (machos), tienen virtudes semejantes. 

(181) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



El mutya es el fuego fatuo que dicen sale de la boca 
de los gallos extraordinarios y se cristaliza en otro 
amuleto (i). 

El anting-aníing, como indica su nombre, es de 
origen latino, y significa anti ó contra- peligros. Todos 
los aníing-anting que hemos visto, son oraciones cris* 
tianas escritas en latín y, según la misma tradición, 
fueron introducidas como amuletos por los jesuítas y 
frailes. Son, no más ni menos, esas oraciones que los 
católicos usan contra la peste etc. En el Estadismo de 
Martínez dé Zúñiga, apéndice A de Retana, se insertan 
muestras de esos anting-antings latinos. Los moros de 
Mindanaw y Joló tienen parecidos talismanes, pero es- 
critos en árabe y según las creencias mahometanas: 
invocan á Alah (Dios) y á Mahoma su profeta diciendo 
entre otras cosas: "Confío- en Alah Todopoderoso para 
que me libre de Sitan- (Satán) que fué expulsado del 
cielo, en el nombre de Alah clemente y misericordioso. " 
Adviértese que Álah no significa más que Dios y es el 
mismo Eloha de los israelitas, el Elah de los babilonios, 
y el propio Dios de los cristianos y de todo el mundo. 

Ei suma es un jugo, antídoto contra las mordeduras 
venenosas; nos recuerda el soma, vino sagrado de los 
persas. 

Los tagalogs llaman gaytima las enredaderas silves- 
tres amatorias, y mutiá, las piedrecitas que sirven de 
amuletos; el pamaynan, y el saolopong son piedrecitas 
poderosas; el galanan, talismán de 'Payabas, como el paa- 
diokan, moneda que trae otras muchas. Los alemanes 



(i) CuenMb ' - < u i. <. ic k, i i ¡ U > t > i v_. Jxe 6" C ji/^ i k n ,:J io, 
mi un KiIí'k ii ">u ü al Miivccat;), -ja^ dc^uáido-t ú la ' ,ci, dij > cae^. 
de =.u b'„ca una pedí? precio*,, n.e ¿ íc^o ein. x t en Coafu*-Iv Ensre 1 j* : t c" 
taños, el ltriu¿ es un pojante fubutjso de n¿al o¿^eio 



(182) 



ISABELO DE LOS REYES. 



tienen semejante moneda y la llaman heckep fenning; el 
galing) virtud personal; el que tiene galing, con sólo su 
palabra, rompe las culebras y hace otros prodigios; el 
gaway, hechizo; el golo, idem amatorio; el hikap, he- 
chizo que mata instantáneamente; el bating-tawo\- otra 
hechizo; el tagalpu debilita al contendiente; el taguibidag 
lo ciega; el taguisama hace aborrecible; el kabal, que ^ 
significa cota de malla, hechizo que impide ser herido; en 
bisayá kibal y en tiruray, kebel. 

Los ilocanos consideran la flor del pako, como talis- 
mán para hacernos invisibles; el aribobi atrae mujerejs. 

Los pampangos tienen el plalúngan y los demás 
amuletos* de los tagalogs. 

Los negritos de Angat tienen una planta amatoria 
llamada manibig. * 

Los bisayás tienen el dalongdóng, hierba para hechi- 
zar; el abiog, colmillo de jabalí; el tagadlom, el pana- 
glimatá, hierbas que nos hacen invisibles; el daligmatá* 
hierba que nos muestra á mi hechicero invisible; el lo- 
may, hierba amatoria; el odong entontece y deja ale- 
lado al enemigo; el gapon, hechizo; el alok, idem para 
causar enfermedades; el takin, concha del marisco kapi- 
nan, produce abundante cosecha; taliakom, la buena 
suerte que llevan consigo ciertas armas, instrumentos de 
labor, redes, ganado etc. El paniyas es lo mismo que 
el kibal\ el inaw¡ permite ver los objetos al través del 
agua, la tierra ú otra cosa. 

Los tirurays de Mindanaw tienen como amuletos ó 
aguimat piedrecitas, conchas, dientes de caimán, trozos 
de madera etc como el falulud que da cuánto desea- 
mos, especialmente el amor de las mujeres; el falulud 
tatnuk atrae las prendas ajenas; Afangelung louoj, escuda 
del cuerpo contra enfermedades y hechizos; el fangil 

(183) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



que da á conocer si uno es sabio ó ignorante; el faro- 
manís que nos hace hermosos; el fauden, oración que 
hace dormir; el fekimoy^ que inmoviliza ai enemigo; el 
felios hace errar el golpe; el felunkang que amansa al 
irritado; t\ fer trun g nos hace invisibles; el ratnut revienta 
ai que come algo robado; el bongat mata á los ladro- 
nes de frutos; tlfeteúek, oración, y el kambung % otra para 
calmar tempestades; el iletnü y el kefit, otros hechizos; el 
kemanbung detiene la lluvia. 

Los moros tienen el adimat. 

El gran Padre de la Iglesia San Agustín, hablaba 
también de una yerba amatoria llamada carissia. 



(184 



■ X- 



XXXIII. 
Culto de l^s fuentes, nos, lagos, pozos y mares. 

Son adorados, no como seres animados, sino como 
mansiones de ahitos ó deidades. Dijimos qu© los anti- 
guos filipinos creían que las almas de los ahogados 
quedan en el agua como genios de la misma. 

En la India se consideran sagrados el Ganges y 
otros ríos; adornan los árboles de las orillas y al atra- 
vesar aquellos, arrojan moneda ó comida como nuestros 
abuelos. 

Las tribus monteses de santals, kondos, karens, etc. 
veneran á ciertos ríos. "Los karens y birmanes tienen 
pozos sagrados, cuyas agusfs creen que están habitadas 
por espíritus que secuestran don celias; 1 '■ Me Mafion, en 
The Karens of the Gold. Ckerscnese. Según los iloka* 
nos, el anito del agua también seduce y arrebata incau*» 
tas jóvenes. 

En Persia consideran como sagrado al río Sogod. 

Los de Sumatra ofrecen ai mar bollos (i) y dulces. 



(i) Los que en España se llaman tollos son la bizcochería, que en Filipinas 
11 aman s opas : el t^ue llamamos broas es bizcocho en España. Los bizcochos duros 
filipinos no existen en España, á no ser rajas tostadas de pan, pero no dulces. 

t (i8 5 ) \ . 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Los campesinos de Filipinas temen ofender al mar, 
porque podría arrastrarles, y los ilokanos por nada del 
mundo se atreverían á pronunciar el nombre de la Sirena 
estando ellos en un río. 

El culto de ios ríos imperó en Europa y lo conserva 
la Mitología griega, pero como mansiones de liadas. 



(186) 



xxxiv. 

El culto de las piedras y montañas. 

En las creencias tinguianas, las piedras son adora* 
das, no como tales piedras, sino como imágenes, después 
de ser invocado sobre ellas el anito del que se desee 
ser ídolo. 

Además, la fantasía del hombre-niño se creyó que 
las rocas que tienen algún parecido á los hombres, ani- 
males, aves ó reptiles, lo habían sido antes, pero que se 
petrificaron, ya sencillamente por la vejez como se dice de 
las culebras, ya por el excremento de una ave encantadora. 
Pero siempre en el fondo está como germen el culto de 
los difuntos. 

Recordad lo que decía Aduarte que los kagayanes 
no sólo creían, sino vieron á Anito encarnar en la pie- 
dra preciosa maxin. ^ 

Nuestros hermanos los javaneses (malayos) conser- 
van la siguiente leyenda sobre las tres rocas ó estatuas 
del Tiandi Mendut, que están cerca del templo de Boro- 
Budur, el monumento más notable de los budistas, que 
se supone data del siglo VIII ó IX de Cristo. 

(1*7) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Deua Kesuma, poderoso príncipe de Java, ofendió á 
un cortesano. Este en venganza le ro^ó una hija de 
dos años. Trascurridos doce años, Deua Kesuma vio una 
joven de singular hermosura, y enamorado, se casó coa 
ella habiendo tenido un hijo. Entonces el cortesano 
ofendido descubrió á Deua que su esposa era su hija 
desaparecida. Horrorizado el padre, lo consultó con los 
bonzos (sacerdotes) y éstos le dijeron que para purgar 
el incesto, ó tenía que encerrarse por todo el resto de 
su vida entre cuatro paredes con su hija y el fruto de su 
error, ó levantaba un suntudso templo á Buda sin faltar 
ni una sola de sus imágenes; y construyó el grandioso 
templo de Boro-Budur; pero como faltara una imagen, 
los dioses convirtieron en piedra á él y sus dos hijos, y 
ahora se enseñan las tres estatuas del Tiandi Mendufe 
para hacer aborrecible el incesto. 

Los filipinos conservan análogas leyendas de hom- 
bres convertidos en piedras á causa de haberles tocado 
el excremento del ave prodigiosa Adama, como el 
Labawdungug de Panay, y adoraban en la roca Banog 
que parecía un gavilán, creyendo que estas rocas dispo- 
nían del éxito de los viajes, como los indígenas de la 
isla Vancouver. Lo mismo dicen los ilocanos de unas 
rocas de Lákay^Lákay. 

En Sumatra y otros paises malayos tienen piedras 
sagradas, 

En la Micronesia se adoran piedras, y la principal 
divinidad de Tokelau tomó cuerpo en una piedra. 

En las islas Fidji hay piedras sagradas, pero consi- 
deradas cómo habitaciones de deidades. 

Este culto era muy extendido en el mundo antiguo^. 
Los fenicios y árabes lo practicaron, y se lo imitaron 
los hebreos. En América y la India adoran en piedras; 



(188) 



ISABELO DE LOS REYES. 



en.el últimcy)unto las pintan de rojo y llaman Pandus. 
Según Dulaure, los franceses siguieron adorando en pie- 
dras aún después de la introducción del Cristianismo, y 
hasta ahora en algunos valles de los Pirineos {Historia 
sucinta de los cultos). 

Griegos y romanos veneraron ciertas piedras dere- 
chas bajo los nombres de Hermes ó Mercurio. Dulaure 
opina que el culto de las piedras se originó deL respeto 
casi sagrado con que eran guardadas las que servían de 
mojones, i 14 que se adhiere Lubbock; pero nosotros 
que conocemos las frescas leyendas de este culto, sabe- 
mos que distan mucho de la verdad. Les adoraban, ya 
como ídolos ó fetiches, ya como habitaciones de los espí- 
ritus, como la piedra de Jacob llamada BethEl¡ casa de 
Dios. i 

Y en cuanto á las montañas, eran adoradas como 
mansiones de los anitos ó deidades, ó por sus huellas 
grabadas en ellas. 



(189) 



XXXV. 

El culto de los gigantes. 

No lo menciona Sir John Lubbock; pero encontra- 
mos íntimamente relacionado con el de las rocas y mon- 
tañas, donde se dice que se hallan huellas de inmensos 
pies humanos como las de Angngaló, la bota del man-? 
darin de China, y la huella de Budha. De éste vimos 
muy gigantescas estatuas en el Japón y en Colombo. 

Las razas primitivas creían que los primeros hom* 
bres fueron gigantes. Según los Folk-Lores alemán y 
slavo, Adam y Eva fueron gigantes. 

La misma Biblia asevera que existieron gigantes en 
la tierra. Génesis VI, 4. 

En Europa vimos dos gigantes: uno australiano y 
otro aragonés. Los mas altos filipinos sólo llegarían á 
sus hombros. Actualmente hay en Cebú, según la prensa 
de allá, un gigante bisáyá, Vidal Arellano, de la policía 
de Tuburan que mide 2*25 metros de estatura y el ancho 
del cuerpo es de 75 cents. Si se conservan inmensos 
fósiles de mamut y otros animales gigantescos ya estin- 
guidos, ¿qué dificultad hay en que existieran gigantes? 
Mas, no se conservan fósiles de hombres gigantes. 

(191) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



Repetimos: la suposición de su existencia debió de 
obedecer primero á que había animales gigantescos; se~ 
gundo, por esas hendiduras que parecen huellas humanas; 
y tercero; porque creyendo que los creadores fueron 
nuestros antepasados, éstos sólo pudieron construir el 
Universo, teniendo extraordinarias proporciones. En el 
fondo palpita siempre el culto á ios antepasados. 

Ya he manifestado mi humüde opinión de que el 
Angngaló ilokano debió de ser el mismo Rey de Ja 
creación, como decía el Sr. Ponce, ó de la Tagalicia, 
como yo sospechaba, Después, volviendo á registrar 
el Folk-Lore Tayabeño del Sr. ¡Mondragón, encontré la 
siguiente leyenda, que también he oido, y me parece 
recordar que Rizal la insertó en una de sus novelas. 

Dice Mondragón: "Cuando se reunió tres ochos á lo 
último de este año (1888), debió haber salido del monte 
de San Cristóbal (Tayabas), el enormísimo coloso, mayor 
que el de Rodas, rey indígena ahora derribado y aherro-* 
jado, no quedándole libre mas que el dedo pequeño, que 
en moviendo, la tierra sufre horrorosas convulsiones y 
aparece el rayo 1 '. 

He oido que cada año que pasa, se rompe un esla- 
bón de esa cadena y que cuando se rompan todos, en- 
tonces Filipinas será independiente. 

Es interesante esta leyenda, porque confirma la exis- 
tencia de un gigante rey tagalog que se relaciona con 
los terremotos. 

Y añade el Sr. Mondragón: "En la portada de la 
Iglesia de Kabintí se ve una huella de pié de cerca de 
dos tercios de vara". 

Otros dicen que se hallan semejantes huellas en el 
río de Norzagaray (Bulakán) y en un monte de Santiago 
(llocos Sur), esto es, no tan grandes como la de Abra. 



192) 



XXXVI. 

Ofrendas y sacrificios. 

Las ofrendas y sacrificios son consecuencias del An- 
tropomorfismo ó de la creencia de que los dioses son 
cdmo los hombres con sus necesidades y pasiones. Las 
razas monteses les ofrecen comida, porque suponen que 
necesitan alimentarse. ' ' 

Los sacerdotes de los tinguianes, como los antiguos 
filipinos de las costas, matan gallina que ofrecen -á los 
anuos y creen que éstos consumen la substancia de los 
trozos ofrecidos, dejándolos al parecer intactos, pero so- 
sos y sin substancia. Esto mismo creen los limbus que 
..viven cerca de Daryiling, según Campbell. (Trans. 
Eihn. Soc.) 

También los monteses filipinos ofrecen víctimas á sus 
anitos para que éstos se contenten con ellas y perdonen 
la vida á los sacrificadores. Después la ofrenda se con- 
vierte en sacrificio expiatorio. Pero no concebimos otra 
expiación que la reparación del daño causado y la a- 
ciendo obras de caridad por nuestras caídas/ con firme 
propósito de enmienda. 

(193) 13 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



. ' . ■ En el Perú, cuando uno caía enfermo de peligro, se 
sacrificaba uno de sus hijos al Sol rogándole que acep- 
tara el cambio. En la Florida, como entre los antiguos 
semitas, todos los primogénitos eran sacrificados á dicho 
astro. Suponemos que los legisladores ó los sacerdotes 
para evitar agresiones ajenas, dispusieron el sacrificio 
del hijo propio, del primogénito como primicias. 

En Guinea, según el citado Bosman (Pinkerton's Vo* 
yages) se cree que la sangre corresponde á los ídolos, 
á los que rocían con ella, como los monteses filipinos, 
sin duda porque suponen como los hebreos, que la san- 
gre es la vida ó parte espiritual de los cuerpos. 

Tanner cuenta que los algonquines no rompen un 
solo hueso de la víctima, como el Evangelio dice que 
hicieron de Jesús. 

En todas partes se considera la víctima ó la ofrenda 
como sagrada. Sacrificio significa hacer sagrado lo que 
se ofrece. De aquí que se identificara con la misma 
divinidad, como el buey Apis de los egipcios, el vino 
sagrado de los hindus y parsis (el jugo del Asclepms 
acida) ', las tortas redondas de los adoradores del sol, y 
\ la hostia romana que se imitó de esas tortas. 

Entre las tribus monteses de Filipinas, como en la 
*China é India, después de ofrecida á Dios la víctima, 
el sacerdote la distribuye entre los asistentes. 

Las razas incivilizadas matan los esclavos de un 
muerto para que tenga servidores en la otra vida. Y 
además, como se creía grato ofrecer á los dioses ani« 
males y comidas, les sacrificaban los prisioneros de la 
guerra, como lo practican los salvajes del Brasil y los he» 
ireos de la Biblia; Lev. XXVII, 28 y 29. 

Los islamitas siguen degollando á los pueblos con* 
quistados que no abracen su religión. 



(194) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Los asidos ofrecían víctimas humanas al dios Ner- 
gal; los fenicios á Moloch; los romanos siguieron sacri- 
ficando hombres hasta 46 años después de Cristo, á pesar 
•de haberlo prohibido el afio 95 A. C. En Galia se hacía" 
io mismo. 

Los sacrificios humanos obedecen á veces á vengan- 
zas. Las razas supersticiosas atribuyen siempre la muerte 
á algún maleficio, por lo que se ponen á observar al 
agonizante y si éste, al morir deja extendidos algunos 
dedos, entienden que les encarga matar tantos ene- 
migos como dedos ha extendido. Es el panoglutuyó 
que practican algunos campesinos de llocos y otros 
países. 

En las islas Sandwich se amputaban un dedo para 
obtener la curación desuna grave enfermadad. Lo mismo 
los hotentotes del África y los bosquimanos. Estos cor- 
tan el dedo meñique á sus hijos para que no se mueran. 
Los de Tonga y Hawai se* cortan las falanges de los dedos. 
Y según Forster, Viaje alrededor del mundo. Los gua- 
ranis del Paraguay y los californianos se cortaban el dedo 
meñique como nuestra de su pena por la muerte de un 
pariente. , 

El sacrificar á los no correligionarios fué una crimi- 
nal intriga de los sacerdotes, favorecida por los caudillos 
para enardecer á los suyos en la guerra. 

El sacrificio en el sentido de que una persona se 
sacrifica por otros, probablemente habrá provenido de 
que algunos prisioneros jefes hayan conseguido librarse 
de la muerte ^comprando su vida^ con las de sus escla- 
vos; y e si es con dinero, se llama rescate, ó bula entre 
los romanistas. 

Según Grasserie, los sacrificios empezaron como 
meras ofrendas para obtener los favores de los dioses; 



(195) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



luego como muestra de deferencia ó de gratitud; pero 
la "idea de la expiación es muy tardía." 

Cuando los hombres habían adelantado en civilización, 
cambiaron las víctimas humanas con animales, con mu- 
ñecos ó con figurillas de barro, de pasta ó de harina, 
como lo hacían los romanos y algunos pueblos de la 
India. Los primeros arrojaban los muñecos al río Tíber, 
y los últimos les cortaban la cabeza en honor de los 
dioses (Dubois). En Perú los sacerdotes hicieron creer 
que los dioses habían abolido los sacrificios humanos. En 
China fueron prohibidos en el año 972. 

Los tratadistas entienden que la hermosa leyenda 
bíblica del suspendido sacrificio de Isaac, no tiene otro 
significado que la abolición de los sacrificios humanos, 
que había ordenado Moisés, Lev» XXVII, 28, 29; Nú- 
meros, XXV, 4, 5, Deut. XX, 13, 16. Entonces sería otro 
anacronismo comprobante de que esa leyenda es posterior 
á la época del Legislador hebreo; también desagradaron 
los animales que sacrificó Caín, y solo fueron gratos á 
Dios los frutos ofrecidos por Abel, á lo que debemos 
añadir que los profetas condenaron continuamente los 
sacrificios sangrientos. Sólo concedían comer carne sin 
sangre, (esto es, ¿los que morían de muerte natural?). 

Los musulmanes no hacen sacrificios ni tampoco los 
budhistas, y solo admiten ofrendas vegetales como flo» 
res, inciensos, sándalos. 

Strauss dice: "Los sacrificios con que los pueblos 
bárbaros creían apaciguar la cólera divina, fueron en su 
origen humanos. Fué un progreso cuando se les cambió 
con animales. El supuesto sacrificio de Jesús era una 
regresión'*. 



196) 



XXXVII. 
Sacerdotes. - 

Esta palabra significa sacrificadares, los encargados 
de ofrecer cerdos, gallina ú otros animales, á los dioses. 
Los judíos lo imitaron de los egipcios, y la tiara de los 
prelados la tomarop de los asirios, según el profeta Exe- 
quiel, cap. XXIII. 

Los hombres, al principio eran iguales; mas después 
algunos sé fueron distinguiendo como curanderos y vi** 
sionarios, hijos del espíritu supersticioso de las gentes 
sencillas. Del visionarismo y también de la charlatanería, 
fueron 1 ! saliendo hechiceros y adivinos de buena ó de 
mala fé, si bien estudiaban y procuraban de veras curar 
á los enfermos con plantas, masaje y aceites. 

Los*salvajes carecen aún de sacerdotes, y sólo tienen 
médicos hechiceros, que curan sus enfermedades, inter- 
pretan sus sueños y ahuyentan á los espírituá malos; pero 
cuando su religiosidad progresa, cuando saben ya orar 
y ofrecer sacrificios, el hechicero se convierte en sacerdote. 

Estos sacerdotes, en su vida de continua meditación, 
extendieron sus estudios 4 observaciones á las estrellas, 
y sin duda, se debe á ellos los primeros conocimientos 

N (197) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



astronómicos, de legislación, de moral y en general, de 
todo elemento de ciencia y de civilización. 

Las distintas denominaciones de los sacerdotes fili- 
pinos, según los dialectos de cada localidad, se pueden 
reducir á los hechiceros -médicos, sacrificadores y adi- 
vinos. Podemos adoptar la clasificación que Alian Kar- 
dec establece en el Libro de los Médiums, al decir: 

"Casi todos somos médiums por naturaleza; pero en 
el uso sólo se llaman así los que tienen claramente ca- 
racterizada su facultad medianímica, lo que depende de 
su organización más ó menos sensible, y según sus ap 
titudes especiales, hay médiums de efectos físicos, mé- 
diums sensitivos ó impresionables, auditivos, parlantes, 
videntes, sonámbulos, curanderos, pneumatógrafos, escri- 
bientes ó psicógrafos." 

Lo que no sabemos es si los espíritus parlantes 
abundan más en el Espiritismo europeo americano que 
en el Animismo de nuestros monteses, aunque es fácil 
adivinar que la malicia como todas las cosas del civili- 
zado siempre serán más refinadas que las del hijo de 
las selvas. 

Así como la Religión surgió espontáneamente y de 
buena fé de los sueños, visiones, alucinaciones, delirios 
y desequilibrios mentales ó histerismos, los primeros in- 
termediarios entre los dioses y los hombres, fueron los 
visionarios, los histéricos, los medio -locos ó los genios. 

Está probado que el genio y la locura tienen afini** 
dades íntimas: que los grandes genios se volvieron locos 
ó tuvieron momentos y rasgos de locura. Unos natu- 
ralistas creen que el genio no es más que un desequilibrio 
mental; otros lo niegan suponiendo que son meras coin- 
cidencias; pero no pueden negar que la locura es muy 
común entre los grandes genios. 



(198) 



ISABELO DE LOS REYES, 



Lo cierto es que esos visionarios, llámense auritas 
(Egipto), magos (Persia y Caldea), bramanes ó bonsangs 
(India), profetas (hebreos), taumaturgos (entre los ro- 
manistas), etc. fueron los mayores talentos que tuvieron 
las sociedades. Aún ahora, entre nuestros monteses, si 
son. muy venerados los baglans, es porque sin disputa 
son los más inteligentes entre ellos No es cierto que 
sean unos pillos explotadores. Son los más honrados y 
virtuosos entre ellos, y podemos asegurar que obran de 
buena fé, pero alucinados por la fuerza de las creen- 
cias heredadas de nuestros abuelos. Así como de muy 
buena fé los romanistas creían y.-aúi creen en los de*^ 
monios y en la eficacia de los exorcismos. 

Los ilokanos tienen aún ' visionarios que se creen 
inspirados en sueños por una diosa anciana y se llaman* 
maibahgbángón. 

Los sacerdotes de nuestros monteses son al mismo- 
tiempo buenos curanderos; conocen las milagrosas virtu- 
des de nuestras plantas medicinales Ciertas raices como- 
la suma (arbutra)y otras, que sólo ellos conocen, efectiva- 
mente son contravenenos, así como en las farmacias hay 
bebidas que inmunizan contra las mordeduras venenosas. 

Pero después, pretendieron conocer fabulosas plantas 
y piedrecitas que sirven de amuletos y talismanes, por 
la inclinaciónjdel hombre á exagerar sus propios méritos/ 
engañando y explotando á los crédulos, No más ~ni* 
menos que ciertos sacerdotes civilizados, quienes dicen 
cosas que ellos mismos no creen. 

*Los mannílaw pretenden buscar los objetos perdidos 
á robados por medio de luces y otras ceremonias. Los* 
mammadles son adivinos. 

En la Biblia vemos que al principio no había sacer- 
dotes, sino cada uno rogaba por sí mismo, el padre por" 



U99) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



su familia; y en .otros pueblos, los magos evocaban por 
sí mismos á los dioses; pero después los más listos se 
erigieron en intermediarios entre Dfbs y ios hombres, y 
hasta se formaron castas sacerdotales. 

En Israel de cuando en cuando surgían profetas que 
condenaban á los sacerdotes; eran unos espíritus indepen- 
dientes y viriles que desenmascaraban tas hipocresías y 
oponían á las ritualidades y dogmatismos sacerdotales 
la verdadera piedad y un más sano criterio que nacen 
directamente de la libre razón y de la conciencia. * 

Los reformadores modernos vienen á ser los profetas 
de antaño, 

Jesucristo abolió los sacrificios despidiendo para 
siempre del templo á los que vendían animalitos para 
víctimas; y aun antes que el Señor, los habían conde- 
nado los profetas Samuel, XV, 22; David, Sal. LI, i6 f 
17; Isaías, I, 11, 18; Jeremías, VII, 22, 23; Amos, V, 
22-24; Miqueas VI, 7, 8; Oseas, VI, 6, cuyo dicho 
liubo de recordarnos el Sublime Maestro: "Misericordia 
quiero y no sacrificio; ciencia de Dios más que holo- 
caustos. 1 * 

Jesús estableció/Apóstoles, pero no Sacerdotes. En 
los Evangelios, en los^ Actos de los Apóstoles y, se puede 
asegurar, en todo el Nuevo Testamento, si eliminamos 
dos interpolaciones apócrifas, el nombre de Sacerdotes 
sólo se aplicaba á los d^ la Antigua Ley; pero no á los 
Apóstoles, ancianos y diáconos de la Nueva. 

Así, pues, la Iglesia Filipina Independiente hace 
bien en declarar que no tiene Sacerdotes ó Sacrificado- 
res, sino sólo Apóstoles ó Mensajeros evangelizadores 
de Cristo. 



(200) 



XXXVIII. 

Templos, •raciones, símbolos, danzas religiosas 

y mitos. 

Los salvajes carecen de fcefhplos.' Las tribus que 
viven en chozas, suelen enterrar sus cadáveres en ellas, 
ó en paraje descubierto que señalan con piedras ó tú- 
mulos. Estas chozas ó túmulos dieron origen á los 
templos, según demuestra Fergusson con respecto á la 
India. Véase lo que hemos dicho de los dólmenes^ y 
de los sepulcros y templos de los filipinos. 

Los salvajes no oran, sencillamente por su natural 
indiferencia á estas abstracciones; porque poco se ocu- 
pan de Dios, y apenas tienen pocas ideas de él. Aún 
cuando ya lffegan á conocerle bastante, le siguen mi^ 
rando con indiferencia, y si se les pregunta por qué no 
oran, contestan que los dioses no se molestan ocupán- 
dose en los hombres, ó como dicen los pieles rojas, orar 
es dar lecciones á. Dios. Pero cuando truena ó es inmi- 
nente un peligro, instintivamente procuran desarmar el 
rigor de los dioses. 

Cuando llegan á orar, se limitan á pedir sencilla- 

(201) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



mente que prosperen ellos, su familia, su ganado y todo 
lo suyo. 

Los símbolos. — Son las formas de las religiones anti- 
guas. Según Pierrot, la que se creía zoolatría egipcia, 
no era más que un sistema de símbolos por medio de 
los animales: el águila representaba á Júpiter, así como 
el león á Osiris, etc. Según Grasserie, en muchos casos 
las plantas y animales deificados, no eran más que sím- 
bolos. Unas veces conducen á la idolatría, y otras veces 
son vestigios de ella. 

En las mitologías india y aria, los seres celestes ó 
aéreos se comparan con los animales de la tierra: las 
vacas lecheras son las nubes, los vientos soa sus cacho- 
rros. Las estrellas se comparan también con las vacas 
ó con los~Í£drones que ahuyenta el sol. 

Las religiones Civilizadas del Paganismo están llenas 
de símbolos, que la Iglesia romana ha heredado. Los 
sacramentos en nada se diferencian de las ceremonias á 
las que los salvajes conceden extraordinarias virtudes. 
Esos también tienen sus sacramentos. El bautismo del 
fuego no es más que la purificación que simboliza el 
fuego, según los arios é hindus. El bautismo del agua, 
representa el baño á que se sometían los que habían 
caido en el cautiverio para rehabilitarse. Es una purifi- 
cación espiritual materializada en el elemento líquido. 

El hombre es muy aficionado á las ceremonias, á 
los saludos, prostern aciones, besa^manos ó pies, etc. Y 
por eso, las religiones más ceremoniosas son las más 
seguidas, y no hay mas remedio que transigir con sus 
gustos, con tal de encarrilarlos honradamente en la edu- 
cación de las almas. 

Las danzas religiosas. — Según unos autores, sirven 
para provocar el éxtasis; otros suponen que representan 



(202) 



ISABELO DE LOS REYES. 



las vueltas que dá el sol por el zenit. Nosotros opina- 
mos que así como el salvaje cree conquistar la voluntad 
de su amada, cantando y bailándola, quiere acercarse á 
su Dios danzando y ensalzándole. David bailaba de- 
lante del Arca, y la vuelta del hijo pródigo se celebró 
con danzas. Novemos pues razón alguna para prohibir 
los bailes decentes. 

Mitos, — Eran unos enigmas historiados ó historias 
simbólicas de dioses como si fuesen hombres, pero que 
ocultaban enseñanzas religiosas que los sacerdotes ex- 
plicaban á los iniciados. Por ejemplo: Júpiter, el padre 
de los dioses, engendrando á Venus, la diosa de la 
hermosura, significa el Creador que se manifiesta á 
nuestros ojos en la hermosura de sus obras. Saturno 
devorando á sus hijos, significa el Tiempo que devora 
los días que engendra, ó según Potino, el mismo Creador 
que continuamente destruye sus propias obras, ó mejor 
dicho, las transforma. 

Las religiones animistas, según Grasserie, carecen 
de mitos y quizás tenga razón. Pero los filipinos son 
muy aficionados á los talinhaga (tag.) ó semejanzas 
enigmáticas, á los bugtongs (tag), adivinanzas, ó buril 
(ilok.) A sus dioses antropomórficos y personajes legen- 
darios atribuyen historias, pero ciertamente ignoramos 
si tenían ó no significación, como en Egipto, la India y 
Grecia. Pero se asegura que el poema mas popular de 
los tagalogs, la Vida de Laura y Florante , es una serie 
de enseñanzas enigmáticas de oculta significación, como 
los talinhaga que son verdaderos mitos ingeniosos. 

Los mitos de Egipto representaban los movimientos 
del Sol ú Osíris. , 

Lang en su Mytolkologie ha descubierto semejanzas 
entre las historias mitológicas y los cuentos pdpulares. 



203 



XXXIX. 

Ascetismo! Mutilaciones, Ayunos.— Pacto entre 
Dios y él hombre. 

Los primitivos Sacerdotes, para poner freno á los 
abusos de los instintos naturales que son mortales para 
ambos sexos, inventaron las mutilaciones al mismo 
tiempo que prohibían ó limitaban el uso de bebidas 
fuertes, como los hindus. Los filipinos practicaban la 
circuncisión en ambos sexos para evitar la lujuria, y 
acaso también por higiene en los paises cálidos, según 
opina Renán. 

La circuncisión es una forma de ascetismo material, 
común entre los negros de África, Egipto, los semitas 
etc. Cuando lar meditaciones á que se entregaban los 
sacerdotes habían progresado, cayeron en muy lamentables 
exageraciones. Pretendieron, nada menos que aniquilar ^ 
con ayunos y martirios, la carne, esta vida tan preciosa 
que Dios 'tuvo la inefable generosidad de concedernos 
para que la disfrutemos en su paz y gracia. 

. Los budistas se proponen ir aniquilándose corporal- 
mente para identificarse con Dios que es espiritual. Es 

(205) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



lo que llaman nirvana. Lo imitaron los judíos esenios 
y mas tarde los romanistas. "Vivo yo, mas no yo, sino 
Dios en mí,** que decía con admirable elocuencia Santa 
Teresa de Jesús. 

La espiritualización que predicamos no consiste en 
matar esa vida, sino en agradecerla al Supremo Bien- 
hechor por medio de un corazón puro y obras de 
caridad, prescindiendo del yo exclusivista; pero si teñe* 
mos el deber de dar pan al prójimo que lo necesite, 
ese deber no es menor con respecto á nosotros mismos. 
La caridad bien entendida empieza por sí mismo; el 
altruismo debe ser equilibrado por nuestra obligación de 
etñpezar por atender á nuestras propias necesidades. 

El ascetismo predispone al éxtasis y á la visión. 
Los ayunos servían para evocar los espíritus, esto es, 
con el traspaso del hambre se hacían visionarios, porque 
no hay nada cómo el hambre para producir exaltaciones. 
Pero so capa de que matando el cuerpo, se espiritualiza 
el hombre, en realidad va perdiendo la salud y la razón, 
contrayendo graves enfermedades. Los pieles rojas ayu- 
nan para que tengan visiones ó, como dicen ellos, para 
que sus dioses les hagan revelaciones. Y Moisés ayunó 
antes de subir al Sinaí, como también Budha, de quienes 
se imitó el supuesto ayuno de Jesús. Más lo cierto es 
que el gran Maestro suprimió los ayunos diciendo: "De 
todo lo que os pongan delante, comed, que no lo que 
entra en la boca contamina al hombre, sino lolque sale 
de ella como las malas palabras. El buen Pastor no es 
el que mata á sus ovejas, sino el que les da vida en 
abundancia." Y aun añadió: "No digo que se retiren 
del mundo, sino sólo que se guarden del mal." Marc. 
VII, 15-2*; Lucas X, 8, y Juan X, 10; XVII, 15, 

Pacto entre Dios y el komíre.— Entre los filipinos 



206 



ISABELO DE LOS REYES. 



antiguos, cuando un enfermo se veía que pronto iba á 
morir, los sanos se encomendaban á él para que les 
protegiese en la otra vida, y parece que entre ellos se 
hacía este pacto: el anito protegería á los vivos contra 
los malos anitos invisibles y demás peligros que los es- 
píritus pueden ver y prever, y les haríah grandes favo- 
res á cambio de que los vivos les sirviesen comidas y 
otras que aquellos habían de necesitar en la otra vida. 

Además, según los filipinos, los kibaan$> sangkabagui 
y otros anitos del país, pueden ser enemigos ó amigos 
mediante mutuos favores y servicios. 

Ved aquí los orígenes de los pretendidos pactos 
entre Dios y la criatura. 

Cuando se iba perfeccionando la idea que el hombre 
tenía de las relaciones entre Dios y su criatura, puli- 
mentó esas groseras creencias bagando el pacto en que 
el hombre debe rendir á su Creador su homenaje de gra- 
titud ea obras buenas, para merecer su protección y sus 
mercedes. Si tenemos deberes con nuestro Padre celes- 
tial, también como hijos suyos, tenemos derechos á su 
amorosa protección. Por eso, debemos recurrir siempre 
á Él con filial confianza é inquebrantable fé en sus mi« 
sericordias infinitas. 



(20J) 



• XL. 
La Moral en la Religión. 

El niño abre sus ojos siendo sensible; al alborear 
su razón, empieza á comprender y á distinguir, prefi- 
riendo lo bueno; pero en su infancia no distinguía 
claramente lo bueno ó moral de lo malo; era antropófago 
y creía obrar bien. Los vicíanos mataban á sus padres 
á los 40 años, porque como en el otro mundo se conti- 
nuará viviendo como en el presente, consideraban obrar 
bien enviándolos allá en plena salud, con el fin de que tu-^ 
viesen mayor resistencia para recorrer el largo camino de 
Mbulos, morada de las almas. Algunos pueblos salvajes 
se comían á sus padres para darles digna sepultura. 
Las madres guaranis devoraban sollozando los cadáveres- 
de sus hijos en la creencia de que así los volverían á 
dar á luz. La moral, pues, varía según las costumbres 
y la psicología de cada pueblo. 

La moral del incivilizado, como sus conocimientos, 
es embrionaria, incompleta y sin dirección fija á no ser 
hacia sus conveniencias egoístas. 

La Moral surgió naturalmente del perfeccionamiento 

(209) 14 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



de la. razón, de nuestros sentimientos nobles ó sea el 
de la propia dignidad que nos impide envilecernos, y 
el sentimiento de la justicia que nos veda hacer daño 
al prójimo so pena de grandes remordimientos. Esos 
sentimientos se perfeccionan ctiando la razón los ilumina 
y hallan caracteres educados ó de suyo buenos que 
sigan sus impulsos. 

La Moral siempre progresa y muchas veces cae en 
exageraciones contra la naturaleza, como el ordenar los 
ayunos para matar los instintos naturales y la absoluta 
castidad ó castración, para igualarse á Dios. Pero todo 
lo que sea antinatural es imposible y contrario á la vo<* 
luufc&d de t)ios, porque la Naturaleza es el orden esta- 
blecido por el Señor. 



(210) 



XLI. 

Utilidad de esta cíase de estudios.— Opiniones 
anteriores. 

Es útil el estudio de estas mitologías y teogonias 
de las diversas tribus arrinconadas en nuestro Archipié- 
lago, porque nos retratan las creencias de los hombres 
primitivos, y sirven para rectificar las opiniones de los 
sabios que han intentado escudriñar los orígenes de la 
Religión. 

Ninguno de esos hombres de ciencia cree ya en lo 
que dicen los romanistas y protestantes que el hombre 
al salir de las mgnos de Dios, le conoció porque con** 
versó con él. * 

Lo histórico es que hasta la Biblia empezó siendo 
politeísta y antropomórfica. 

Las primeras palabras del Génesis nos hablan de 
dioses creadores, Elohim, en plural, y es inexacto lo 
que dice el abate Du-Clot en Vindictas de la Bibha 
que "todas las páginas del Antiguo Testamento dan 
esta forma en plural al nombre del Dios de los hebreos," 
pues Job y Daniel le llamaban Eloha en singular, porque 

(211) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



eran en realidad monoteístas. Tampoco es exacto lo 
que asevera el obispo Scío que los hebreos para honrar 
á Dios, le llaman en plural, pues con frecuencia le de- 
signan con los nombres de Adonai (Señor), Yahweh 
(el Eterno), Shaddai (el Omnipotente) y hasta de Dios, 
Eloha¡ en singular. Y es mucho menos admisible que 
el plural aluda á la pagana Trinidad, en razón á que 
no hay ni una sola palabra de tal Trinidad en el Anti- 
guo Testamento, ni en el Nuevo, si de éste se eliminan 
las evidentes interpolaciones neoplatónicas, como se de- 
muestra en el Evangelio Filipino. 

Y la forma plural de Elokim no fué casual: el 
Génesis hace hablar á los Dioses en plural, diciendo: 
Hagamos (I, 26); Uno de nos (III, 22); Descendamos y 
confundamos (XI, 7). Y en los vers. 2, 4 — 8, y 16 del 
cap. XVIII, que se hallan burdamente mezclados en un 
documento yahwista, se hace figurar á la divinidad en 
tres ángeles ó elohim, habiéndose el compilador olvidado 
de arreglar las contradicciones que resultaban, pues tan 
pronto habla de un solo Dios como de tres elohim. 

Este politeismo no nos extraña, toda vez que Tharé» 
Abraham, Nachor y Laban fueron politeístas (Josué 
XXIV, 2; Gen. XXXÍ, 30), esto es, los primeros hom- 
bres históricos de la Biblia, pues los anteriores casi 
todos eran meros símbolos de razas ó pueblos. 

Esto no prueba mas que la ley universal de Dios 
sobre la evolución. El Señor nos dotó de todos los 
medios para perfeccionar nuestra inteligencia y nuestros 
sentimientos, pero dejó á nuestro libre albedrío el utili- 
zarlos, señalando como nuestro mérito el que por nues- 
tros propios esfuerzos busquemos y encontremos su 
santa Verdad en todas las cosas. Así, las ideas religio- 
sas, como todas las demás que abrigaba el hombre er¿ 



(213) 



ISABELO DE LOS REYES, 



su infancia, empezaron por ser embrionarias, vagas, 
toscas y se fueron perfeccionando hasta concluir eo 
concepciones elevadas y abstractas á medida que se 
desarrollaba su inteligencia, como lo observamos en los 
niños y adultos. 

Hume en su Historia de la Religión dice: "Hasta 
donde alcanza la Historia, hallamos al linaje humano 
entregado al politeísmo. Es inverosímil que antes de la 
invención de las artes y de las ciencias, haya descu- 
bierto un monoteísmo espiritual en su estado salvaje y 
que cuando empezó á civilizarse, cayó en un grosero 
politeismo antropomórfico. Esto equivaldría á creer que 
el hombre vivió antes en palacios que en chozas y que 
conoció la Geometría antes que la Agricultura." 

Objeción, Eso no puede ser, contestarán escanda- 
lizados romanistas y protestantes, porque entonces habría 
dejado Dios á los primeros hombres á vivir y morir 
como brutos sin conocerle. 

Respondemos: Sí; habrán vivido y muerto sin cono- 
cerle bien, como ahora mismo vemos vivir y morir así 
los monteses en lo mas retirado de nuestros bosques, 
sin que por -eso el Creador condene á nadie por su ig- 
norancia. Dios tendrá sus razones para obrar de esta 
manera; y no podemos decir que abondona al hombre,, 
desde el momento en que le dotó de razón, para que 
con ella investigue la verdad. La razón, pues, es la 
verdadera inspiración del Eterno, é*ir sistemáticamente 
contra ella, es engañarnos á nosotros mismos. El Creador 
estableció su ley de evolución y con arreglo á ella, sólo 
con el continuo progreso y desenvolvimiento, alcanzare- 
mos la verdad y la perfección. 

Y añade Hume que la religión natió de las ansie- 
dades del hombre ante los rigores de la naturaleza, de 

(«3) - 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



su deseo de evitarlos y de conseguir bienestar y sosiego. 
Con estas miras trató de agradar á los seres que él 
temía. 

Lo mismo piensa Strauss y dice: "La forma primi- 
tiva, y en cierto modo natural, de la religión, fué el 
politeísmo. Se presentaban ante el hombre uaa plura- 
lidad de poderes que le oprimían y contra los cuales 
quería ser protegido ó de los que quería asegurarse; 
una pluralidad de relaciones sociales que quería fundar 
y consagrar. Debió, pues, pensar en una pluralidad 
de seres divinos. Se halla confirmado por la observa- 
ción que todos los pueblos de la tierra que se encuentran 
en cierto modo en estado natural, lo mismo hoy que 
entonces, son ó fueron politeístas." 

El fenicio Sanconiathon, contemporáneo 4$ Saúl, in- 
tentó fijar las fases del desenvolvimiento de la Religión 
por medio de las generaciones á contar desde la crea- 
ción por la línea de Cain. 

Estas eran: 1. a Los primeros hombres considera- 
ron y adoraron como Dioses á los vegetales, aunque se 
alimentaban de ellos. 

2. a Los de esta generación eran Caín (el primer 
vastago, en griego Genos) y Cainath (la primera hija, 
en griego Genea), residían en Fenicia. _ Como sufrían 
sequías, alzaron loá^brazos al sol (Baal,) pidiéndole cle- 
mencia como á único Señor de los cielos. 

3. a Nacen Fox (luz), Pur (fuego) y Flox (llama), 
los cuales frotando trozos de caña, sacaron fuego 
por casualidad y de ellos aprendieron esto los hom» 

bres. * 

4. a Era la generación de gigantes, de que también 

se hace eco el autor del Génesis, VI, 4. ~ 

5. a Había, pueblos de solas mujeres, como las le* 

(2i 4 r - 



ISABELO DE LOS REYES. 



gendarias amazonas (i). Fué cuando Usous, una vez 
salvado del diluvio, adoró como dioses al fuego y al 
viento; les sacrificó animales y les levantó columnas que 
roció con la sangre de aquellos. 

6. a Halieusr-inventa las artes de la caza y de la 
pesca, 

7. a Chrisor que era el mismo Vulcano ó Tuba!- 
carn (2), descubrió el hierro y el modo de forjarlo. Por 
eso, después de muerto, fué adorado como dios con el/ 
nombre de Diamichius. 

8. a Data la época de la alfarería. 

9. a Época, en que adoraban á Agrove en Fenicia. 
Le dedicaron un templo, y su estatua muy venerada, se 
sacaba en procesión en un carro tirado por una ó más 
parejas de bueyes. 

10. a Las tribus nómadas forman rancherías y se 
dedican á criar ganado. # 

Siguen otras dos épocas en la 1. a se descubre la 
sal, y en la 2. a viene la generación de los cabires y 
Tot inventó el alfabeto fenicio. 

Esto es lo que creían los fenicios, porque veían que 
las razas incivilizadas hacían sus cultos á la sombra de 
unos árboles y guardaban como fetiches hierbas que les 
servían de talismanes ó amuletos. Y en cuanto á los 
pueblos civilizados como Fenicia, Egipto, Persia Babila- 

(i) También de las islas Palaos se decía lo siguiente: 

"Vna de estas "Yslas es habitada de solas mugeres, hnrquales al modo de las- 
antiguas Amazonas, conservan la especie, teniendo comercio vna vez al año con- 
los hombres de vezinas Yslas: los quales cada año v^n á la dicha Ysla, y en ella 
se detienen algún tiempo, y después se buelven á las suyas propias; y bolvienda 
el año siguiente, hallando, que de esta comunicación han nacido hembras, las dexar» 
. con sus madres en la dicha Ysla, y si han nacido virones, loj llevan á sus propias- 
Yslas". Comunicación del Jesuíta P. Juan Serrano al Rey de España, 1705. Archiva 
del Sr. Retana, tomo. a. o. 

(a) Vilano es alteración de Tubalcain, Cantú. 

\ (215) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



nía y la India, era muy antiguo en ellos el culto del sol, 
unido con el del fuego, que se consideraba como su 
imagen. 

Y sin estudiar la religión de las razas salvajes que 
son el vivo retrato del hombre primitivo, formaron esta 
cronología de las religiones, que descansa sobre suposi* 
ciones falsas. Los sabios de entonces todavía no se 
ocupaban de Antropología ni de FolkLore; y sin duda 
Sacconiathon no hubiera podido presentar pruebas de 
que, en efecto, les hombres empezaron por adorar las 
plantas y sucesivamente el sol, los gigantes, el fuego, 
el viento y los hombres extraordinarios. 

Los antiguos persas contaban como el rey Uchenk, 
encontrándose en el bosque con una fiera, le tiró gran 
piedra, que yendo á parar en una roca, produjo chispas. 
Uchenk tomó el fuego como una divinidad y lo hizo 
adorar como tal á sus subditos. El culto del fuego es 
de lo más antiguo que se conoce; pero lo que le elevó 
~á deidad, no habrá sido ese mero incidente, sino la vista 
de los volcanes y de los rayos atronadores. Los feni« 
cios consideraban como lugar sagrado ó casa de Dios 
ÍJBethEl), donde estallaba un rayo. 

v Salomón (i), á su vez, dice que los hombres tuvie- 
ron por dioses gobernadores del universo ó al fuego, ó 
al espíritu (de los muertos;, ó al aire tempestuoso, ó al 
giro de las estrellas, ó á la mucha agua, ó al sol y la 
luna, y aun á los animales inútiles. Continúa que por 
la idolatría perecieron los gigantes en el diluvio, y dice: 
"El principio de la adulteración religiosa fué la inven- 
ción de los ídolos; porque ni los había al principio ni 



(t) Aunque el Libro de la Sabiduría, por su estilo griego ó alejandrino, se 
atribuye por otros á Apolos, el rival de San Pablo; ó al Vfejo Filón, el contemporá- 
neo de Demetrio Fale&o.. 

^ . ' (216) 



ISABELO DE LOS REYES. 



los habrá siempre. La vanidad de los hombres los 
introdujo en el mundo y por lo mismo, pronto tendrán 
fin. Porque un padre afligido por la. muerte prematura 
de su hijo, hizo su imagen y comenzó á honrar como 
dios al que era entonces un hombre muerto y ordenó á 
sus siervos dedicarle ceremonias y sacrificios (i). Así una 
costumbre impía, robusteciéndose en el curso del tiempo, 
pasó á ser una ley, y las imágenes fueron adoradas por 
rpandato de los tiranos, Y á aquellos que no podían 
honrar en su presencia por hallarse lejos, hacían traer 
de lejos lá figura de ellps, y honraban á la imagen del 
rey á quien querían adular, como ái estuviese presente. 
La notable habilidad del artífice contribuyó á la supers- 
tición de los ignorantes, porque queriendo aquel dar 
gusto al que le contrató, puso toda su arte para produ- 
cir una imagen con la mejor perfección. Y la multitud 
de los hombres, seducida por la hermosura de la obra, 
á aquel que poco antes era sólo honrado como hombre, 
ahora le adoraron como un Dios. Libro d¿ la Sabiduría, 
XII, 24; XIII, 2; XIV, 12.20. 

Más, esto se refiere á la época de los reyes, cuando 
el hombre conocía ya el monoteismo y había adelan- 
tado mucho en las Bellas Artes. Expresa el origen de 
los ídolos pintados de rojo, pero no el de la Religión, 
si bien Salomón, ó quien quiera ser el verdadero autor 
de este libro, parece dar á entender que los hombres, 
después de admirar la hermosura de sus ídolos ó la 
virtud é influencia de las cria ciras divinizadas, "después 
de saber tanto que podían hacer concepto del mundo: 
¿cómo con mayor facilidad no hallasen al Señor y autor 
de él?" Y disculpa de algún modo á los paganos, "por- 



J. 



i ] Esto mismo se dice que hizo Niño de su padre Bete, 

(217) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



que— dice— éstos yerran quizás buscando y deseando 
encontrar al verdadero Dios." XIII, 3-9. 

Sócrates (años 470-400 A. C.) era ya monoteísta, 
y su contemporáneo Xenófanes, de Colofón (Grecia), el 
fundador de la Escuela eleática que tantos hombres vir- 
tuosos produjo, demostró el primero que el cuitó de los 
dioses personales era una idolatría grosera proviniente 
de- la deificación de los hombres: lo que amplió y conv" 
pletó su compatriota Evemero el ^siglo IV antes de 
Cristo, demostrando que los dioses que se adoraban, no 
eran estrellas ni fueron seres celestiales, sino reyes ú 
otros hombres célebres que fueron deificados. 

Aristóteles, que nació el año 384 A. C, decía: "La 
más remota antigüedad dejó á los siglos sucesivos bajo 
la obscuridad de las fábulas las creencias que ellos te- 
nían de los dioses y de que la divinidad abáfcaba á toda 
la Naturaleza. La fábula añadió lo demás para obligar 
al pueblo á obedecer las leyes para bien del Estado. 
Así han llegado á asemejar los dioses á los hombres, á 
algunos animales ó á otras cosas parecidas." Metafísica, 
lib. XII, cap. 8. - 

Pero no es verosímil que una concepción tan ele- 
vada se haya prostituido caprichosamente po* los hom- 
bres convírtiéndola en grosero fetiquismo. Lo claro que 
resulta de las palabras de Aristóteles es que el feti- 
quismo ó lo fabuloso data^de la más remota antigüedad 
y que en su tiempo ya creían que "los dioses* habían 
N&tdo las primaras naturalezas de todas." 

Es más aceptada hoy la opinión de los epicúreos 
de que la religión nació del miedo. , 

Dipdoro que nació el año 44 A. C, atribuía el orí- 
gen, clel culto de los animales á la Mitología, según la 
cual, viéndose atacados y estrechados por los gigantes, 



ISABELO DE LOS REYES. 



se ocultaron durante algún tiempo bajo la forma de 
animales. 

Según los hinchis, los ángeles rebeldes encarnaron 
en los bueyes y que por eso éstos se consideraron sa- 
grados. También los egipcios decían que los dioses, 
bajo la forma de animales, combatieron mandados por 
Horus para vengar la muerte de Osiris; 

Según Plutarco (año 48 D C.) que tenía una colec- 
ción de animales sagrados, la zoolatría se originó de la 
costumbre de pintar figuras de animales en las banderas; 
pero con razón observa Goguet que este culto es ante- 
rior aLuso de banderas. Plutarco suponía que el coco* 
drilo era adorado, porque, no teniendo lengua, era el 
símbolo de la divinidad, que, sin hablar, imponía sus 
leyes á la Naturaleza. Mas esta especulación hubiera 
sido inaccesible á la tosca inteligencia del hombre pri- 
mitivo. Lo histórico es que fué adorado el cocodrilo 
por creerse como la encarnación del alma de algún hom- 
bre, que había devorado, como creían los filipinos. 

Otros autores antiguos atribuían la adoración de los 
animales á los jefes egipcios que usaban cascos en forma 
de cabezas de animales; pero pueblos que no llevaban 
semejantes cascos, adoraron también en animales, y es 
más probable que, por el contrario,' esos cascos hayan 
derivado del culto de los animales, quizás como amuletos. 
Pierret, en Le panthéon égyptien, demuestra que los ídolos 
egipcios con cabezas de animales, no constituían zoola*» 
tría, sino meros emblemas. 

Hace doscientos años, Voltaire decía: "El hombre 
empezó por reconocer u tí solo dios,, y luego la debili- 
dad humana inventóla pluralídadxle dioses. Una aldea 
ó mejor dicho, ranchería, asustada por los truenos y 
rayos, atribulada por la pérdida de la cosecha, o mal* 

{219) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



tratada por k ranchería vecina, al conocer su debilidad, 
habrá creído que en todas partes hay un poder superior 
á nosotros del que procedían el bien y el mal. Me pa- 
rece imposible que al principio pensara -en la existencia 
de dos poderes. En todo se empieza por lo sencillo, 
después se llega á lo compuesto, y con frecuencia retro- 
cedemos á lo sencillo cuando tenemos mayores conoci- 
mientos/* 

Respondemos'. Precisamente en las cosas dudosas y 
conjeturables suele ocurrimos á la vez muchas ideas di- 
ferentes y vagas sobre un mismo asunto* hasta que el 
mejor estudio y más detenida meditación, crístalizen en 
uno solo nuestro parecer. 

"No me parece verosímil — continúa Voltaire — que 
el hombre haya empezado adorando al sol ó á la luna. 
A los niños, que son muy parecidos á los hombres ig- 
norantes, no les llama la atención la hermosura ni la 
utilidad del sol y de la luna, ni las variaciones de su 
curso. Se acostumbran á todo eso sin fijarse en ello. 
No adoramos mas que á lo que tememos y todos los 
niños ven el cielo con indiferencia; mas cuando truena, 
tiemblan y se esconden. Indudablemente los hombres 
primitivos obraron lo mismo que los niños. Sólo más 
tarde cuando surgieron una especie de filósofos que fiján- 
dose en el curso de los astros, descubrieron la impor- 
tancia de éstos, fué cuando consiguieron que los hom- 
bres los admiraran y adoraran^ pero los salvajes ó los 
simples labradores que eran completamente ignorantes, 
no sabían lo suficiente para adoptar una religión que ya 
revela adelanto. Y á ese poder que truena, que malogra 
nuestras cosechas y mata nuestros hijos, para adularle 
llamaron Señor (i): es lo que significa el Knef de los 

(i) Corresponde al Bathala de los hindus de la Tagalicia, al Peen 6 Pañgi- 
(220t) 



ISABELO DE LOS REYES. 



egipcios; el Adonai de los sirios, el Baal ó Motoch de 
los fenicios, el Bel de los babilonios, el Papée de los 
escitas. Gomo cada pueblecillo tenía su dios, de aquí 
provino la multiplicación de dioses.* 1 

Herbert Spencer, en El Culto de los animales, saca- 
las siguientes conclusiones: Toda religión en estado ru- 
dimentario es un método para hacernos propicios á los. 
ascendientes difuntos, á quienes el salvaje cree que si-« 
guen existiendo con forma no menos tangible que La que 
tuviera en vida, con el poder de hacer bien ó daño á 
los vivos. Estos sentimientos é ideas que él tiene res- 
pecto á dichos difuntos constituyen todo el fundamento 
de sus supersticiones. 

Los salvajes tienen la costumbre de darse apodos 
de animales ó plantas, y además, según testimonio del 
Dr. Miligan, toman sus nombres de objetos, sucesos ó 
actos dé la naturaleza. De aquí nació el equívoco, muy 
fácil de cometerse por lá escasez de vocablos y medios 
de transmisión en los salvajes.^ Los descendientes de 
un hombre difunto que se llamó Sol, con el tiempo se 
creyeron hijos del astro Sol (japoneses etc.); y si su 
nombre era buey ó león, se creerían hijos de un buey, 
como los adoradores del buey (hindus, egipcios \ ó 
del león (asirios, romanos, etc.) "Cada tribu se con- 
sidera descendiente del ser quedes objeto de su adora- 
ción^* 

Sólo así se expirarían las leyendas de que primita 
vamente los animales hablsíban, robaban mujeres, recojían 
y educaban niños, etc. 

Cuando la tradición guarda el recuerdo de dos ra- 
mas de ascendientes bajo los nombres de distintos. 

*##* de los tegalogs puros y al Apo de los ilokanos y demás filipinos setos. Todo»'* 
•eter Tteatlos ligvificaa $m«r* 



(231) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



animales, se representará el fruto de este cruzamiento 
con el cuerpo de uno de esos animales y la cabeza del 
otro, como la diosa Pacht de Egipto que tiene la orma 
de una mujer con cabeza de león; ó los leones alados 
de Babilonia. 

"La necesidad — dice Spencer — de introducir el sexo 
en los nombres, es una de las razones por qué los nom- 
bres abstractos y los colectivos han tomado un sentido 
aücropomórfico. Por esto viene después el culto de di- 
vinidades puramente antropomórficas, cuando el lenguaje 
se halla formado ya lo suficiente para que en la nueva 
tradición se pueda conservar la distinción entre los ver- 
daderos nombres y los apodos. Lo que más justifica 
esta teoría ó mejor hace ver su exactitud, es que se 
halla de acuerdo con la ley general de evolución: de una 
creencia primitiva simple, vaga en su forma, hace nacer 
á nuestres ojos, por diferenciaciones continuas, las nume- 
rosas y heterogéneas formas de creencias que han existido 
y existen. 

El deseo de tener propicio el segundo yo (alma) del 
ascendiente muerto, deseo común entre el salvaje y el 
civilizado, ha sido en todas partes la primera forma de 
religión: de ahí — concluye Spencer — han nacido las nume- 
rosas y diferentes formas que acabamos de citar." 

Fustel de Coulanges y Grasserie opinan también que 
del culto de los antepasados surgió la religión. 

Sir John Lubbock, en Orígenes de la Civilización, 
trata de demostrar que los animales, las plantas, el agua, 
las montañas, las piedras, el fuego, los cuerpos celestes 
y otra multitud de objetos, son y han sido adorados 
muy extensa y á veces simultáneamente, d^ manera que 
no pueden servir de H5ase para una clasificación natural 
de las religiones, y enumera como las grandes etapas 



(222) 



ISABELO DE LOS REYES. 



del desenvolvimiento de la idea religiosa, las siguientes: 
1. a Ateísmo: No la negación de la existencia de 
un Dios, sino la falta de ideas definidas en religión en* 
tre los mas salvajes, Según él, representan esta etapa, 
entre otros, los australianos, los cuales sólo poseen algu- 
nas vagas ideas sobre !a existencia de un ser rencoroso 
y malévolo, pero débil y solo temible en la obscuridad, 
y el temor general al maleficio. No tienen ninguna idea 
de la creación, oraciones, ni ceremonias religiosas; todo 
lo que constituye el culto les es desconocido. No creen 
en la existencia de un Dios (i); ni tienen palabras para 
expresar Dios y alma como los indios de s California, de 
creer al Padre Baegert, que dice haber vivido con ellos 
diez y siete años (2). Sé asevera que tampoco tienen 
religión ciertas tribus de esquimal*», los «polinesios (Pa- 
laos), los indios de los valles del Sacramento y de San 
Joaquín (Brasil), ni los cafres, hotentotes y otros africa- 
nos del Sur (3). Con todo, confiesa Lubbock que no 
dejan de creer en seres invisibles; y aunque no lo quiera 
él, sin duda eso es una Religión embrionaria. 

2. a Fetichismo, No ífes religión, afirma Lubbock, 
sino irreligión. Se ha definido hasta aquí como el culto 
de las cosas materiales, confundiéndolo con la idolatría. 
Mas el ídolo es objeto de culto, mientras el fetiche pone 
á la divinidad bajo el poder del hombre. El salvaje no 
adora á su fetiche, sino se vale de él para dominar y 
contrarrestar al espíritu ó divinidad que representa, 
obligándole a cumplir sus deseos, no por la virtnd de la 



(1) Refort of the Commitee of tke Legi^lative Council ou Aborigines, Vic- 
toria 1859. 

(a) Nachrichten von der Amer. Halh* California* 1773. 

(3] Gibbs y Schoolcraft, Indian Tribes\ Burche!, Travel\ Dr. Vanderkemp, 
Moffat y Dr. Gardner, Religiones del mundo. 

■■%, 

(223) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



oración ó de las obras buenas sino con ofrendas, comida 
y á veces con sacrificios humanos acompañados de 
danzas. Muchas veces insultan á su divinidad y le pe- 
gan pa r a obligarle á ser bueno ó á conceder lo que 
ellos desean. En substancia el fetichismo es maleficio 
puro. Los brujos de todo el mundo piensan que obte- 
niendo algo del enemigo (como cabellos, retazo de ropa, 
retrato etc.), alcanzan cierto poder sobre él. Basta al 
efecto un simple trozo dé su vestido, y cuando nó, les 
parece que todo daño ocasionado á su imagen afectará 
al original. Atribuyen la muerte al maleficio de algún 
enemigo, por lo que la vengan en el sospechoso. 

Los últimos de los salvajes — continúa Lubbock — 
apenas estiman á sus dioses más poderosos que ellos. 
Esos dioses son malos (i), sujetos á las mismas pasio- 
nes que ei hombre. Hay tribus que no conocen dios 
bienhechor como los veddhas de Ceilan (2). Tales dioses 
se ganan con comidas y no con la oración; no son crea- 
dores, omniscientes ni todopoderosos. Son menos mate- 
riales que nosotros, pero como nosotros mortales (3), y 
que si son más poderosos que el hombre en ciertos res- 
pectos, en otros lo son menos. En su religión, si así puecte 
llamarse, no entra paranada la moral. Las palabras bueno 
ó malo se refieren al sentido del gusto ó al bienestar 
material, y no á la idea de lo recto ó de lo inicuo. Esos 
dioses no recompensan el bien ni castigan el mal, sino 
con frecuencia lo aprueban, y no la virtud. El fetichismo 



[i] Tam* ién un médico director de un gran hospital de Alemania, que había 
sido educado cristianamente, dijo á Haeckel: "Si es cierto que un Dios inteligente 
rige- al mando, no puede ser un Dios de amor, sino un demonio omnipotente que 
pe divierte en un eterno juego destruyendo lo que ayer edificó. Maravillas de la 
mda, 

{st> D«Ty, Ceylon. 

C3) Cora» los kaikaans de lo* ilcca»©*. 



(224) 



ISABELO DE LOS REYES. 



carece de templos, ídolos, sacerdotes, sacrificios y oracio- 
nes, excepto casos raros. 

Esta es la religión en una fase ínfima, reducida á 
la simple creencia en seres malignos; pefo los monteses 
tampoco tienen demonio en su carácter esencial de Un* 
- tactor. El fetichismo — añade Lubbock - se aplica por lo 
común á los negros, pero en realidad se registra en todo 
e} mundo. 

3. a Totemismo. Es la adoración de los objetos y 
'seres naturales, como árboles, lagos, ríos, astros, piedras, 
montañas; animales, el lingam ó falo etc. Lubbock cree 
con Spencer que este culto provino de los nombres ó 
apodos de animales que se dieron á los antepasados, Y . 
por eso lo llama Totemismo. 

Esta palabra procede de 'la América del Norte, Se 
llama tótem el dios, patrono ó blasón de cada tribu ó 
familia. Según Schoolcraft, los pieles rojas hacen re- 
montar su genealogía hasta el animal que les sirve de 
tótem. En el África del Sur, las tribus bechuanas se 
dividen ea hombres del mono, del león, del cocodrilo, 
del elefante, del buey, del puerco espin etc., y nadie 
come la carne de su respectivo tótem. 

El maleficio, dice Lubbock, ya no vence á los dio- 
ses; pero aún no se les considera como creadores sobre- 
naturales, sino paertes de la naturaleza; son sobrehumanos, 
especies, no individuos. Los espíritus ya no mueren 
tan pronto como el cuerpo; hacen largos viajes y en el 
camino se extinguen los abuelos. El cielo es una parte 
distante de la tierra. El culto de los astros, dice, en su 
forma primitiva no difería esencialmente del culto de 
una montaña ó de un río. 

4. a Xamamsmo. El culto de estos genios es lo que 
llaman "Xamanismo". Hasta aquí las divinidades eran 
/ (22$) 15 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



viables; pero ahora ya adquieren el carácter de espí- 
ritus, aunque á veces se dejan ver; son ya mucho más 
poderosas que el hombre y líegaa á considerarse como 
<ie diferente naturaleza; mas bien que espíritus de difun- 
tos* se convierten ya ea verdaderas deidades ó genios. 
Su morada está asimismo muy lejos, y sólo es accesible 
á los xamanes. 

Ea palabra proviene de Siberia, donde son llamados 
samanes unos adivinos ó iluminados, que se exitan 
Iiasía ponerse frenéticos y entonces pretenden estar ins- 
pirados por el genio en cuyo nombre hablan y pronun- 
cian oráculos. 

**Es. notable, dice Wrangel en Siberia and Polar 
Sea % que el xamanismo no tenga dogmas de ningún gé- 
stero: &a es un sistema enseñado ó transmitido de unos 
á otros; aunque se halla tan difundido, parece nacer en 
«da individuo separadamente como fruto de una ima- 
ginación sobteexitada bajo el influjo de impresiones muy 
seraejajites, al través de todos los desiertos del norte 
dfe. Siberia. " 

5^.* idolatría ó antropomorfismo. En esta fase, se-* 
gun Lubbock, los dioses adquieren mis completamente 
& naturaleza de hombres, pero siguen siendo más po- 
derosos. Todavía se les puede reducir por la persuac'ón; 
mm parte de la naturaleza, y no creadores de ella. Se 
sqpresentan mediante imágenes ó ídolos. 

Opina el citado autor que la monarquía existió an- 
Wcsb qtre la idolatría, y dice: "En las religiones ínfimas, 
cf salvaje adora los objetos sm tener idea definida de 
m divinidad. Pero cuando la reí gión adquiere un ca-» 
sScter mas intelectual, cuando abraza la fé lo mismo que 
di sentinrento, la creencia lo mismo que el misterio, el 
H&aabre conciba por primara vez la divinidad como un 

(226) 



ISABELO DE LOS REYES 



ser semejante á él en forma, carácter y atributos, aun» 
que mas sabio y poderoso. Es una de las razones por 
las cuales los dioses son antropomorfos en esta fase." 

6.° Sobre naturalismo. En esta fase, según Lubbock, 
$e mira á la divinidad como autora de la naturaleza, y 
no como simple parte de la misma. Por primera vez 
se convierte en un ser realmente sobrenatural. Poco á 
poco se fué elevando el espíritu del hombre, merced á 
una inteligencia mejor de las leyes naturales. Empezó 
por suponer que la divinidad había formado la tierra, 
sacándola de las aguas, y disponiéndola para mansión 
de la humanidad; y luego concibió la idea de que tierra 
y agua habían s : do creadas igualmente por el poder 
sobrenatural. Después de haber mirado á todos los es- 
píritus como maléficos, se elevó á la creencia lo mismo 
en divinidades buenas que en divinidades malas; y su- 
bordinando poco á poco las últimas á las primeras, 
adoró como dioses solo á los buenos espíritus, descen- 
diendo ios malos á la condición de demonios. 

7. a y última fase: Religión moral. Desde la simple 
creencia, dice Lubbock, en los manes, llegó paso tras 
paso' al reconocimiento del alma; y uniendo, en fin, esta 
creencia con la de un ser justo y benéfico, asoció á la 
religión la moral. EL carácter sagrado que hoy forma 
parte integrante de nuestra concepción del deber, no 
pudo surgir hasta que se hizo moral la religión; y esto 
último no pudo verificarse hasta que las divinidades 
fueron concebidas como seres bienhechores, que recom- 
pensaban los actos buenos, y castigaban los malos. Este 
paso fué un inmenso progreso para la humanidad, toda 
vez que el temor en los poderes invisibles, cuyo influjo 
sólo sé había empleado en producir simples ceremonias 
y sacrificios, dotó inmediatamente á 'los sentimientos 

(227) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



morales de un carácter sagrado, y, por lo mismo, de 
una fuerza que hasta entonces no habían teñido. 

Esta es, en resumen, la célebre teoría de Sir John 
Lubbock, basada en meras referencias de otros autores, 
no siempre exactos. Nosotros que hemos vivido cerca 
de diversas razas monteses de Filipinas y hasta creido 
sus mismas supersticiones en nuestra niñez, por lo que 
conocemos á fondo lo que él llama xamanismo, y los 
cultos de los animales, astros, montañas, anitos etc., nos 
hallamos capacitados á rectificar algunos errores de él 
y de otros. 

En primer lugar, si bien aceptamos que el 'hombre 
debe de haber empezado por no fijarse ó creer en dios ó 
religión alguna en su primera niñez, este estado de com- 
pleto ateísmo, no debe de haber durado mucho más de la 
primera muerte ó del estallido de la primera tempestad 
que él haya presenciado. 

Gabriel de Mortillet y otros prehistoriadores sos- 
tienen que el hombre desde el periodo neolítiqo era 
religioso por su manera de enterrar los muertos y por 
los amuletos que se encontraron junto á los cadáveres. 
Había cráneos con la señal de T. En una sepultura de 
la edad de bronce hallada en Kivik (isla Belle) había 
emblemas del sol. También hay una figura del sol so- 
bre una columna de la edad de hierro descubierta en 
Italia, cuyas fotografías trae la Biblia Filipina. 

No creo que en la actualidad exista raza alguna 
que no tenga su religión más ó menos embrionaria ó 
culta. Lo que ocurre es que los salvajes no quieren 
comunicar á los extraños sus ideas religiosas por no pro^ 
fañadas, y sólo á duras penas se consigue que nos 
revelen algo. Y á los europeos, mucho menos. Por eso, 
los viajeros extraños suelen decir que tal ó cual tribu 

(228) 



ISABELO DE LOS REYES. 



carece de religión, porque así, en efecto, lo aseguran, 
como suelen hacerlo nuestros monteses. El muy ente- 
rado fray Ferrando y el estudioso Peñarrubia, que varias 
veces estuvo de Gobernador en Abra, aseguraron que 
los monteses de aquella provincia carecen de religión, 
y este error se creía entre los españoles. 

Lo que dice el Padre Baegert de los . indios de Ca- 
lifornia que carecen de palabras para expresar las ideas 
de Dios y alma, por lo que los misioneros conservaran 
las voces castellanas, esto mismo ocurrió en nuestro 
Archipiélago, pero no por falta de voces filipinas; sino 
por el rigor inquisitorial é intransigente con que los 
frailes prohibieron el uso de los nombres que recordaran 
á los antiguos anitos de los filipinos hasta que los ci- 
vilizados se han olvidado por completo de ellos. En 
llocos las autoridades de la Iglesia Romana, que era la 
única imperante, exclushista y tiránica, prohibieron em 
plear la voz ilocana buniag para expresar el verbo 
bautizar, empleando en su lugar el castellano baptizar 
por no recordar á Kabunían, dios de los igorrotes, en 
el Sínodo de Kalasiaw (Pangasinan) celebrado por e* 
Obispo García en 1773, 

Tampoco aceptamos que los salvajes no crean en 
hí- -otra vida. 

El error de Lubbock de que existen razas sin reli- 
gión, ya fué refutado por eminentes etnógrafos y por el 
teólogo vienes Gustavo Roskoff en su Religión entre 
los pueblos salvajes. Ya decía Cicerón que no se halla 
raza por ignorante ó salvaje, que si bien ignora cuál es 
el verdadero Dios, no sepa que debe haber alguno. 

El mismo Lubbock afirma: "Si el mero sentimiento 
del temor y la idea de que hay probablemente otros 
seres más poderosos que nosotros, bastan para constituir 

(229) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



una religión, entonces creo que debemos considerar que 
todo el género humano tiene religión. Pero jamás se toma 
como prueba de religiosidad la de que el niño tema las 
tinieblas y retroceda ante una habitación obscura. En 
este caso podríamos decir que el caballo y el perro 
reconocen por dios á su amo por temer y venerarle. 
El perro ladra á la luna." 

Sí; eso es rudimento de religión, aún entre los ani* 
males, como lo demuestra Darwin en El origen del 
hombre; y si no, ¿cómo lo llamaríamos? 

Parece que Lubbock no expresa bien lo que él llama 
Fetichismo, Según sus explicaciones, quiso referirse á 
la creencia en los talismanes, lo que es verdaderamente 
propio de las tribus monteses; pero aquellos no son dei- 
dades sino medios prodigiosos. Y después la amalgama 
con la brujería que ya es de los civilizados de la Edad 
Media. Hasta ahora se cree en España, en otras partes de 
Europa, y entre los campesinos de Filipinas, que las 
brujas ó meigas pueden dañar á las personas por medio 
de sus cabellos, ropas, retratos ó sólo por pinchar con 
alfileres un muñeco en la parte que se desee que sufran 
aquellas. En España, aún ahora, los campesinos bañan, 
meten en pozos, queman ó pegan á ciertas imágenes de 
Santos cuando les quieren obligar á concederles lluvia 
ú otras cosas que desean. En Bisayas se llama holom 
el sumergir en el agua los ídolos ó imágenes de Santos 
en las sequías hasta que llueva. Los macdayas de Min- 
danaw pegan á los ídolos de sus genios malos. 

A pesar de lo que dice Lubbock, el fetiche es el 
mismo ídolo, el mismo á quien adoran ó castigan el 
salvaje y el campesino, según el grado de desenvolvió 
miento de su inteligencia. 

Tampoco es exacto que todos los dioses del salvaje 

(230) 



ISABELO DE LOS REYES 



sean malos: bueno es el antepasado protector de cada 
iribú; y malo ó enemigo es el dios de la tribu, enemiga, 
y á él le atribuyen todos sus niales, enfermedades hasta 
lá muerte, por lo que toman venganza en las personas 
de los enemigos, como el panagtutuyó de los ilocaao» jr 
otras tribus monteses. 

Para mí, la primera fase de la Religión en sss 
orígenes, tenía por fondo la creencia en la reencarnar 
ción, como lo he demostrado, y de aquí el culto de 
los fetiches ó seres de la naturaleza, en los que su- 
ponen las razas incultas encarnarse las almas de bs 
muertos. 

Lo que llamarí Totemismo Schoolcraft, Lubboclc y 
otros, es muy distinto de como lo conocemos directa* 
mente. Quizás contribuyó á la zoolatría la zpantropfa «t 
locura que consiste en creerse trausformodo en animal 
y es. muy común entre todas las razas del mundo. 

Respecto al Xamanismo, Lubbock confiesa que es 
difícil distinguirlo del Totemismo y de la Idolatría. L# 
practicaban en las islas Bisayas en la época de la Coa- 
quista española, según una comunicación al Rey del 
Gobernador Legazpi antes de llegar á Manila; aaii lo 
vimos practicar á los tinguianes de Abra y á los cam- 
pesinos de Hocos. Ocurre cuando la creencia en tos 
Anitos ó almas de los antepasados, llega á tener ídolo^ 
templos y sacerdotes que son al mismo tiempo cutas*- 
deros, adivinos y hechiceros. 

Tampoco estamos conformes en que el antropo- 
morfismo es* la misma idolatría, pues uno puede ser 
antropomorfista, sin ser idólatra, como los protestantes f 
judíos que adoptan el antropomorfismo de la Biblia, y 
sin embargo, abominan las imágenes. Ni encontra- 
mos aceptable que la religión que atribuye £ Dios 

(2 jl) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



formas humas as, se separe de la Anitería, la misma que 
sirve de fondo al Totemismo y al Xamanismo. 

Si las razas monteses creen que sus deidades son 
las almas medio-materiales, medip-espirituales, de sus 
antepasados, próximos ó remoto?, siendo á veces visi- 
bles, ¿qué extraño es que les atribuyan formas humanas 
y que les hagan imágenesí 

Grasserie, en su Psicología de las religiones, piensa 
como los antiguos epicúreos y djce: "El miedo fué 
ciertamente el principio de la Religión. Por miedo se 
sometió el hombre á las fuerzas naturales, que eran su* 
periores á él. Algunas de estas fuerzas le parecieron 
favorables, otras» hostiles; pidió auxilio á las primeras y 
trató de aplacar á las segundas. La religión fué en un 
principio subjetiva, es decir, que el hombre adoraba á 
sus propios antepasados, luego á los muertos en gene- 
ral, en ocasiones á los vivos, finalmente al santo y al 
semidiós. La religión en sus orígenes fué el culto de 
los muertos y doméstica. Mas tarde se hizo objetiva y 
adoró todas las cosas de la naturaleza. Comenzó en 
creer tantos dioses como espíritus había antropomorfiza" 
dos en la naturaleza. Luego se hizo una jerarquía de 
estos dioses: el sol, por ejemplo, más brillante y más 
alto, debía de ser superior á la fuente ó árbol divini- 
zados. Cuando se clasificaron los dioses en superiores 
é inferiores, naturalmente éstos fueron relegándose al 
olvido, acabando por quedarse sólo el que predominara 
en la opinión. Fatalmente, pues, el monoteísmo nació del 
politeísmo.* ' 

Según el mismo autor, las semejanzas en las diver. 
sas teogonias indican que hayan provenido, no de una 
s ola religión, sino de un mismo padre ó criterio, que es 
el Espíritu humano. La religión politeísta y antropo- 

(232) 



ISABELO DE LOS REYES. 



mórfica forma su mitología, y cuando progresa se hace 
monoteísta, establece dogmas y forma su teología. La 
religión tiene tres partes: el dogma ó mito, la moral y 
el culto. Se ha principiado por el culto, se ha practi* 
cado la religión antes de conocerla bien. Las religiones 
han vivido mucho tiempo sin moral: la moral estaba 
enteramente separada de la religión: el hombre sólo 
pedía á los dioses salud, felicidad, seguridad y victorias. A 
los mismos Adamy Eva aún no se les encargó que prac" 
ticaran el bien y evitasen el mal, sino solo obediencia 
á un precepto ritual: la prohibición de comer el fruto 
era puramente ritual, porque no era malo en sí, sino 
como infracción de un mandato divino, como entre los 
griegos la prohibición de abrir la caja de Pandora- 
- Con su desobediencia conocieron la moral natural. 

"La moral nace de las costumbres, tiene su evolución 
propia, se afirma y espiritualiza poco á poco, y sólo 
después de estos progresos se une á la religión, que á 
su vez se habrá espiritualizado ya. La acción de la mo- 
ral ha contribuido al progreso del monoteísmo. 

"Los móviles egoístas — añade — obedecen principal*- 
mente al miedo; los mixtos al interés; y los altruistas al 
amor. El instinto de conservación ha creado la creencia 
en la inmortalidad del alma; el del miedo ha originado 
la religión demoniaca; y el de la felicidad, la religión 
propiamente dicha. La vista de las desigualdades pre*- 
sentes y el instinto psicológico de la justicia han corro- 
borado la creencia en la inmortalidad del alma y en las 
recompensas y castigos futuros, y entonces nació la re-* 
ligión de la justicia." 

(Pero esas desigualdades, según lo he observado, son 
aparentes: el pobre es tan rico con su pobreza, como. el 
rico es tan pobre con sus riquezas. Todos son iguales, 

(.233) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



nadie es más feliz, sino en cuanto es más bueno; ni 
más desgraciado, sino en cuanto es más malo). 

Luego del sentimiento del amor, nace la religión de 
la caridad, de la abnegación y del ascetismo ó deseo de 
identificarse con Dios, espiritualizándose uno ó dospoján. 
dose de su propia personalidad: es el nirvana de los 
budistas, la comunión de los católicos con Dios. 

Vistas las diversas opiniones de los sabios, oigamos 
lo que dicen los mismos monteses. 

Un negro inteligente explicó á Bosman cómo hacen 
y deshacen dioses, diciendo: "Cuando emprendemos algo 
importante, buscamos un dios, que favorezca nuestra 
empresa, y saliendo fuera, tomamos por Dios lo primero 
que se nos présenla: un perro, un gato, una piedra, un 
pedazo de madera ú otro objeto. A ese dios presenta- 
mos una ofrenda jurando solemnemente que si favorece 
nuestros deseos, le adoraremos en lo sucesivo y estima- 
remos como un dios. Si sale bien nuestra empresa, ya 
hemos descubierto un dios nuevo y útil, al cual hacemos 
diarias ofrendas; pero si no, se tira ese dios como un 
instrumento inútil. Así hacemos y deshacemos dioses 
todos los días, de consiguiente somos los amos y los 
inventores de lo que adoramos (i). 

Prescott, á su vez cuenta que los indios dacotas re- 
cogen toda piedra redonda y la pintan; después á unos 
metros de sus cabanas, limpian de hierbas la tierra en 
un espacio de medio metro; colocan allí la piedra y la 
adoran como dios, ofreciéndole tabaco y plumas, y le 
ruegan les libre de los peligros (2). 



(1) Guinea, Pinkerion's Voy ages. 

[3] <¡Y qué diferencia hay entre estos salvajes y el romanista que de un trozo 
de madera ó marfil hace una escultura más ó menos artística y luego la idolatra 
como á un dicsr 



(234) 



ISABELO DE LOS REYES. 



Semejantes noticias, sin ser profundizadas, han in- 
ducido á Grasserie y otros autores á creer que en el 
periodo del fetichismo cuando aún no apunta la idea de 
la revelación divina, el salvaje inventa su dios, lo cual 
es inexacto. 

El salvaje cree que mediante ciertas ceremonias 
hechas por sus sacerdotes, su dios ó dioses invisibles 
encarnan en las piedras que tienen algún parecido á los 
hombres, ó en los "animales, en los cuales creen que 
suelen encarnar; pero ellos pueden equivocarse. Cuando 
la empresa sale fallida, es señal de que el animal esco- 
gido era uno ordinario, y no la encarnación de un dios 
ó de un alma divinizada y por eso lo dejan y hasta lo 
pegan por el chasco (i). Pero es inverosímil que el 
salvaje adore al animal ó piedra alguna, si él no creyera 
de buena fé que en ellos se oculte una divinidad, como 
el romanista que inocentemente rinde culto á los ídolos 
de los Santos. 

Los tinguianes de Abra adoran á un montón de 
piedras * pequeñas y otras grandes de media vara de 
largo y cuarta de ancho que tienen cierto parecido al 
hombre. Cuando un pudiente se enferma gravemente, 
por consejos del baglan (sacerdote) preparan comida, se 
embriagan y armando gran algazara, y blandiendo sus 
lanzas, van á las afueras de la ranchería donde se halla 
la piedra. Allí el baglan le sacrifica un gallo ó cerdo 
derramando la sangre sobre la cabeza del ídolo. Con 
esta ceremonia queda consagrada la piedra. Y se con- 
vierte en Anito, así como la hostia cuando el Sacerdote 
católico pronuncia sobre el barquillo la mágica palabra: 



(i) Los malayos pretenden distinguir á los caimanes en los cuales está encar- 
nado algún antepasado, de los simples caimanes. 

(135) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



fíoc esl corpas nieum, lo que viene áser un verdadero sor- 
tilegio Acto seguido, aderezan y condimentan la víctima 
cociendo también arroz, y después el baglan ofrece La 
comida con oraciones ai nuevo ídolo. El Anito consume 
invisiblemente la substancia de las ofrendas. Cuando e* 
baglan declara que el Anito acabó de comer, los con- 
currentes consumen las ofrendas en la creencia de que 
toman un alimento soso é insubstancial. 

Como se vé, hay un Anito ó alma invisible que se 
oculta en la piedra, y no es completamente exacto que 
los salvajes se inventen así como así sus dioses 



;¿35) 



XLII. 
Resumiendo 

Sin pretender fijar la suceso n cié las fases de la 
Religión, lo cual es expuesto á i-rrores, deducimos las 
siguientes conclusiones: 

i. Inconsciencia,— El hombre niño en su estado de 
infantil inconsciencia no se ocupaba en atribuir á un dios 
o á los dioses las causas de las maravillas y fenómenos 
del Universo, suponiendo que eran naturales ó espon* 
táñeos, 

2, Miedo á los fenc... ene* — r'er<< por indiferente 
que fuese, no dejaron de causaría chanto el estruendo 
ele ios truenos, el aspecto uuponcnu de los volcanes y 
de los mares en revolución, el ímpetu de los huracanes, 
la presencia de las fieras que destrozaban á los hombres 
que se ponían á su alcance y sobre todo, el espectáculo 
de una agonía y de la muerte de un deudo. Este pavor, 
este miedo á fuerzas misteriosas, superiores á las del hom- 
bre, fué la causa determinante ele la idea religiosa. Este 
miedo era instintivo, y aún no se podía llamar religión, 
porque todavía no acertaba [a relacionar aquellos fenó* 

(237) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



menos que temía con la existencia de dioses ó fuerzas 
animadas superiores á él. Aún no pensaba en almas ó 
espíritus. 

3. Anüismo. — Cuando se iba aclarando su razón, 
no pudo menos de herir hondamente sus sentimientos 
la muerte de sus seres queridos, ni de impresionar y 
hacerle cavilar su propia sombra y la aparición de su 
retrato en el espejo de las aguas. Relacionando ambos 
fenómenos con sus sueños y ciertos ruidos extraños, 
pensó en un semi- espíritu que sobrevive al hombre 
cuando se muere. Es el que los filipinos y malayos 
llaman anito, y los latinos ánima, de la misma raiz ani, 
(alma) El espíritu, esa fuerza imponderable que da vida 
al cuerpo, existe realmente como existen la electricidad 
y el éter, fuerzas igualmente imponderables, que sólo se 
manifiestan en sus efectos. El cuerpo recien muerto es 
enteramente igual que cuando vivía aún, y sin embargo, 
ya no vive, porque no tiene espíritu. Luego la existen- 
cia del agente llamado espíritu ó alma es tan real como 
la vida. Y el alma es inmortal, porque si es espíritu, 
no tiene cuerpo corruptible; y si es simplemente energía, 
como éter, gas, electricidad, psiquis, plasma ó lo que 
queráis, tampoco muere por la ley física de la conserva- 
ción de la energía ó de la substancia. Creo que la semilla 
humana, al salir de su padre, lleva ya su germen de alma, 
como que ya tiene vida y movimiento, vista con el micros- 
copio. Las almas, pues, que animan los nuevos seres, 
son retoños de las almas padres, como que conservan 
los genios desús padres, y á veces de sus madres. Es- 
tamos casi conformes con la Biblia, esto es, que el alma 
casi se puede identificar con la vida, si bien no cono- 
cemos su verdadera naturaleza. Sabemos que es una 
energía imponderable, pero no sabemos si es absoluta- 

(238) 



ISABELO DE LOS REYES/ 



mente espíritu, ni si el espíritu puede existir sin materia. 

4. Réencúrnación % Fetichismo y Antropomorfismo. 
E inquiriendo el hombre primitivo á dónde debía de ir 
este espíritu después de la muerte del cuerpo, pensó 
que los espíritus de los devorados por fieras, anfibios, 
cetáceos y aún por el rayo, reencarnarían en ellos; los 
de los ahogados permanecerían en las aguas como ani- 
tos ó genios; y los enterrados en casas, bosques y 
cuevas, seguirían en ellas como aoitos caseros, de bos- 
ques y de cuevas. Por lo tanto, el fetiquismo primitivo 
abraza, sin poder fijar sucesión de fases, la fenomenola- 
tría, la zoolatría, la fitolatría y otros cultos. La Religión 
nació de la deificación del '--hambre, y el Aatropomor* 
fismo fué su natural é inmediata manifestación. Las 
almas de los buenos irían á gozar á un Paraíso terrenal 
en la cumbre de los montes mas altos y retirados, y 
las de los malos reencarnarían en los animales para ver 
de mejorárselo quedarían haciendo daño á los vivos. A 
los sentimientos angelicales del hombre niño jamás pudo 
ocurrir la siniestra y absurda idea de infiernos después 
de la muerte. 

5. Dioses del espacio.— -Los fenómenos de espejismo 
que nos hacen ver hombres en el espacio, hicieron pen- 
sar en que esos espíritus pasan también á poblar el aire 
y se llaman katataw-an, sangkabaguí etc. en Filipinas, 
y entre los demls pueblos, Indra % dios del aire etc. Y 
como esos espejismos retratan panoramas complelos con 
sus plantas y animales, y además porque estos seres tie- 
nen asimismo sombras, se supuso que esos pasarían á 
ia otra vid^ y que ésta es parecida á la presente. 

6. Evemerismo ó Deificación de reyes.— -La Biblia l 
aplica indistintamente el nombre de Elokim á los dioses 
y á los- reyes ó jueces como se llamaban los primeros 

(239) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



gobernantes de las tribus de Israel Desde la remota 
antigüedad, Evhemero demostró que todos los dioses de 
los pueblos antiguos civilizados habían sido reyes, como 
ocurrió en Filipinas y en los pueblos inciviles. "Apenas 
cabe dudar — dice Hale en su Etnografía de los Estados 
Unidos— que las divinidades adoradas en los grupos me- 
ridionales de la Micronesia, no eran sino jefes deificados, 
cuya existencia se ha borrado de la memoria con el 
tiempo. 1 * Creo que hicieron á las almas de los reyes 
como reyes de almas, esto es, dioses. 

7. Gigantes y tocas. — Los restos de los gigantescos 
animales y árboles prehistóricos, hicieron pensar en la 
existencia de hombres gigantescos, suponiendo que eran 
suyas las que por mera coincidencia parecen huellas hu- 
manas impresas en ciertos montes y rocas (1). Entonces 
supusieron que nuestros antepasados eran gigantes, y 
que así pudieron construir la cúpula del cielo. 

8. Transmigración y Sabeismo.— Cuando los chinos, 
los indios, los auritas egipcios, los magos caldeos, y otros 
sacerdotes se habían ocupado en estudiar las estrellas y 
comprendido su verdadera importancia, se pensó en la 
transmigración de las almas extraordinarias á ellas, ha- 
ciendo subir por medio del arco-iris á modo de puente, 
las almas de sus reyes, legisladores y héroes. La pri- 
mera forma del Sabeismo nació de esta creencia de que 



(1) Antes de llegar á la impresión de esta página, llegué á Norzagaray 
(Bulakán) y pasando el barrio de Matiktik, encontré en medio del río en una 
roca saliente la supuesta huella de San Cristóbal. En efecto, es de dos tercios 
de vara de longitud y las huellas de los dedos son seis ó siete (no está- claro). 
El parecido es casual y no grande. Fui á verla por si fuese un vestigio de «la 
civilización casi grandiosa» prehistórica que Reclus dice haberse encontrado en 
la Oceanía {isla de Pascua, y acaso Marianas). No me ha parecido como tal 
vestigio prehistórico; pero tampoco es iuverosímil que algún ocioso picapedrero 
se haya entretenido en arreglarlo. ¿Quién sabe si los parecidos de estatuas que 
vi dentro de las cuevas de Sibul, lo fueron realmente? 



(240) 



ISABELO DE LOS REYES. 



los sacerdotes y reyes habían subido é identificadose con 
el Sol, la Luna, Sirio, la mas brillante estrella, y los 
planetas. Los espejismos habrán abierto el camino á 
esta suposición. 

9. El Arco iris, pues, que en la época, del primitivo 
antropomorfismo, no era mas que el cinturón ó taparra- 
bos (i) del mayor Anito deificado, en Persia se convirtió 
en el puente Chinevad entre el cielo y lá tierra, ó en una 
escalera celeste como creían Jacob, los germanos, y aúa 
dice un autor que hasta los malayos y polinesios. El arco » 
iris, pues, viene á ser el signo de la promesa de mejor 
vida á los buenos. Este es el origen racional del ab~ 
suido científico del arco iris como signo de alianza entre 
Dios y Noé, y decimos absurdo, porque como* antes de 
ese hecho, había habido lluvias, es imposible que no 
haya existido también antes el arco-iris, que es efecto 
de la refracción de los rayos solares en la lluvia. 

10. La Idolatría — Surgió desde el momento en que 
el hombre supo tallar toscamente las imágenes de sus 
dioses antropomórficos. Los ídolos de los pueblos pri- 
mitivos y de los monteses de hoy, tienen formas humanas. 

11. El Politeísmo ; — Nació desde la época del feti- 
chismo, como muchos eran los fallecidos, los seres y 
objetos en los que se creían aquellos reencarnarse. Se 
derivó otro politeísmo de la mezcla de los pueblos, y 
con fines políticos se reunieron en un solo panteón los 
dioses de los diversos pueblos aliados. 

12. Dioses malos y buenos. — Las razas pueriles no 
se ocupaban en hacer buenos a sus dioses; los creían 
como ellos con sus virtudes y defectos, esto es, con sus 
alternativas de bueno y malo. No distinguían á los dioses 



[1) Los melanesios, los de Nueva Zelanda y Dahomey lo adoraron también. 
(24*1) l6 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



stts cualidades; pero después, como entre los difun- 
tos había buenos y malos, amigos y enemigos, atribu- 
yeron sus desgracias á los malos ó á los enemigos, é 
imploraron la protección de los buenos contra ellos. Así 
surgió la división de los dioses en malos y buenos. 

13, Dualismo.— -La primitiva división de los d ? oses 
« buenos y malos fué adquiriendo nuevas formas: pri- 
aoero astronómicas y después metafísicas. 

Desde un principio el hombre sintió horror á la obs 
caridad por contratiempos imprevistos que debió de haber 
2£Contrado en ella, así como siempre experimentó alegría 
«on la aparición de la h\z, _ Adosó, pues, á la luz como 
<üosa bienhechora, ya en el sol, ya en el fuego, <4 su 
jgeágen"; y á la obscuridad como un dios maléfico. Aquí 
tenemos el dualismo en embrión que también tomó forma 
m la creencia de que el eclipse es la lucha entre' el Soj 
y la serpiente en forma de nube, representados en Or^ 
mtxzd y Ahriman, dioses de dos pueblos antagónicos, el 
Irán y el Turan; y se registra que casi todos los dioses 
^pse se creían malos ó demonios, eran los de los pueblos 
raemigos, y p ara éstos, vice versa (periodos parsi, hindú 
if chino). Este dualismo fué espiritualizado mas tarde 
por Zoroastro entre la lucha del bien y del mal, entre 
Dios y el Diablo. Cuando el hombre se iba moralizando, 
ü§> preferencia á los dioses buenos hasta que elevó á los 
oaeíos á ios buenos, y á los malos arrojó al Ondera, 
Amenti ó al imaginario Infierno. Y así como vá eleván- 
¡Ébse el concepto de Dios con el continuo progreso, y 
aáqj&iriendo cada vez mayor importancia, se va anu- 
!ssa«k> y negando ya la absurda existencia del diablo. 
ILsbs personas instruidas de Europa ya no creen que 
«iste* Los malos pensamientos, las malas inclinado 
y vicios, son exclusivamente nuestros: indignidades 

(242) 



ISABELO DE LOS REYES. 



ó groserías de la materia, pero esclusivamente nuestras y 
no de ningún diablo invisible. 

14. Trinidades. —Ciertamente no sabemos si fueron 
anteriores al Dualismo, ó si nacieron de éste. Según el 
Código de Manú, IX, 45, "el hombre completo se com- 
pone de él, de su mujer y de su hijo." Todos los dioses 
primitivos tenían sus respectivas esposas, y por consi- 
guiente hijo ó hijos. ¿De aquí habrá nacido la primitiva 
idea de la Trinidad? Así lo hemos visto en Osiris, Isis 
y Horus de Egipto; Belo, Semíramis y Niño de Babi- 
lonia (1); Brahma, Saravadi y Wishnu. Pero quizás 
también se formaron con la alianza de varios pueblos, 
uniendo sus respectivos dioses y relegando á segundo 
orden los de los pueblos menos influyentes. Así Brahma 
y Siva de la India empezaron por tener cinco cabezas, 
luego cuatro y por último sólo tres. 

15. Dios y los dioses. — Cuando la humanidad llegó 
con los progresos astronómicos de los chinos, caldeos y 
egipcios á conocer la [influencia universal del Sol sobre 
la tierra y todo el sistema planetario del que es centro, 
entonces se le adoró como el Dios Altísimo (el Elium 
de los fenicios) y á los planetas como sus ministros ó 
dioses secundarios (fenicios, caldeos etc.) 

16. Monoteísmo. — Y siguiendo la ley de la selección, 
acabó el Sol por quedarse sólo, cayéndose en la cuenta 
de que quien hizo tantas maravillas como encierra el 
Universo, pudo efectuarlo con sólo su omnipotente vo 



( ) Este aatropomorfismo se convirtió en la trinidad de ///«, la misteriosa 
fuente del Universo, cuyas tres manifestaciones eran: Anu, el caos original; Belo, 
la energía que transformó el caos, y Ao la sabiduría divina que presidió en todo 
(más tarde Espíritu Santos ó Verbo); así como el primitivo Trimurti de la India 
s< convirtió en Brahma creador, Siva destructor, y Wishnu conservador, e*to es, 
Dios crea, destruye y reedifica. 

(243) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



luntad ó "palabra, 1 ' sin necesidad de dioses secundarios, 
llamados elohitn, belos-planetas, anchaspands ó ángeles. 
"El gran Todo, como dice Voltaire, debía de tener un 
sólo Gran Espíritu." 

17. Dios Espíritu, — Progresando siempre la huma- 
nidad en las ciencias, descubrió que el Sol, con ser pro- 
digiosamente inmenso y la verdadera vida de cuantos 
seres le rodean, no era más que uno de los innumera- 
bles centros planetarios. Entonces entrevio la pasmosa 
inmensidad del Universo y la infinita grandeza de su 
Hacedor; entonces comprendió que, si bien todas las 
magníficas obras de Dios, participan de su inefable per- 
fección y hermosura, con todo, no hay ninguna de esas 
criaturas dignas de representarle por la imposibilidad de 
que cualquiera de las partes dé cabal idea del armonioso 
conjunto ó de su autor. Así el hombre llegó á figurarse 
que Dios es Espíritu, prohibiendo hacerle imágenes de 
ninguna criatura ó cosa que esté en el cielo, en la tierra 
ó dentro del agua (hxodo XX, 4). 

18. La Religión y la Moral, — Los que habían em- 
pezado siendo sencillos videntes, histéricos, alucinados ó 
embaucadores hechiceros y adivinos, se fueron perfec- 
cionando en sacerdotes astrónomos, médicos, filósofos y 
sociólogos y aprovecharon la fé de las gentes en sus 
oráculos para establecer reglas sociales y morales en 
nombre de Dios. Así como la Religión nació del miedo, 
lo aprovecharon los sacerdotes para moralizar las socie- 
dades. Cuando la Moral se asoció á la Religión, la 
elevó y contribuyó al monoteísmo, separando de los de- 
mis dioses y colocando al Dios ideal de bondad en la 
cúspide ., de los cielos; pero exageró inventando penas 
para la otra vida que antes "no se conocían/' según 
Grasserie. La Religión y la Moral se completan; la pri« 

(244) 



ISABELO DE LOS REYES 



mera presta la sanción divina á los preceptos de la Mo- 
ral, y la Religión se eleva á los ojos de los creyentes 
al aparecer como la Maestra de la más pura moral. Y 
como la Moral, la Religión empezó por lo sensible, si- 
guió por lo más racional y acabará por eliminar todo lo 
absurdo y antinatural, quedándose con el bien real y 
positivo. 

19. Dios no es invención de la fantasía. — Pero Dios 
no fué mera invención de la fantasía del hombre, sino 
una cosa la mas necesaria de cuanto podemos concebir, 
cuya existencia adivinó primero su instinto y luego con- 
firmaron sus observaciones, su madura razón y los pro- 
gresos de su admirable ciencia. Dios es tan real y 
patente, como real y patente está á nuestros ojos el 
Universo que es su obra. Sólo su omnipotencia y su 
sabiduría infinitas pudieron hacerlo, y solo su inefable y 
dulcísimo amor de Padre puede conservarlo. Los hom- 
bres de ciencia mas ateos llegan á conocer las segundas 
causas en sus estudios y análisis, pero saben y confiesan 
que hay otra primera causa incognoscible, que por no 
llamarla Dios, la designan con los nombres de "ciega 
Casualidad" ó "espontánea Naturaleza", como si la ca- 
sualidad con su reconocida ceguera, y un ser incoes- 
cíente como la Naturaleza, pudieran obrar tantas mará** 
villas como encierran los diversos seres y organismos, 
que evidencian la suprema sabiduría de su Creador, En 
esto retroceden á la tosca idea de las razas en estado 
primitivo ó salvaje, que todo lo atribuyen á la incons- 
ciente Naturaleza. Pero Dios existe, como necesariamente 
debe existir la primera causa, el agente y el conservador 
de cuanto hay, de cuanto se mueve, de toda vida y de 
toda muerte ó mejor dicho, cíe toda transformación. Es 
un Ser sobre toda ponderación. Su divina naturaleza 

(245) 



LA RELIGIÓN ANTIGUA 



es quizás inaccesible á la limitadísima inteligencia del 
hombre; pero la adivinamos; vemos patentemente su 
existencia, su poder y su sabiduría en sus portentosas 
obras, Escuchamos su santísima voz en el fondo de 
nuestra conciencia; experimentamos las dulzuras de su 
amorosa y diligente paternidad en la satisfacción provi- 
dencial de nuestras diarias necesidades, 

20, Dios y la Naturaleza.— Definamos antes, porque 
muchas veces lo que llaman Naturaleza los ateos, es el 
mismo que designamos con el nombre de Dios. La 
Naturaleza para unos, es el Supremo Agente impondera- 
ble (como el éter, la electricidad etc.) que dá vida y dirije 
á cuanto existe en el Universo, Bajo este cencepto, es 
el mismo que llamamos Dios, pues no nos fijamos en 
la insignificante diferencia de apreciación de si Dios es 
Espíritu ó de naturaleza como la de la electrkrdad ó 
gas (en realidad nadie lo sabe); sino en la existencia de 
un Ser inteligente y consciente, que todo lo dirije con 
maravillosa sabiduría. Esto es lo preciso; y lo que no 
aceptamos es que en la Naturaleza exista un agente es-- 
pontáneo é inconsciente. 

21. El Panteísmo,— Ahora, en la acepcón de la Na^ 
turaleza como Universo, ios patiteistas dicen que Dios es 
el Universo, Demuestra Büchner que no hay fuerza sin 
materia, ni materia sin fuerza. Asi, Dios, que es la Su-* 
prema Fuerza ó Energía no pudo existir sin materia 
sobre que accionar, De donde se sigue que Dios es 
coexistente con la Materia, siendo la Materia eterna como 
Dios, Corolario: Somos partes de la Divinidad: nuestro 
cuerpo es parte de la materia, y nuestro espíritu es parte 
dd gran Espíritu, Dios, Pero objetamos: Siendo Dios 
omnipotente, sabio, bueno, puro y santo, como lo vec 
mos en sus magníficas obras, debió de empezar por ha- 

(246) 



ISABELO DE LOS REYES. 



cerse perfectísimo á sí propio; más vemos que izeM 
nuestro espíritu, como toda materia existente en el U«^ 
verso, si bien son perfectibles, aún no son perfectos. Más. 
claro, ¿cómo podemos pretender ser partes de la Dig- 
nidad con todos nuestros grandes defectos, impútelas f 
á veces crímenes? ¿Se puede identificar la Divinidad co* 
un ser ú objeto repugnante? No. Luego, Dios no pueát 
ser el Universo. 

22, Agente, Verbo y Objeto. — Concretémonos; segux 
mi. humilde opinión, existe una Inteligencia incre&ds- 
que todo lo produce y dirije sabiamente, y esa Intóí- 
gencia es á la vez la Bondad Suprema á juzgar por s*x* 
providenciales é inagotables misericordias. Este Ser &&■ 
blime es lo que llamamos Dios, Y Naturaleza es la lev* 
de Dios impresa al Universo, Así existen: Dios, como 
Agente, la Naturaleza como Verbo ó Ley, y el Universa 
corno Objeto. 

23, La Religión .- — Siendo Dios un Ser inteligente 
y consciente, y siendo nosotros, sus criaturas, inteligcn^ 
tes y conscientes, lógico es suponer que El nos det; de 
inteligencia, de conciencia y de sentimientos, para nv*e 
con nuestra inteligencia le busquemos y le conozcamos 
en el único camino de la verdad que es la ciencia; p a- ro- 
que con nuestra conciencia obremos s'empre justarrc¿nrc~ 
siguiendo las santas leyes que ab natura imprimió- ílk. 
nuestro corazón; y para que con nuestros sentirme atas 
sepamos adorar y agradecer á nuestro Sublime Bienhe- 
chor, y amar á nuestros hermanos, las demás criatura 
En una palabra, Dios gusta de tener comunicación 
directa con nosotros intelectual, sentimental ó corcusa « 
mente; pero no con patrañas de engañosos intermedian 
rios. Ah! Es innegable que nuestra inteligencia y nues- 
tro corazón buscan instintivamente á nuestro amorosísimo- 

(24/) 



ISABELO DE LOS REYES. 



cerse perfectísimo á sí propio; más vemos que tasfo 
nuestro espíritu, como toda materia existente en el Uüí< 
verso, si bien son perfectibles, aún no son perfectos, lite. 
claro, ¿cómo podemos pretender ser partes de la IXm* 
nidad con todos nuestros grandes defectos, impurezas y 
á veces crímenes? ¿Se puede identificar la Divinidad e&s 
un ser ti objeto repugnante? No, Luego, Dios no puede 
ser el Universo. 

22, Agente, Verbo y Objeto, — Concretémonos: segtk 
mi humilde opinión, existe una Inteligencia increada 
que todo lo produce y dirije sabiamente, y esa lafcels 
gencia es á la vez la Bondad Suprema á juzgar por ism 
providenciales é inagotables misericordias. Este Ser Su- 
blime es lo que llamamos Dios, Y Naturaleza es la lejp 
de Dios impresa al Universo, Así existen: Dios como 
Agente, la Naturaleza como Verbo ó Ley, y el Universa 
como Objeto. 

23, La Religión.— Siendo Dios un Ser inteligente 
y consciente, y siendo nosotros, sus criaturas, intelígea-* 
tes y conscientes, lógico es suponer que El nos doto de 
inteligencia, de conciencia y de sentimientos, para, q&e 
con nuestra inteligencia le busquemos y le conozcamos 
en el único camino de la verdad que es la ciencia; pam 
que con nuestra conciencia obremos s'empre justaraeme,- 
siguieodo las santas leyes que ab natura imprimié cu 
nuestro corazón; y para que con nuestros sentirme atas 
sepamos adorar y agradecer á nuestro Sublime Bienhe- 
chor, y amar á nuestros hermanos, las demás criaturas*, 
En uoa palabra, Dios gusta de tener comunicación. 
directa con nosotros intelectual, sentimental ó cordial- 
mente; pero no con patrañas de engañosos intermedia^ 
rios. Ah! Es innegable que nuestra inteligencia y nif es- 
tro corazón buscan instintivamente á nuestro amorosísimo 

(24;) 



ISABELO DE LOS REYES, 



e! error. Si queremos que respeten nuestras creencias, 
empezamos demostrando nuestra exquisita educación en 
ei profimdo respeto á las ajenas, 



FIN 



(249) 



ÍNDICE. 



Págíaa* 

Anteportada. 

Portada. 

Prólogo I 

I. — La antigua Religión filipina está mezclada de 
Brahmanismo, de Budhismo y de Isla- 
mismo -.'... ic 

II. — Las primeras noticias , . 17 

III. — Un paréntesis . . . 23 

IV — ¿Badhala ó Meykapalf ........ 29 

V. — An'tismo 39 

VI. — Paraiso 4 l 

VII — No es filipina la idea del Infierno .... 4$ 

VIII. — Sacerdotes y sacerdotisas ..*.<. 47 

IX. Ceremonias 5* 

X — ¿Cuáles son las creencias religiosas de los 

negritos 5S 

XI — Teogonia de los igórots 59 

XII. — Religión de los itnegs (tinguianes) .... 79 

XIII. — Religión de los ilocanos 87 

XIV — Religión de los kagayanes 107 

XV. — Religión de los pangasinanes, zambales y 

pampangos 109 

XVI. — Religión de los tagaíogs HJ 



Páginas 

XVIL— Religión de los bíkoles i2i 

XVIII. — Religión de los bisayás . . . . , . . 125 

XIX. — Dioses de la Paragua 133 

XX.— Deidades de Mindanaw 135 

XXI. — Semejanzas del anitismo . , 141 

XXII.— Aplicación del estudio de nuestra Mitología, 145 
XXIII. — La mitología filipina nos descubre el ori- 
gen de los diversos cultos, cosa que no 
acertaron á encontrar los sabios por falta 

de informes exactos 153 

XXIV. — Culto del fuego en los rayos, volcanes é 

incendios • " 159 

XXV— El culto del Sol 163 

XX VI.— El vien'o . . , 167 

XXVII.— Zoolatría ... 169 

XXVIII.— Culto de los reptiles 171 

XXIX.— Piscilatría 178 

XXX.— Avilatría 175 

XXXI.— Fitolatría ó culto de los árboles ... 177 

XXXII. — Talismanes, amuletos, etc 181 

XXXIII — Culto de las fuentes, ríos, lagos, pozos 

y mares 185 

XXXIV. — El culto de las piedras y montañas. . 187 

XXXV.— El culto de los gigaites 191 

XXXVI.— Ofrendas y sacrificios 193 

XXX VIL— Sacerdotes 197 

XXXVIIL— Templos, oraciones, símbolos, danzas 

religiosas y mitos . , 201 

XXXIX.— Ascetismo, mutilaciones, ayunos.— Pacto 

entre Dios y el hombre 205 

XL. — La Moral en la Religión 209 

XLI. — Utilidad de esta clase de estudios.— Opinio- 
nes anteriores . . 211 

XLIL— Resumiendo . f . . 237 



índice de fotograbados. 

Páginas 



Anito de oro 4 

Escultura de Igorot: ¿Es Lumawigf .... 16 

Escultura de Igorots: ¿Es Kabigat? .... 50 

Escultura de Igorot: ¿Es Banganf 78 

Escultura de Igorot: ¿Es Dúgayf 106 

.Escultura de Igorot: ¿Es Masiken? . . . , 144 



ADVERTENCIAS Y ERRATAS. 



En el Prólogo afirmo que no he conocido á los igorots; 
pero estando en prensa este folleto, llegué á conocerlos, 
como lo veis en la pág. 6j y siguientes. 

Lo dicho en la pág, ji se rectifica en vista de un 
antiquísimo manuscrito en la pág, I2p, ijo y iji. 

El cap. Vil tiene su complemento en la pág. 127. 



Pág, 


Dice 

Gacires 
efectos 
sanguinidad 
Lokha 


Debe decir 


13 

18 

31 
35 


Gacizes 
gestos 

consaguinidad 
Likha 


41 


cercanías 


cercanías; 


43 

45 


parar 

debe ser verda 
dero infierno 


pasar 

no debe ser verda 
dero infierno. 


l l 


anto 


santo 


163 
169 
195 


eros¡ 

y que aquellos 
nuestra 


primeros 
y aquellos 
muestra 


207 


otras 


otras cosas 



Se acabó de imprimir esta obra 
en los talleres de EL RE- 
NACIMIENTO el 19 
de Noviembre de 
1909. 



To renew the charge, book musf be broughf to fhe desk. 

TWO WEEK BOOK 
DO NOT RETURN BOOKS ON SUNDAY 

DATE DUE 



456 



9 



Form 7070 8-55 30M S 



UNIVERS1TY OF MICHIGAN 

3 9015 054491512